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domingo, 26 de enero de 2020

Premios Goya 2020 | Toda la gloria para Pedro Almodóvar


- La obra maestra Dolor y gloria gana siete premios Goya, incluyendo los más importantes: Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Guion Original. Almodóvar demostró su capacidad para evocar imágenes y emociones en sus discursos, al recordar el río de su infancia, presente en su película más personal. "Me daba miedo sentirme tan expuesto", dijo. Y recordó también que "el cine independiente necesita la protección del Estado porque ese va a ser nuestro futuro"

- Antonio Banderas se impone como mejor Actor Protagonista, su primer Goya en competición (recibió el Goya de Honor en 2015). Con su emocionante y sincero discurso logró conmover al mismísimo Almodóvar. 

- Belén Cuesta, probablemente una de las actrices más talentosas de su generación, se hace con el Goya a la Mejor Actriz Protagonista en la que era su tercera nominación. 



- El público ovacionó a Julieta Serrano, quien, tras 70 años de carrera, logró su primer cabezón por su interpretación en Dolor y gloria




- Mientras dure la guerra se alza con cinco galardones, incluyendo el de Mejor Actor de Reparto para el siempre magistral Eduard Fernández.

- Belén Funes, tercera mujer consecutiva en ganar el premio a la Mejor Dirección Novel. Benedicta Sánchez y Enric Auquer, mejores actores revelación.

- Mi quiniela, 20 aciertos de 25.




Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria

miércoles, 22 de enero de 2020

Crítica | Mientras dure la guerra, de Alejandro Amenábar


(Nominada a 17 Premios Goya, incluyendo Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Actor Protagonista)

Después del fiasco que supuso Regresión, quien fuera el niño mimado del cine español regresa con lo que mejor sabe hacer: contar historias en las que prima la emoción, con una impecable dirección de actores y una brillante dirección artística. 

Mientras dure la guerra se centra en el ocaso de Ramón del Valle Inclán, uno de los grandes escritores españoles del siglo XX, que apoyó, en un primer momento, el Golpe de Estado que derivaría en una Guerra Civil y en una cruenta dictadura por cuarenta años.

Amenábar está interesado en mostrar la evolución de las posturas de Valle Inclán, desencantado de la II República, pero asustado ante el cariz sangriento y fascista que tomaron los acontecimientos, se arrepiente. Valle Inclán que murió ese horrible 1936 sin los honores que su figura merecía, rechazado por unos y otros.

Lo mejor de la película es sin duda la magistral interpretación de Karra Elejalde, nominado al Goya, y probablemente ganador si no fuera por un Antonio Banderas en estado de gracia. Elejalde logra meterse en la piel y en la mente del célebre escritor con un saber hacer al alcance de muy pocos actores. Alrededor de él, un elenco digno igualmente de todos los elogios, especialmente Eduard Fernández. 

Amenabar se la jugó, llevando al límite a todos los personajes, al borde del histrionismo y la caricatura, pero finalmente salió victorioso y la película no pierde nunca ese halo de verdad que era necesario para conectar con el espectador. 

Mientras dure la guerra es una película muy bien calibrada, entretenida, hermosa y triste, que pone de manifiesto que hay heridas en España que nunca sanaron bien, que los brutos y los burdos se aprovecharon de la ignorancia, tal y como está ocurriendo actualmente, y que ante la barbarie y la desgracia lo único a lo que agarrarse es a un grito vacío de sentido, carente de significado si no se respeta al ser humano, sus libertades, sus derechos y su vida. El grito de Millán-Astray en el paraninfo de la Universidad de Salamanca: "¡Ejpaña!".

Ante eso, solo queda la sensatez y la inteligencia: Venceréis, pero no convenceréis. 


Otras películas de Alejandro Amenábar en CAJÓN DE HISTORIAS:


Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria

lunes, 28 de enero de 2019

Críticas Urgentes | Películas nominadas a los Goya

El reino, de Rodrigo Sorogoyen (4****)
(13 nominaciones, incluyendo Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Actor Protagonista)

Sorogoyen se consolida como uno de los mejores directores de España gracias a su cuarto largometraje: un thriller político protagonizado por un Antonio de la Torre en estado de gracia. Sorogoyen inicia la película desconcertando al espectador, para después metérselo en su bolsillo y avanzar en una huida hacia adelante trepidante y suicida. La película es valiente, incómoda y, lamentablemente, necesaria. Un retrato demasiado certero de la corrupción en España. 

Campeones, de Javier Fesser (4****)
(11 nominaciones, incluyendo Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Actor Protagonista)

Fue la película de la temporada en España, un rotundo éxito en taquilla (ha recaudado más de 4 veces su presupuesto). Y es comprensible: está rodada con la mano maestra de Fesser, el ritmo es perfecto, Javier Gutiérrez todo lo hace bien, y además visibiliza las discapacidades intelectuales con suficiente inteligencia emocional para no caer en clichés ni estereotipos. Campeones es una película limpia que deja una sonrisa al espectador, la lágrima colgando y la felicidad a punto. Y eso merece todos los elogios y todos los premios. 

Todos los saben, de Asghar Farhadi (3***)
(8 nominaciones, incluyendo Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Actriz y Actor Protagonistas)

Curiosamente, Todos lo saben, del iraní Asghar Farhadi, que fue protagonista del mes en CAJÓN DE HISTORIAS, es el contrapunto a Campeones. Si aquella es limpia y blanca, esta película es sucia y negra, poco digerible y pesada. Farhadi es capaz de implicar en la trama al espectador, que busca en cada detalle, que quiere resolver el secuestro antes que los protagonistas. Eso no hace más que poner de manifiesto su buen hacer y su estupenda dirección de actores: en esta película coral, vertebrada por una Penélope Cruz rota, todas las interpretaciones son magistrales y eso todos lo saben. 

Carmen y Lola, de Arantxa Echevarría (3***)
(8 nominaciones, incluyendo Mejor Película y Mejor Dirección Novel)

Es la película revelación del año. Un claro ejemplo del cine social, dramático, que España se ha empeñado en hacer durante décadas y que sabe hacerlo bien, aunque definitivamente no es lo que más conecta con un espectador masivo. Carmen y Lola habla de algo que nadie hasta ahora se había atrevido a hacer: la homosexualidad entre dos mujeres gitanas. Bravo por ella, porque si el tema es tabú, abordarlo desde una mirada femenina, con protagonistas mujeres, todavía es más arriesgado y admirable. La película tiene un aire de documental que le otorga más verdad y las actrices, especialmente Zaira Morales, están maravillosas. 


Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria

sábado, 28 de enero de 2017

Críticas Urgentes | Películas nominadas a los Goya

El hombre de las mil caras, de Alberto Rodríguez (4****) 11 nominaciones a los Goya, incluyendo Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Actor Protagonista (Eduard Fernández).
Alberto Rodríguez, uno de los mejores directores españoles del momento (lo demostró con creces en La isla mínima), vuelve a hacer gala de su buen hacer y su mano maestra para el trhiller en esta película que nos cuenta la historia de Paesa y Roldán en  uno de los más sonados casos de corrupción de la España de los años noventa. Protagonizada magistralmente por Eduard Fernández, el elenco lo completan José Coronado, Carlos Santos y Marta Etura. La película va subiendo en intensidad poco a poco, siempre manteniendo atento al espectador, que va quedándose boquiabierto ante tanta complejidad y tanta desfachatez (reconozco que en un momento de la película exclamé en voz alta: "¡qué hijo de puta!"). Rodríguez se arriesga al revestir de humanidad a un grupo de delincuentes, pero la jugada le sale bien. Cine español de (mucha) calidad. 

Un monstruo viene a verme, de J.A. Bayona (1*) 12 nominaciones a los Goya, incluyendo Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Actriz de Reparto (Sigourney Weaver).
Bayona me ha aburrido con su nueva propuesta cinematográfica hasta el sopor. La película es lenta a más no poder, lenta de cojones, mecánica, erráticamente melodramática, moralista, narrativamente simplona y muuuuy previsible. Los intérpretes están muy bien (especialmente Sigourney Weaver y Felicity Jones) y visualmente es una película potente. Pero aburrida hasta decir basta. Un derroche de dinero mal invertido que no es cine español ni es nada más que un telefilme de Antena 3 muy útil para echarse una buena siesta. Fiasco. 

Kiki, el amor se hace, de Paco León (3***) 4 nominaciones a los Goya, incluyendo Mejor Actriz de Reparto (Candela Peña) y Mejor Actriz Revelación (Belén Cuesta).
Gracias Paco León por hacerme reír, por comedias tan luminosas como esta. En Kiki, el amor se hace nos cuenta varias filias sexuales desde el humor, y León es capaz de imprimir su estilo y su sello, cada vez más característico, más depurado y más inteligente. Y, por encima de todo, con una brillantez para dirigir a intérpretes: Belén Cuesta, Candela Peña, Ana Katz y Natalia de Molina están especialmente maravillosas y divertidas (y con algunas escenas que me provocaron una carcajada limpia). Y la sensación tras el visionado es tan agradable que dan ganas de ponerse a practicar y a explorar y a explorarse. 

Elle, de Paul Verhoeven (3***) Nominada al Goya como Mejor Película Europea.
La película empieza con una secuencia de una violación, muy cruda. Y de ahí, cómo la protagonista decide tomar la justicia por su mano y a su manera. Pero además es un retrato satírico (e incluso con pizcas cómicas) de las familias disfuncionales y de la nueva burguesía del siglo XXI. Es una película muy turbadora, con una interpretación de Isabelle Huppert brutal e inmensa, ella es lo mejor, sin duda, de Elle: el motor y el todo. La película te deja una sensación de suciedad en el cuerpo que no se va durante días. 

Otras películas nominadas al Goya reseñadas en CAJÓN DE HISTORIAS:

Julieta, de Pedro Almodóvar (4****). 7 nominaciones a los Goya, incluyendo Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Actriz Protagonista (Emma Suárez).
Aunque ya publiqué mi opinión sobre Julieta en julio de 2016, en la propia reseña mencionaba que necesitaba un segundo visionado, que llegó unos meses después. Tras él, pude entender mucho mejor el mensaje de Almodóvar, el peso del remordimiento que tiene tanta importancia en esta película, tan brutal y tan grande, y contado de una manera tan íntima y maravillosa como únicamente el maestro Almodóvar podría hacerlo. Y una frase grabada a fuego sobre la piel: "Tu ausencia llena mi vida por completo y la destruye". 


Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria

domingo, 24 de enero de 2016

Crítica | Truman, de Cesc Gay


Truman es una película bonita y triste, de las que hacen sonreír y, seguramente, también llorar.

Es la historia de un hombre enfermo que ha decidido dejar de luchar (Ricardo Darín) y recibe la visita de un amigo (Javier Cámara).

El director Cesc Gay maneja con soltura los mecanismos para evitar hacer de esta película un melodrama, de tal manera que los sentimientos están calibrados con mano maestra, y para ello se apoya en dos grandes interpretaciones: la de un Javier Cámara efectivo como siempre y la de un Ricardo Darín demostrando versatilidad y tablas. 

Ambos tienen muchas, muchas opciones de ganar el Premio Goya. Un Goya que sería el segundo para Cámara y el primero para Darín en la que es su cuarta nominación. Algo que, de ocurrir, no haría más que evidenciar el cariño de la cinematografía española por el actor argentino, vinculado a nuestro cine desde hace ya muchos años. Digno, Ricardo Darín, del galardón.

Tras ellos, todo un desfile de pequeños personajes y grandes actores, como Eduard Fernández, Elvira Mínguez, Javier Gutiérrez y Susi Sánchez. Mención especial para Dolores Fonzi, quien 

Truman es un viaje de cuatro días juntos a modo de despedida para celebrar la amistad y, por paradójico que resulte, para celebrar la vida. Una película tierna, entre la risa leve y el llanto contenido que se disfruta y se guarda con cariño. Una pequeña delicia. 



Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria

viernes, 23 de enero de 2015

Crítica | Marsella, de Belén Macías


El segundo largometraje de Belén Macías es una road movie de corte social. Protagonizado por una madre que se reencuentra con su hija biológica después de varios años alejada de ella (debido a problemas con el alcohol) y ambas van en busca del padre de la pequeña. Durante el camino, entrará en acción la madre de acogida de la niña y un par de camioneros con los que tendrán una serie de altercados.

Marsella es un drama entretenido, que va introduciendo demasiados elementos en la trama (narcotráfico, familias desestructuradas, lucha de clases) pero cuyo resultado no es limpio ni sorprendente en ningún caso: más bien es como una amalgama de temas que, en vez de dinamizar la película, entorpecen el ritmo. 

Lo mejor, sin duda, es la capacidad de Belén Macías para la dirección de actores

María León es una fuerza de la naturaleza, está soberbia. Logra que el espectador la quiera, incluso a sabiendas de que no se comportó como una madre ejemplar. Pero el amor por su hija trasciende la pantalla, es real, es capaz de hacer vibrar al espectador. María León (¡qué merecida es su tercera nonimación al Goya por este papel!) es capaz de dotar de una naturalidad a un personaje complejo, cargado de matices. Es lo mejor, sin duda y con diferencia, de esta película. Y por ella merece las tres estrellas que le doy. Y por ella merece la pena verla. 

Junto a ella, Goya Toledo, en un papel que le viene como anillo al dedo: mujer estilosa, que mantiene las formas en todo momento (o casi), que está herida por dentro. Está correcta (su nominación al Goya es un pelín excesiva) pero sigue sin convencerme del todo esta actriz. Y del lado masculino, Eduard Fernández y Alex Monner, también más que correctos en sus papeles, y ellos sí, hagan lo que hagan son grandes. También hace un gran papel la niña, Noa Fontanals. 

Marsella representa un cine español desfasado, una trama carente de interés, un tufillo a drama social callejero que me recuerda al cine español de los 90, recubierto de un pesimismo, de un derrotismo que no aporta nada nuevo. Con todo, se deja ver, entretiene, gusta, se disfruta con sus intérpretes. E incluso (casi) emociona. 



Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria

viernes, 26 de septiembre de 2014

CRÍTICA | EL NIÑO, de Daniel Monzón


Daniel Monzón regresa con El niño, su quinto largometraje, para confirmar algo que ya había dejado claro con Celda 211: es uno de los mejores directores de España. Libre de ataduras y de clichés, con la mente abierta y la mirada atenta a todo lo que puede hacerse dentro de nuestra cinematografía, sin perder la identidad que nos define culturalmente, pero siempre con la intención de hacer algo grande.

En El Niño, Monzón firma un thriller de acción en el que la producción es brutal e impecable y en el que rodearse de actores sobresalientes potencia el resultado: de Luis Tosar, que es (con permiso de Bardem) probablemente el mejor actor patrio, y de Sergi López y Eduard Fernández, de los que poco hay que añadir ya. En cuanto a los más jóvenes, también están a la altura: Jesús Carroza, que ganó el Goya por 7 vírgenes, pone el punto cómico y de descarga a una película en la que la tensión aumenta constantemente, y Jesús Castro, el protagonista, el niño, consigue superar el reto psicológico de un personaje que ha de mantenerse firme e imperturbable en todo momento más allá de las aptitudes físicas que saltan a la vista. Su mirada sólida merece elogios, incluso si puede ganar mucho en matices aún. ¿Goya al mejor actor revelación en 2015? Apuesto que sí. Algo más descolgado queda el personaje secundario de Bárbara Lennie.

El guión está bien construido, tanto por la historia que cuenta como por los ritmos y el calado que da a los personajes. Sin embargo, cae en algunos tópicos que eran de esperar, probablemente derivados de una intencionalidad comercial: la historia de amor totalmente innecesaria, el compañero que parece malo que luego seguro que no lo es tanto, el amigo gracioso. Es curioso (y negativo) como se equilibra durante casi toda la película el posicionamiento respecto a los personajes para al final poner (intentarlo al menos) al espectador del lado de los "infractores de la ley". Es decir, no deja de haber moralina en el tratamiento sobre el bien y el mal, y eso podría haberse evitado.

El niño es una muy buena película de acción, con algunas secuencias magistrales (me quedo con aquella en la que el helicóptero persigue a la lancha, muy intensa) y unas interpretaciones magníficas, pero a la que le falta algo de la suciedad que poseía Celda 211, que hicieron de Celda 211 una de las mejores películas del cine español. Esta, aunque es buena, no pasará a la Historia de nuestro cine.

Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria


viernes, 15 de junio de 2012

MIEL DE NARANJAS, de Imanol Uribe


Uno de los directores más consolidados del panorama cinematográfico español vuelve a las salas comerciales con Miel de naranjas, que le valió el premio a la Mejor Dirección en el último Festival de Málaga, así como el de Mejor Guión novel para Remedios Crespo. Y es precisamente el guión lo que eleva una película entretenida pero encorsetada, que busca desesperadamente alejarse de la etiqueta "Otra película sobre la Guerra/Postguerra Civil española" y que en el intento parece que Uribe se ha olvidado tanto de los espectadores que apenas queda sentimiento, y lo que hay resulta impostado. 

La película nos lleva de viaje hasta la Andalucía de los años 50. Enrique y Carmen son una pareja que vive bajo la influencia del coronel Don Eladio. Uno trabaja para él, la otra es su sobrina. Y ambos vivirán en una casa que él les regala. Pero Enrique decide unirse a la lucha urbana clandestina que pretendía acabar con el franquismo y eso, sin duda, cambiará su vida y la de los que le rodean. Uribe se desenvuelve bien en el thriller, de eso no cabe duda. Y la película mantiene al espectador atento de principio a fin.

No negaré la profesionalidad del director, la impecabilidad de su factura, su buena dirección de actores que hacen de Miel de naranjas una película de innegable calidad artística, que merece la pena ver. Uribe se ha rodeado de alguno de los mejores interpretes de nuestro cine, y eso se nota: desde un Karra Elejalde en el mejor papel de la película y que merece estar nominado al Goya, hasta una Nora Navas efectiva en su pequeño papel. El protagonismo, eso sí, lo tienen dos jóvenes: Blanca Suárez, que tiene mucho potencial pero a la que todavía le falta un grado de madurez para estar totalmente convincente; e Iban Garate, al que le pasa exactamente lo mismo. Ambos tienen papeles complejos y que solventan bien, pero tengo la impresión que tienen aptitudes para hacerlo mejor, y esto, por supuesto, es sólo una impresión.  También encontramos en el reparto a Carlos Santos, que cada vez me gusta más como actor, Eduard Fernández, del que poco hace falta decir, pues sus tablas interpretativas son bien conocidas por los seguidores del cine español o Ángela Molina en un papel pequeño, pero deslumbrante y que da sentido a la película. 

Lo que me ha llamado la atención es la falta de unidad en los acentos, cada uno de su padre y de su madre, apenas suena a andaluz y los que suenan ligeramente al sur no lo hacen al de Cádiz. No es una crítica negativa, simplemente un apunte. 

Lo que sí hay que reconocer el que Uribe se ha esforzado por que la estética no sea gris. De hecho, plásticamente esta bañada de una luz y de un color que se alejan del gris propio de las películas de esta temática, que no son pocas. En definitiva, una película entretenida, bien dirigida, bien rematada, con unos grandes actores, pero que deja tan poco poso que al salir del cine corres el riesgo de haberte olvidado ya de ella. 

sábado, 29 de enero de 2011

PA NEGRE (PAN NEGRO), de Agustí Villaronga


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Con Pa negre completo los visionados de las cuatro nominadas a Mejor Película en la XXV de los Premios Goya: Balada triste de trompeta, Buried (Enterrado), También la lluvia y la presente, Pa negre (Pan negro). He de decir que las cuatro son buenas películas y que en los próximos días publicaré mi quiniela definitiva.

Pa negre es una película compleja, que te va carcomiendo poco a poco hasta destrozarte, bella y cuidada, y con un guión absolutamente certero y penetrador, y la dirección minuciosa de Agustín Villaronga.

Pa negre comienza cuando un niño presencia un asesinato, con un espectador desconcertado que no sabe realmente qué está pasando, y juntos, espectador y niño, descubrirán los motivos, los asuntos turbios y descubrirán también cómo se despierta la conciencia y cómo se despiertan las ideas.

Pa negre se apoya en sus frases demoledoras, en su estética clásica pero narrada con un pulso absolutamente contemporáneo, con su sabor a posguerra agria pero sin ser simplemente “otra película más sobre la posguerra”. Y se apoya, sobre todo, en sus interpretaciones: desde Nora Navas, que se va creciendo poco a poco hasta llegar a una inmesidad que bien le valió la Concha de Plata en el Festival de San Sebastián y le reportará su primer premio Goya, hasta el niño, Francesc Colomer, que tiene la mayor parte del peso del film y lo solventa más que dignamente. Y el padre, Roger Casamajor, veraz; la niña Marina Comas, ¡qué fuerza!; Laia Marull, un papel breve pero indispensable para el desarrollo y lleno de fuerza y locura; Sergi López y Eduard Fernández, dos actores consagradísimos que demuestran sus tablas y su buen hacer hagan lo que hagan, aunque lo que suelen hacer no es tampoco mi debilidad, todo sea dicho. En definitiva, un plantel de actores maravilloso, con una fuerza que desborda la pantalla y llena el espacio e inunda el aire.

Pa negre gusta desde el principio, pero es sobre todo a partir de un momento determinado, cuando acuden a la cárcel madre e hijo para ver al padre, cuando comienzas a comprender y cuando se despiertan los monstruos y las lástimas. Muy buena película, de las que dejan poso y te hacen pensar después de verla, pensar sobre lo que estaríamos dispuestos a hacer, quizá, por amor, quizá también, por dignidad, quizá por respeto hacia aquello en lo que creemos. Te hace pensar, asimismo, sobre las raíces, sobre lo que te une a tu sangre, lo que te aferra y te estrecha. Sin duda, merece la pena verla. 

martes, 7 de diciembre de 2010

BIUTIFUL, de Alejandro González Iñárritu


Biutiful es Javier Bardem. Biutiful es Alejandro González Iñárritu. Biutiful es tristeza, es sordidez, es belleza.

La cuarta película del mexicano sigue la estela de sus anteriores películas, tejiendo una historia a fuego lento en el que las emociones brotan poco a poco, en el que todo va tomando sentido hasta un final desgarrador en el que el espectador no puede más que derrumbarse.

Iñarritu cuenta la historia de Uxbal, padre de dos niños, separado, que vive en Barcelona y sobrevive ayudando y trapicheando con mafias de inmigrantes irregulares. Uxbal tiene un don. Uxbal tiene, también, un cáncer de próstata. No diré mucho más, pero de todas maneras, lo importante en el cine de Iñárritu es la forma que tiene de contar las cosas, y en Biutiful todo es tan crudo que en más de un plano tuve que apartar la mirada.

Uno de los dramas más tristes que recuerdo haber visto, no un melodrama barato, sino que todo aquí encuentra una justificación, en el que todo es cine con mayúsculas y arte. Javier Bardem vuelve a regalar a la Historia del cine una de las interpretaciones más impactantes que se recuerden, lo que no hace más que confirmar lo que ya sabía: es el mejor actor español de todos los tiempos, y uno de los mejores del mundo. Todo en esta película gira en torno a él y borda un papel extremadamente complejo, lleno de dureza y lleno de humanidad y lleno de amor por sus dos hijos. Biutiful es la historia de un padre, de un hijo, de un marido que ama a pesar del dolor de un amor dañino y destructor.

También los secundarios contribuyen a ensalzar el personaje de Uxbal: la mujer inestable, tan frágil e histriónica que parece a punto de explosionar en cualquier instante, que pasa del llanto a la risa y al llanto de nuevo, a los silencios y a los gritos en menos de un minuto. Ella, esa mujer, es interpretada por la actriz Maricel Álvarez, que merece la nominación al Goya. También el pequeño papel de Ana Wagener, cargado de intensidad. E incluso las lúcidas interpretaciones de Rubén Ochandiano y Eduard Fernández sirven para engrandecer a Javier Bardem, que ganará el Goya al Mejor Actor y merece, una vez más, estar nominado al Oscar. Por sus miradas, por su voz, por su manera de moverse, por sus lágrimas.

Y hablando del Oscar, Biutiful intentará competir por el Oscar a la Mejor película de Habla no inglesa representando a México. Sin embargo, tanto en el fondo como en la forma, es una película española. Por Bardem, por Barcelona y porque la historia que cuenta forma parte de la realidad de España, no de México. Algo parecido pasó con El laberinto del fauno, que también representó a México cuando de mexicana no tenía nada más que el director. Pienso que el cine es universal, que una buena película lo es sin importar su nacionalidad, pero son los académicos quienes exigen una nacionalidad, una etiqueta, y en este caso se confunden: Bitufiul es, reitero, española y así debería ser reconocida internacionalmente.

Mavillosa la música de Gustavo Santaolalla. Maravillosa la fotografía de Rodrigo Prieto. En Biutiful la inestabilidad emocional, la inestabilidad de la cámara, va creando un agujero en el alma, y hace cada vez más pequeño a los espectadores.

No es una obra maestra, aunque se aproxima a serlo, de ahí las más que merecidas cuatro estrellas, rozando las cinco, que le doy. No lo es por un metraje excesivamente largo y por alguna secuencia que rompe el ritmo. Pero merece muchísimo la pena verla, a pesar de la dureza, a pesar de la tristeza. Merece la pena verla por la narrativa cinematográfica impactante, en el estricto sentido de la palabra. Merece la pena verla, sobre todo, por el bello mensaje de amor paternal. Grandísimo Iñarritu, grandísimo Bardem.

martes, 4 de mayo de 2010

EL MÉTODO, de Marcelo Piñeyro

Tenía especial curiosidad por ver esta película española porque desde hace unas semanas estoy asistiendo a los ensayos del montaje teatral de esta obra que está preparando el director Valentín Nieves. Sabía que había diferencias entre la película y la obra de teatro, pero jamás hubiera pensado que eran tan sustanciales... Me quedo con la obra de teatro.

Pero hoy hablaré de la película. Siete aspirantes a un puesto de ejecutivo se presentan a la última entrevista. Para conseguir el empleo tendrán que hacer una serie de pruebas, dinámicas de grupo y tomar una serie de decisiones que nada tienen que ver (aparentemente) con el trabajo al que aspiran. Esto es el Método Gronhölm.

La primera parte de la película me ha parecido mucho más dinámica e interesante, creo que es la más fiel a la obra. La segunda parte se centra más en la intimidad de los propios personajes, alejándose de la esencia del método.

Diré que entre los ocho intérpretes de la película suman 23 nominaciones a los Premios Goya en categorías interpretativas. Y que Carmelo Gómez, el que menos relevancia y minutos tiene, se llevó precisamente el cabezón a casa como Mejor actor de reparto por esta película, un poco excesivo me parece. Adriana Ozores demuestra sus tablas, igual que Eduard Fernández, y lo cierto es que Eduardo Noriega y Nawja Nimri están a la altura de las circunstacias. En general, debo decir que los ocho están bastante resueltos y que ellos hacen la película más interesante, porque el enfoque que quiso darle Marcelo Piñeyro me parece erróneo y tramposo para el espectador.

La que podría haber sido una de las mejores películas españolas de los últimos tiempos se convierte sin embargo en una cinta que pasó sin demasiada gloria y con algo de pena.