Christopher Nolan se ha rodeado de un elenco artístico de primera fila para poner cara y dar credibilidad a todo este universo onírico que ha concebido. Una historia que te obliga a mantenerte despierto para transportarte hasta lo más profundo de los sueños, diferentes niveles en los que el tiempo avanza de manera diversa y la arquitectura no es más que una construcción prefabricada. El objetivo: introducir una idea en una mente ajena.Puede parecer complicado pero Nolan repite la sintaxis de la trama hasta la saciedad, no da un paso en falso, nadie puede perderse en Origen. Esta es la principal baza y a la vez es la carencia más evidente y cínica de la película, plantearnos un guión original en el que la acción está más que servida sin dejarnos ni apenas hueco a la locura, a la irracionalidad de lo onírico. Porque en definitiva Nolan sabía que su película sería el blockbuster del verano y un exceso de libertinaje hubiera dañado la recaudación en taquilla. Demasiados complejos para una película de tonos grises en la que se abusa, sobre todo, de una banda sonora efectista.
Lo positivo, Origen cumple sus propósitos comerciales y ofrece además el cine de calidad y un final abierto a gusto de todos. El dinamismo es absoluto y la tensión suministrada en una dosis adecuada por Leonardo Dicaprio, más que notable en la cinta, consolidándose dentro del thriller como uno de los actores más dotados para ello (Infiltrados, Shutter Island o Diamante de sangre así lo demuestran), pero quedando su registro limitado dentro de otros géneros como el drama o la comedia, en los que no consigue estar a la altura. Maravillosa Marion Cotillard, que ha conseguido un total dominio de su cuerpo, horrible la voz de la actriz de doblaje (lo siento, tenía que decirlo). Y un elenco interpretativo que no defrauda: Ellen Page es el contrapunto de inteligencia y racionalidad, Joseph Gordon Lewitt ha depurado su actuación hasta hacerla creíble, y lo mismo ocurre con Ken Watanabe, Tom Hardy, Michael Caine o Cillian Murphy.
Origen son 140 minutos de cine en estado puro en los que el propio espectador activo forma parte del guión, retroalimentándolo y dándole de manera individualizada un sentido completo. Le doy cuatro estrellas, que es un poco más de lo que merece, por su grandiosidad visual sin necesidad del 3D.









Una de las grandes damas de la interpretación, tal y como demostró en 



Lo cierto es que el argumento no es muy original. A Gala no le ha importado que el lector intuyese desde el principio el desenlace de los hechos, sino que se ha centrado en todo el mundo interior del personaje femenino.














