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sábado, 19 de abril de 2014

ENTREVISTA | Viviana Rivero: "Las almas lectoras tienen mucho en común, más allá del país al que pertenecen"



Justo antes de regresar a su Argentina natal, la escritora Viviana Rivero habla con CAJÓN DE HISTORIAS sobre Y ellos se fueron, la primera de sus novelas que se edita en España, bajo el sello de la Editorial Planeta. 

Por Ismael Cruceta

Después de unos días de promoción en España, es hora de hacer balance. ¿Cómo ha sido el encuentro con los lectores españoles? ¿La lectura que se hace aquí es muy diferente a la que hacen los argentinos?
Las almas lectoras tienen mucho en común, más allá del país al que pertenecen. Y en este caso que nos une el idioma, mas aún. Creo que el alma latina es apasionada, llena de sentimientos, por eso el idioma español es muy rico, porque necesita muchas palabras para expresar lo que lleva adentro. Creo que los que hablamos español mas allá de estar unidos porque usamos las mismas palabras, lo estamos porque "sentimos" de una manera parecida. Una forma apasionada. 

Al principio de Y ellos se fueron, la protagonista tiene que emigrar a Argentina. Eran principios del siglo XX. Hoy en día, también hay muchos jóvenes españoles que tienen que salir para poder encontrar un empleo. ¿Cuál es la imagen de estos nuevos migrantes del siglo XXI que tienen allí? 
Sí, hay jóvenes españoles llegando. Yo misma hablaba hace poco con una muchacha española que trabajaba en una tienda de ropa. Argentina es un país donde casi todos tenemos abuelos europeos (yo tengo abuelos españoles, italianos y checos) y eso hace que recibamos con los brazos abiertos a los que llegan. Quizá es que en el fondo nos recuerdan a nuestros abuelos, y a todo lo que sufrieron por extrañar. Yo tenia una abuela que todas las tardes de su vida lloraba porque extrañaba su familia que había quedado en Europa. 

Mientras que España y Europa sufren un proceso de recesión o crecimiento muy moderado, América Latina, y también Argentina durante los últimos años, vive un momento muy positivo económicamente. ¿Es un buen momento también para la cultura? 
La cultura en general y por ende también la literatura están viviendo un gran auge. Se venden mas libros que nunca. Hay muchísimos grupos de lectura, gente que se reúne o se contactan por Internet. El lector argentino es muy comprometido y tiene una relación estrecha con su autores.
 
En España la industria editorial está sufriendo un cambio muy importante y cada vez tiene más peso el libro en formato electrónico, a pesar de que a las editoriales les cuesta adaptarse o se resisten a hacerlo. ¿En qué punto está Argentina? ¿sigue siendo el papel la referencia?
El dispositivo electrónico está comenzando a usarse pero el papel sigue siendo el elegido. Tiene aun gran protagonismo.

En la novela ha habido un proceso de documentación importante y que aborda además un tema que ha pasado muy desapercibido, el de los brigadistas latinoamericanos que apoyaron la República durante la Guerra Civil. ¿Cómo entró en contacto con esa parte de la historia más desconocida?
Fue muy emotivo descubrir esa historia mientras investigaba. Estas personas (algunos eran hijos de españoles, pero otros no) vinieron a pelear por la República movidos únicamente por ideales. Ellos no tenían necesidad de abandonar su comodidad ni de elegir un bando. Algunos se pagaban su propio pasaje otros se los pagaba el partido. Entraban por Francia y de allí pasaban a España.

Hay un lenguaje muy cinematográfico en la novela. ¿Te gustaría ver una adaptación en la pantalla?
Sí, claro. Unos productores españoles han comprado los derechos para la televisión. Ahora queda esperar a que llegue a buen puerto el proyecto y lo compre un canal y lo podamos ver en la pequeña pantalla.

¿Quiénes son los autores de referencia de Viviana Rivero?
Me gustan variados y muchos. De algunos he sido fanática en algunos momentos de mi vida. Algunos de ellos: Irene Némirosky, Gabriel García Márquez, Almudena Grandes, Paul Auster, Puig o Dostoievsky. 

Fotografías: Aníbal Mangoni

lunes, 7 de abril de 2014

ENTREVISTA | César Pérez Gellida: "No quiero que mis libros se asocien a una determinada ideología política"


Seis blogueros y un escritor en uno de esos lugares madrileños en los que comparten espacio la literatura y el café. Seis blogueros y un escritor que, sin embargo, se decantaron en su mayoría por una copa de vino blanco o una cerveza rubia, de esas típicas de la capital. Seis blogueros y un escritor compartiendo curiosidades, sonrisas e inquietudes. César Pérez Gellida, protagonista del mes en CAJÓN DE HISTORIAS, nos habló sin tapujos de sus libros, de la industria editorial y del delicado papel que a veces desempeñan los medios de comunicación a la hora de transmitir mensajes que influyen enormemente en la sociedad.   

Uno podría acercarse con curiosidad a la figura de César Pérez Gellida, un vallisoletano que trabajaba en "distintos puestos de dirección comercial, marketing y comunicación" y decidió, en plena crisis, dejar de lado esa trayectoria profesional para dedicarse a escribir.  Sin embargo, en cuanto lees su obra, ya sabes que no se trataba de una decisión tan arriesgada: su trilogía Versos, poemas y trocitos de carne destila talento, y al final eso tiene recompensa. La recompensa, en este caso, es el éxito de crítica y público cosechado desde el momento en el que la primera parte, Memento mori, vio la luz. Esa primera novela está ambientada en Valladolid, a finales de 2010, y apenas hay significación política por parte de sus personajes, excepto alguna alusión del inspector Ramiro Sancho a Francisco Javier León de la Riva, el alcalde pucelano, algo que no deja de ser curioso en un momento en el que en España, debido a la crisis, es complicado mantenerse al margen de las decisiones políticas. "Estamos ante una novela negra en la que no están vertidas significaciones políticas. Tampoco en las dos partes siguientes", explica Pérez Gellida, "no quiero que mis libros se asocien a una determinada ideología política porque tengo una concepción del la lectura como entretenimiento". 

Por el contrario, lo que sí encontramos, especialmente en la segunda parte, es una muy buena síntesis del conflicto de los Balcanes, que pese a su complejidad consigue que el lector ubique qué ocurrió en los años 90 en esa zona del planeta. Y lo más interesante es que lo hace desde una óptica diferente: "La gente repite las opiniones que ve en los medios de comunicación, opiniones que emiten desde la perspectiva concreta de los países occidentales, por eso me parecía muy interesante que fuera Carapocha, ruso, quien ofreciera su visión de los hechos", señala el autor. Esto no hace más que confirmar que ni todo es blanco y todo es negro, y se puede interpretar como un llamamiento al pensamiento crítico, sobre todo en estos días en los que desde los medios de comunicación muchas veces se emiten juicios de valor distorsionados y sometidos a intereses económicos. 

Otro de los temas interesantes que no podían quedarse en el tintero es el relativo a la industria editorial, que está viviendo una profunda transformación, una revolución más bien, en la que los pilares que parecían tan sólidos han demostrado no serlo tanto, por lo que quizá sea necesario cambiar la forma de funcionar. "Que algunos libros en formato electrónico cuesten 15 euros me parece que es una invitación a que el lector se descargue una novela de manera ilegal", sentencia Pérez Gellida. "Lo que no me parece bien es que haya gente que gane dinero a costa del trabajo de los demás", añade haciendo referencia a la gente que se lucra con las páginas de descargas ilegales. "Creo que la solución está en las manos de las editoriales que tienen adaptarse a esta nueva situación, tienen que saber atraer a los lectores y tienen que recuperar a aquellos lectores que descargan ilegalmente".

Por el momento, parece que César Pérez Gellida no tiene que recuperar la confianza de ningún lector: los 30 meses invertidos en escribir esta trilogía han sido suficientes para fidelizar a una enorme mayoría que ha sucumbido ante esta historia trepidante que tiene como protagonista a un sociópata, Augusto Ledesma, un inspector, Ramiro Sáncho, y un psicólogo, Carapocha. Una trilogía plagada de referencias literarias que van desde el Ulysses de Joyce hasta El túnel de Sabato. Tres libros y un final cerrado, limpio. La cuenta atrás ha empezado. ¿Conseguirás escapar?


Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria
Fotografías: Suma de Letras

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Entrevista a Elvira Lindo: "La gente más joven no se merece que le digamos día tras día que no hay futuro y que esto es una mierda"



En sus palabras transmite dulzura y atención. Pero es contundente a la hora de diseccionar la triste situación actual de un país dilapidado, y por eso no duda en criticar la mediocridad política y la culpa que "su generación" tiene en haber tolerado el abandono de valores clave y fomentar la corrupción. Elvira Lindo nos habla también de literatura, de aquellos autores que le obsesionan. De Nueva York y Madrid, las ciudades que se le quedaron en el corazón. Dicen que derrocha simpatía y ella reconoce que le gustaría ser más distante. No es sólo simpatía, es empatía. Ahí radica su éxito.  

Por Ismael Cruceta

Me cuesta no empezar la entrevista preguntándole por esta subida del IVA que parece que ha  sentenciado al mundo de la cultura. ¿Le parece que es así? ¿Cómo saldremos de esta? 

Creo que es un error tremendo. No entiendo que conlleve ningún beneficio económico, más bien provoca el hundimiento en un sector ya herido de muerte. Todos sabemos que tenemos que reciclarnos y entender que la cultura ha de encontrar nuevas vías de expresión y de financiación, pero el Estado no puede convertir la actividad cultural en algo imposible. Gravar el teatro y las salas de cine, por ejemplo, me parece que es disuadir a un público que ya de por sí tiene poco dinero. Hemos pasado de una época absurda en la que se acostumbró al público a pagar muy poco por grandes espectáculos subvencionados por los ayuntamientos a esta otra época en la que vamos a imposibilitar la iniciativa privada. Es anti económico.

Pero todo esto ya se ha dicho y  es cansino repetir el mismo discurso. Simplemente, me adhiero a la protesta. Lo que está en mi mano es escribir manifestando mi descontento hacia estas medidas, y lo hago cuando tengo algo que decir.

Quiero, eso sí, recordar que ha habido un descrédito de la cultura en los últimos años. Parecía que era algo secundario, cuando no un oficio de vagos. Ese ha sido el terreno abonado que está teniendo sus consecuencias. Hay ciudadanos que piensan que la cultura es algo superfluo frente a las necesidades imperiosas. Como si la cultura no generara riqueza. La cultura y la educación, por supuesto. Riqueza en el sentido material y en ese otro sentido inamprensible que construye un país.

En sus últimas columnas tengo la impresión de que está más enfadada que de costumbre con todo lo que está pasando. ¿Es enfado, pena, rabia o qué es lo que siente por la situación del país?
Es cierto. Lo estoy. Pero en ocasiones intento controlar la rabia para no adoptar columna tras columna un tono catastrofista que no conduce a nada. No se puede una engolfar en un discurso sin esperanza, porque además no es cierto, y la gente más joven no se merece que le digamos día tras día que no hay futuro y que esto es una mierda. No, mi generación ha de tratar de reparar algo de lo que es bastante responsable.
"El sistema de valores se ha pervertido, colocando en primer lugar de los intereses de la gente el valor del dinero".

Decía un conocido escritor español hace bien poco en una entrevista que España está gobernado por una colección de tontos y que Rajoy le da pena. ¿Qué le parece a usted?
Creo que es una generación de políticos mediocres, sí, y que ha habido un tanto por cierto elevadísimo de políticos corruptos. Pero no me vale esa actitud tan española de sacudirse las culpas. Lo siento pero aquí ha habido mucha gente que ha entendido las corruptelas, que las ha propiciado, que ha aplaudido a los alcaldes corruptos que entraban en los juzgados, que ha reído las gracias a personajes impresentables y que se ha enriquecido con intervenciones brutales que atentaban contra nuestra riqueza natural o histórica. No todo se ha hecho a nuestras espaldas. Los padres también han sido responsables de haber abandonado valores clave, como la educación y la cultura, y hayan animado o permitido que sus adolescentes dejaran de estudiar y se dedicaran a ganar dinero fácil. Cuando hay un treinta por ciento de abandono escolar es por algo. Es porque el sistema de valores se ha pervertido, colocando en primer lugar de los intereses de la gente el valor del dinero.

No quiero parecer arrogante pero creo que siempre he sido muy consciente de lo que estaba pasando. Por muchas de las cosas que la gente denuncia ahora antes te llamaban aguafiestas si les dedicabas una columna.
Y creo que los políticos y las clases dirigentes en general han cometido un pecado tremendo que nos va a costar muchos años enmendar: han esquilmado la dignidad de la gente humilde apelando a orgullos locales y a sentimientos baratos. Eso me duele tanto como esta situación de vasallaje a la Europa rica en la que nos encontramos.

"Hace cinco años todos hablaban de volver a España, porque la gente quiere volver a España, pero ahora nadie lo dice".

Usted ha trabajado mucho: en la radio aquí y allá, incluso ha escrito guiones de las MamaChicho. Digamos que se ha tenido que buscar la vida. ¿Qué hacemos esta generación de jóvenes que hemos estudiado tanto y que tan pocas opciones tenemos de trabajar? ¿Emigrar?
Bueno, a veces soy víctima de mis propias bromas. En una columna humorística escribí que yo hacía guiones para esas señoritas, pero la realidad es que esas señoritas no abrían la boca, así que no había que escribirles nada. Lo inaudito es que eso ha quedado como un capítulo absurdo de mi biografía profesional y a los entrevistadores os viene de perlas para dar una nota de color. En España conviene no hacer demasiadas bromas sobre uno mismo, y yo he sido experta en el arte del selfdeprecating.

Pero yendo a la pregunta, he trabajado en muchas cosas, sí, pero no lo he considerado nunca un sacrificio sino parte de mi fortuna. Comencé a trabajar en 1981 y, aunque fue una década muy discutible culturalmente, la realidad es que vivíamos en un país sin estrenar, de tal modo que si tenías iniciativa y empuje la vida te ofrecía mil oportunidades. Y creo que fui audaz y a veces temeraria y aproveché muchas. He tenido y tengo una vida profesional muy rica porque mi trabajo en la radio y en el cine han sido para mí fundamentales. Lo de escribir en prensa vino después y, aunque me ha traído muchas satisfacciones también ha sido el campo laboral más agitado en el que me he movido y me mueve, precisamente, porque dar tu opinión cada semana tiene un riesgo.

Lo que me entristece ahora es la falta de perspectiva para los que empiezan. Porque, al fin y al cabo, los de cuarenta, cincuenta o sesenta años, esa generación que ahora manda, es la que ha dilapidado el potencial de un país en proyecto. Hemos de asumir nuestra responsabilidad. Criticamos con mucha facilidad la Transición pero al menos esa clase dirigente tenía que hacer malabares en un presente convulso, nosotros vivimos los ochenta, los noventa y la primera década del XXI, es decir, un período de bonanza e irreflexión, y no se puede decir que lo hayamos hecho bien. Unos han sido más responsables que otros, pero ha habido una dejación de nuestro espíritu crítico y un cinismo general.

Por otra parte, a mí este asunto me toca de cerca porque entre mi marido y yo tenemos cuatro hijos y los cuatro en edad de comenzar una vida profesional. Estamos rodeados de gente joven que van a tener una vida más complicada que la nuestra.

En cuanto a emigrar, si hay que emigrar, se emigra. Es duro, pero más duro es no poder realizar tu profesión. Vivo medio año en Nueva York y tengo amistad con jóvenes que trabajan allí en las profesiones más diversas. Hace cinco años todos hablaban de volver a España, porque la gente quiere volver a España, pero ahora nadie lo dice.

Fotografías: Xavi Menós
Usted ha nacido en Cádiz pero ha vivido en muchas ciudades. Aunque parece que está estrechamente vinculada a  Madrid y a Nueva York, los principales escenarios de sus obras. ¿En cuál de las dos está su hogar?
Pues en estos momentos en que me encuentro fuerte y tengo energía para permitirme este trasiego de vida le diré que tengo el corazón bastante dividido, porque en Nueva York tengo un hogar que comparto con mi marido y eso compensa la sensación de extrañeza que a veces se tiene cuando se está fuera de un terreno familiar. Además, aunque parezca extraño allí llevamos una vida más tranquila socialmente que te permite pasear, cultivar la soledad, pensar, escribir… Pero también pienso que si me sintiera enferma o sola volvería a Madrid, con lo cual, mi ciudad en última instancia sería esta.

Y en ese hogar, ¿se habla más de política o de literatura?
Se habla de todo, de los hechos, de las opiniones de otros, de lo que uno quiere escribir para el periódico, del libro que está leyendo. Últimamente se habla mucho de España, claro, porque es inevitable estar preocupado. La política de los políticos creo que, en el fondo, nos aburre. Ojalá viviéramos en un país donde tuvieran menos protagonismo y fuera más potente la sociedad civil. Hablamos mucho de libros, pero también de películas, exposiciones, conciertos. Somos muy activos culturalmente, no en un sentido público, al contrario, muy privado.

¿Qué autores se leen en casa de Elvira Lindo? ¿Algún autor novel?
Se lee desordenadamente y por impulsos. Y esos impulsos se contagian, claro. De pronto, te sumerges en un autor como si irrumpieras en su casa y quisieras registrarle todos los cajones. A mí me ha pasado eso con Chejov, con Philip Roth, con Alice Munro, John Cheever, Galdós, Colm Toibin, Bernard Malamud, Isaac Bashevis Singer, Grace Paley, en fin, me he curado la obsesión febril que tenía con esos autores y otros leyéndolos. Hasta que he dicho, basta, ya no puedo más, lo dejo.

También leo a autores noveles, claro. No me gusta el concepto de autor joven porque creo que es un capricho de los suplementos literarios. Hay autores que se creen jóvenes teniendo 35 años y se aferran a ese juvenilismo, lo cultivan. Por dios, a esa edad ya se es una persona madura. De hecho, yo empecé a publicar libros a los 32 años, pero nunca entré en ninguna clasificación de autores jóvenes, ni me hicieron la típica foto de grupo. Esa foto en la que tanto los responsables del reportaje como los literatos quieren que parezca la portada de un conjunto pop.

Parece que estamos en una época en la que es más fácil que nunca publicar lo escrito. Internet no pone barreras y Amazon no establece filtros. ¿Qué opina sobre esto?
Ni bien ni mal, el mundo cambia y nuestra manera de llegar al lector también. De todas maneras, creo que los filtros son beneficiosos para un libro. Los filtros serían los correctores y, por supuesto, los buenos editores. Un buen editor es el que te hace saber que no te publica por lo rentable que eres sino porque a la editorial le gusta lo que haces, te ayuda en tu carrera, te guía y te protege. No me interesa los editores que sólo hablan de dinero. Y en cuanto a hacer público lo que escribes sin intermediarios… Cada uno es muy libre. Yo no me sentiría segura siendo mi propia editora, pero no hay razón para que tenga algo en contra de que la gente lo haga.

"Hay una fiebre de consumismo cultural que no creo que sea buena para la cultura en sí, que precisa de tiempo para el disfrute".

Además, y sin entrar en el tema de las “descargas ilegales”, es  un hecho que el precio de los libros electrónicos es mucho más barato. ¿Necesitan las editoriales tradicionales bajar el precio de sus libros o necesita la sociedad una mayor concienciación para pagar por la cultura?
Para empezar, se publican demasiados libros. Hay un frenesí de la publicación. Y este negocio no da para tanto. Ni para las tiradas que se hacen ni para la envidia que provocan a veces los literatos. Es un oficio modesto y así debe de ser. Si alguien se hace millonario, enhorabuena, pero es un caso excepcional. Los libros en bolsillo son bastante baratos. Lo que pienso es que tal vez no haya que tener tanto de todo. Ahora queremos ver la última serie ya, tener en propiedad el último libro, acumular miles de canciones. Es una fiebre de consumismo cultural que no creo que sea buena para la cultura en sí, que precisa de tiempo para el disfrute.

Sus novelas para adultos tienen una carga de melancolía e incluso a veces de tristeza mucho mayor que sus columnas. Pero en todas sus obras consigue imprimir esa sensación de autenticidad, la sensación de leer su propia historia. ¿Cuánto de Elvira Lindo hay en Antonia, en Eulalia, en Rosario… en sus personajes en general? ¿Le da pudor que el lector crea que está adentrándose, a través de sus personajes, en su casa?
Para mí escribir es vencer ese pudor. Todos los personajes están en mí, sí, aunque hagan cosas que yo no haría y digan cosas que yo jamás diría. Los libros verdaderos han de avergonzar en cierta medida al autor por lo que tienen de exposición personal. Muchas veces se cuenta más de uno mismo a través de la ficción que en las memorias, aunque en mi diario de Nueva York, “Lugares que…”, creo haber escrito valientemente sobre mis debilidades, cosa que casi ninguna reseña ha reflejado. Para mí era un libro muy melancólico, pero hay quien sólo ve el aspecto irónico o humorístico. Pero yo siempre utilizo el humor para contar algo más hondo. Y cuando el reseñista no lo ve pienso que no ha leído el libro que yo he escrito.

¿Para cuándo nueva novela? ¿Volverá a ahondar en ese tono cercano y algo tragicómico al que nos tiene acostumbrados en sus novelas?
Ese tono no está impostado. Soy yo, tal cual. Y, en ocasiones, aunque me dé cien patadas. He nacido para la comedia, o para la tragicomedia. Creo que es un don con el que se disfruta, porque te acerca al público al que te diriges, y te hace sufrir por la misma razón, porque te expone demasiado a ese público. A mí me gustaría ser más distante, y no lo consigo. Me gustaría ser más antipática, y no lo consigo. Cuando me hablan de mi “cercanía” algo se me revuelve dentro. Porque en mi fuero íntimo siempre tengo una reserva. Aun cuando parezco sociable estoy observando a los otros, hay una distancia, soy espectadora. Desde niña.

Por último, y haciendo referencia al título de una de sus obras,  ¿Qué es lo que le queda por vivir? 
Me gustaría ser una novelista que escribiera guiones, una guionista que escribiera novelas, una escritora que escribiera crónicas, una cómica que supiera ver el lado trágico de la vida, y una tragicómica que pudiera expresar el absurdo de la existencia en todo aquello que escriba.

lunes, 12 de marzo de 2012

Entrevista a VANESA MARTÍN: "Cuando me emociona algo, eso, más tarde o más temprano, se transforma en canción"


La cantautora malagueña, protagonista del mes en CAJÓN DE HISTORIAS, nos habla de su nuevo álbum, Cuestión de piel, que en su primera semana a la venta ha conseguido ser número 3 en la lista de los discos más vendidos en España. Una cantante con las cosas claras, fiel a su estilo y a su identidad, que rebosa naturalidad y que cree, en este tiempo vertiginoso,  en avanzar despacio pero firme.  

Texto: Ismael Cruceta
Fotos: Laura Cruceta
Edición de video: Guillermo López

Por fin ya llega Cuestión de piel, unos tres años después de tu anterior álbum, Trampas. ¿Ha sido larga la espera?
Para nada, porque he tenido los conciertos de Trampas. En el mes de mayo empezamos a barajar las canciones y en junio nos metimos en el estudio. Además, a esto hay que sumarle que en ningún momento dejo de componer.

Preséntanos Cuestión de piel, ¿Cómo definirías este disco?
Puro instinto y pura visceralidad. Creo que de mis discos y también el más potente y la vez el más sencillo en cuanto a instrumentación. El sonido es más orgánico, más de banda. Está muy enfocado a los conciertos en directo y hay muy poquitas cosas secuenciadas. Pensaba que quedaría un disco más íntimo y resulta que alguno de los temas suena más cañero.

¿Y en cuanto a letras?
Mucha gente me caracteriza por ser muy callejera sin ser vulgar. Tengo una forma muy coloquial de decir las cosas, pero a la vez no es nada básico, sino que, en función de cómo te sientas puedes llegar a darle un significado u otro. Creo que soy clara, pero las dejo algo abiertas, y doy que pensar…

Que cada uno se quede con lo que quiera de cada canción…
Totalmente. Además, creo que todos vamos pasando prácticamente por las mismas historias y las mismas situaciones por lo que pueden sentirse identificados con las letras. ¿A quién no le ha quedado cosas por hacer en una relación? ¿Quién no ha sentido alguna vez que alguien ha pasado por su lado y ni le ha visto?

Parece que tu carrera siempre ha ido hacia delante, en ascendente, ¿cuál es la fórmula para conseguir siempre más éxito con un nuevo disco que con el anterior?
No lo sé, y la verdad me da vértigo pensarlo porque es también una responsabilidad. Quizá, mi evolución a nivel personal y musical me hace expresarme de otras maneras, atreverme con nuevos lenguajes. Mi público es muy gente muy fiel. El efecto dominó me ha funcionado muchísimo y ahora con este tercer disco me encuentro recogiendo todo lo que había sembrado antes.

Dentro del mundo de la música, además del cariño del público, te has ganado el respeto y la amistad de tus compañeros: Alejandro, Sanz, Pastora Soler, Diana Navarro… ¿Nos confirmas entonces que el mundo de la música no es competitivo?
La verdad es que es menos competitivo de lo que yo pensaba. Cada uno tenemos claro hacia dónde vamos. Que gente como Malú, Alejandro Sanz o Pastora Soler, con carreras tan sólidas, elogien tu trabajo es muy bonito. Por mi parte hay mucha admiración hacia ellos. Es gente de la que aprender profesionalmente hablando, y también me llevo de ellos la frescura. Es gente “sanota”, que disfruta.

Parece que a la industria musical –y a la sociedad española en general- le está costando adaptarse a las descargas legales, itunes, etc. ¿Cuál es tu opinión sobre este tema?
Internet, bien usado, es una maravilla. Pero cuando alguien empieza a enriquecerse del trabajo, no me parece bien. Hay iniciativas que me encantan, como Spotify. Pero estoy totalmente en contra de las descargas ilegales, y más como autora.

Y en este sentido, ¿hacia dónde vamos? ¿Cuál crees que es el futuro?
Creo que el futuro está en la red. Para mí sería una pena que se perdiera el formato CD, pero yo soy una romántica, de las que se compra un libro y lo huele, de las que se compra un disco y mira las fotos, el diseño, busca si hay alguna nota del artista. Tendrá que reinventarse quizá este mecanismo de industria discográfica, de hecho, son conscientes ya de que la red es muy importante y están metiéndose ahí de lleno.

Y hablando de ordenadores, pero más allá de la música ¿Eres una persona tecnológica? ¿Te gustan las redes sociales?
Me encantan las redes sociales, me acercan a la gente. Entre nosotras [Pastora Soler, Malú y ella], cuando hablamos de nuestras cenas y nuestras ensaladas, Twitter se desborda – risas-.

En este sentido, al estar más expuesto, puede que lleguen también más críticas negativas. ¿Cómo se reacciona ante eso?
La verdad es que tenido suerte porque negativo me ha llegado muy poquito. Lo respeto, entiendo que no le guste a todo el mundo, ni todo el mundo me entienda. Yo soy una persona muy irónica y  me gusta hacer mucho hacer bromas. En eso mi abuela y yo somos clavásrisas. Pero lo positivo pesa muchísimo más. Quizá porque voy con respeto, para que me devuelvan también ese respeto.

Escuché decir a Manolo García hace unos años que sacar un disco era la excusa para irse de conciertos y presentarlo en directo. ¿A Vanesa Martín le pasa lo mismo?
A mí no, no sé si me pasará algún día. Todavía es importante sacar un disco porque tengo muchas cosas que conquistar. Estoy encantada de ir a un teatro y que se llene. Para mí, cuando llegó mi primer disco y lo vi fue súper emocionante, y eso que ahora me veo y digo “¡qué horrible con ese estilismo!” – risas

En cuanto al estilo ¿te sientes mejor contigo misma?
Completamente, ahora soy yo. Me dejé aconsejar, pero después te das cuenta de que es tu sello y tu esencia el que tiene que marcar tu camino, tu estilo. 

Eres de las artistas que suena mejor y emociona más en directo que en el disco. ¿Crees que influyo a la hora de transmitir que escribas tus propias canciones?
No lo sé,  porque hay intérpretes que trasmiten muchísimo en directo. Yo creo que tiene que ver más con la capacidad de sentir. Si tú sientes lo que estás cantando, eso llega.  En mis conciertos la gente sale con las pilas a tope, terminamos arriba del todo. Son conciertos muy dinámicos, me gusta mucho saber qué le va pareciendo. También cuento algunas anécdotas, el por qué de alguna canción. No es sólo llegar, enchufar, cantar, cantar, cantar y adiós, buenas noches. Hay veces creo que expreso más cantando que hablando.

¿De dónde salen las historias que nos cantas y nos cuentas?
Del día a día. De lo cotidiano. No todo me ha pasado a mí, porque si no mi vida sería una telenovela. Pero sí que muy de cerca las he vivido. Cuando me emociona algo, eso, más tarde o más temprano, se transforma en canción.

¿Cómo está recibiendo la gente este Cuestión de piel?
Estoy muy agradecida con la acogida, de verdad. Siento que está todo el mundo muy pletórico. Incluso a amigos míos les pregunto que tiene este de distinto a Trampas, mi anterior álbum, y me dicen: “Trampas era muy bonito, pero es que este te arranca por dentro”.

Para acabar, ¿Cuáles son los deseos de Vanesa Martín para esta nueva etapa?
Trabajar mucho el disco, que me permita hacer muchos conciertos. Y poder seguir disfrutando así. Que nunca me deje contaminar por el peso de la industria. Sentir siempre la música como mi pasión, no como mi trabajo.

miércoles, 18 de enero de 2012

Entrevista a Rosa Montero



Rosa Montero y el derroche de vitalidad necesario en tiempos de crisis

La autora nos cuenta sus deseos para 2012, nos adelanta una pizca de su nuevo proyecto literario y habla sin pudor de sus percepciones sobre la revolución tecnológica que está afectando a los periodistas y creativos.

Por Ismael Cruceta

Me gustaría desearle un feliz año y, pregunta obligada en esta época: ¿Cuáles son los deseos de Rosa Montero para este 2012 que acaba de comenzar entre recortes y perspectivas económicas tan poco positivas?
Pues en primer lugar que se alivie un poco esta tremenda presión de angustia social, ¿no? Que baje el paro, que toquemos de una vez fondo para poder empezar a resurgir, que la vida sea un poco más compasiva con todos… Personalmente, que yo y toda mi gente querida estemos bien de salud, que no suframos desgracias, que seamos capaces de disfrutar y de reírnos, juntos, a ser posible. Que nos sorprenda la vida unas cuantas veces.

Históricamente, en tiempos de crisis (cualquier tipo de crisis) se han “parido” grandes obras, ¿es este un buen momento para el mundo de la cultura?
No sabría decirte…. Es cierto que  en épocas de crisis por lo general se agudiza el ingenio, pero por otro lado, cuando la crisis es demasiado aguda y catastrófica creo que se produce un primer momento de paralización…. Veamos qué sucede. No me atrevo a ser pitonisa, es una de las actividades más tontas y proclives al error.

Para el Periodismo parece que no hay dudas: crisis total. Después del sector de la construcción es la profesión más azotada, eso dicen.  ¿Hay que buscar culpables? ¿Se recuperará el prestigio del periodista?
Perdona, pero creo que el prestigio del periodista está intacto. El problema no es ese, el problema es la reconversión tecnológica y mercantil del sector. Es decir, el periodismo no está en crisis, lo que esta en crisis es la manera de sacar dinero con el periodismo. Siempre habrá periodistas, gente profesional que pueda contextualizar, valorar, contrastar, digerir, analizar las noticias. El inmenso caos de Wikileaks jamás habría llegado al público si no hubiera habido una legión de periodistas dirigiéndolo. El problema es que el modelo de la prensa de papel está en absoluta desaparición y todavía no sabemos cómo ganar dinero con la prensa virtual. Por otro lado, la gente que twitea desde Irán o desde una manifestación en El Cairo no son periodistas, son fuentes primarias, que ahora se han enriquecido con las fuentes virtuales, y sobre esas fuentes tiene que aplicar su juicio y su profesionalidad un periodista.

En los últimos años Internet ha revolucionado nuestras vidas, parece que evolucionamos hacia una comunicación cada vez más horizontal, ¿cómo se adapta Rosa Montero a los cambios?
A mí me encantan las nuevas tecnologías, soy una persona hipertecnológica, y el problema, como antes he insinuado, no son las nuevas tecnologías, sino la conversión mercantil, administrativa y legal de todo eso. No estamos sabiendo adaptar nuestros usos laborales, legales y mercantiles a los nuevos soportes. Y desde luego estoy indignada con la supuesta reivindicación del todo gratis, que resulta que sólo se pide gratis el trabajo creativo, porque la gente no discute jamás pagar sus buenos dineros por un lector de ebooks, por ejemplo. O sea, por el hardware. El otro día leí en Menéame a un tipo que decía: “¡¡pero es que estos artistas quieren trabajar en lo que les gusta y encima que les paguemos!!”. Nos ha fastidiado, y los médicos, y los delineantes, y los carpinteros, y todo el mundo, en fin. El todo gratis no solo no es revolucionario ni progresista, sino que es profundamente reaccionario, un regreso al medievo. Y no soy catastrofista, no pasará nada, sé que al final la sociedad encontrará un nuevo equilibrio, no hay problema, así será porque la sociedad necesita a sus creadores, dicho sea con minúsculas porque el creador es un currito más. Pero por ahora nos toca atravesar el desierto, y durante diez o quince años esto va a ser y está siendo muy duro: desaparecerán periódicos, editoriales, escritores, cantantes, cineastas….

Hace unas semanas una escritora anunciaba que dejaría de escribir libros por las descargas ilegales. ¿Qué le parece? ¿Dejará de escribir alguna vez Rosa Montero?
Me parece una desesperación bastante comprensible. El otro día discutí con un taxista joven y aparentemente enrollado que decía que se lo descargaba todo pirata. “Vale, súper, pues ahora no voy a pagarte la carrera, ya ves”. Al final se la pagué, pero porque soy magnánima. Es una vergüenza lo que está pasando. Yo no creo que deje de escribir, es decir, si dejo de escribir será porque me bloqueo, no por eso, pero una opción razonable si las cosas se ponen peor es dejar de publicar. A lo mejor uno termina escribiendo para los amigos.

¿Qué le diría a los jóvenes autores para hacerse un hueco en el mundo editorial?
Es difícil, es difícil. Lo primero, hay que tener una piel de elefante, un tesón de estalactita, una paciencia de moho que crece lentamente en la pared. Al final, si eres medianamente bueno, terminarás siendo publicado, pero lo malo es que, tal como están las cosas, tu libro primero no se venderá un pimiento, y entonces será mucho, mucho más difícil publicar el segundo que el primero. Y el tercero, ni te digo. Prácticamente imposible. Son tiempos malos. Y aún así, hay que escribir si te pican los dedos, porque es algo necesario para vivir. Para vivir por dentro, quiero decir.

¿Cómo se consigue conectar siempre con los lectores, incluso abordando temáticas tan diferentes? ¿Es un don? ¿Es perseverancia en el trabajo?
Pues no sé si conecto con los lectores, pero no quiero hacerme tontamente la modesta, es  verdad que una de  las cosas que me parecen increíbles, una suerte, un privilegio, es llevar publicando 32 años y seguir teniendo lectores, y de todas las edades. No tengo palabras para dar las gracias por eso. Y no sé por qué sucede. Pero si tengo que decirte algo, creo que es por autenticidad, por veracidad.  Yo siempre escribo, y sólo escribo aquellas cosas que necesito de verdad escribir. Libros necesarios para mi, que me emocionan, sin pensar en si venderán o no.

¿Para cuándo nueva novela? ¿Volverá a reinventarse una vez más?
Estoy en ello. Acabo de empezar la fase de la escritura de una novela que llevo desarrollando en cuadernitos más de un año. Pero estoy bastante atrancada, porque es una novela muy dura. Y sí, es una historia muy distinta. Sucede en la selva.

Si pudiera viajar hasta el futuro que ha diseñado en Lágrimas en la lluvia, ¿le gustaría ser memorista para escribir otras vidas? (En la novela, los memoristas son aquellas personas que diseñan la vida y los recuerdos de los androides)
¡¡¡¡Jajajaja!!!! No es cuestión de si me gustaría o no, ¡¡¡¡es que seguro que sería memorista!!!! Los novelistas seríamos todos memoristas.  Me divertí mucho imaginando eso. Un poco escalofriante, ¿no?  Crear de verdad la vida de alguien….

En el libro, la mortalidad está presente desde el principio hasta el final, como una obsesión. ¿No paraliza ese miedo a la muerte? ¿No impide disfrutar de la vida?
Como digo en La loca de la casa, creo que los novelistas escribimos precisamente porque tenemos una conciencia más álgida de la muerte…. Porque percibimos de manera más obsesiva el paso del tiempo. Pero esto tiene también su parte buena, porque al saberte mortal, también disfrutas con más hondura y agudeza del esplendor de la vida.  ¿Te acuerdas de la famosa frase de John Lennon, “la vida es aquello que sucede mientras nos dedicamos a otra cosa”? Pues si se tiene la obsesión del paso del tiempo, no te dedicas a otra cosa: te sabes vivo, y eso es hermoso.

¿Cómo disfruta de la vida Rosa Montero?
¡De tantísimas maneras!!!!!! Soy una disfrutona, una vitalista, ¡me encanta vivir! No es mérito mío: debo de tener muchísima oxitocina en mi sopa química. El caso es que cada día me roza el embeleso de la vida varias veces, incluso en los momentos más negros y más terribles de mi existencia, que he tenido varios.

jueves, 5 de enero de 2012

Entrevista a GAEL GARCÍA BERNAL


Hoy hace justo un año que se estrenaba en las salas comerciales de España También la lluvia, dirigida por Icíar Bollaín y protagonizada por Luis Tosar y Gael García Bernal, a quien tuve la oportunidad de entrevistar con motivo de la promoción de esta película para el periódico Sí Se Puede. Os dejo la entrevista reportajeada que se publicó y un vídeo-saludo del actor.

Hablando con... Gael García Bernal

"Rodar en Bolivia ha sido algo trascendental"


Por Ismael Cruceta

El mexicano Gael García Bernal es uno de los actores más importantes del panorama cinematográfico internacional. Ha trabajado con realizadores de la talla de Alejandro González Iñárritu, Pedro Almodóvar o Alfonso Cuarón. Su última película, que llegará a las salas de cine el próximo 5 de enero, es También la lluvia, de la directora española Icíar Bollaín, un filme que, por el momento, ya ha sido seleccionado para representar a España en los próximos Oscar de Hollywood.


Este proyecto, el más ambicioso de Bollaín, cuenta la historia de un grupo de cineastas que viaja hasta Bolivia para rodar una película sobre la colonización de los indígenas en el siglo XVI, pero en Cochabamba, el lugar de rodaje, se desata la Guerra del Agua, que tuvo lugar en el año 2000.

“La experiencia de rodar en Bolivia ha sido trascendental”, reconoce García Bernal, encantado con la oportunidad de conocer un país y una gente que considera “fascinantes”.

Defensa del mestizaje
En la cinta, el actor mexicano interpreta a Sebastián, el director de cine que quiere dar luz a las vidas de Bartolomé de las Casas y Antonio de Montesinos, dos frailes dominicos españoles que lucharon en defensa del pueblo indígena.

“Ambos son los padres de los derechos humanos en Hispanoamérica y quizá les debamos a ellos el mestizaje”, afirma Gael García Bernal. “Gracias a ellos, tenemos una bella mezcla entre indígenas y europeos”, añade con su suave acento mexicano.

El actor aboga por que todo el mundo sea dueño de su propio destino, y ése es el mensaje que lanza a los inmigrantes afincados en España. “¡Ojalá que puedan regresar a sus países cuando así lo deseen!”, dice.

Búsqueda de la felicidad
El mexicano siempre se ha mostrado implicado con la realidad social y, como embajador de Oxfam Internacional, intenta aportar su granito de arena para mejorar el mundo. Por ese motivo, no pudo negarse a rodar esta película, en la que se habla de la revolución popular del pueblo boliviano para impedir la privatización del agua, uno de los bienes más preciados para el ser humano.

García Bernal reconoce que, tras leer el guión, hubo un momento en el que la película se volvió necesaria para él. “Ya no podía más que aceptar el papel”, confiesa. “Además, el juego dramático de rodar una película dentro de otra era un atractivo impresionante”, añade.

El actor considera que la gente está “muy movida” para defender sus derechos, sobre todo tras las protestas sociales que están teniendo lugar en diferentes partes del mundo, como Italia o Grecia. “Parece que las encuestas sólo tienen en cuenta el PIB de un país para medir su riqueza”, dice el actor. “Sin embargo, debería ser imprescindible tener en cuenta factores como la felicidad, la educación o la cultura”, termina.

jueves, 24 de noviembre de 2011

ENTREVISTA AL CANTANTE ENDER THOMAS

La energía positiva que aterriza desde Venezuela para hacernos sentir y bailar

La postividad y la mixtura son la carta de presentación del cantante venezolano Ender Thomas, que ha compartido escenario con artistas de la talla de Shakira, Juanes o Alejandro Sanz. “Todo un regalo”, reconoce. Pero es consciente de que la suerte no llega a tu casa un día, sino que tienes que trabajar mucho para que todas estas cosas pasen. A lo largo de su vida ha tenido claro cuál era su camino: la música. “Desde muy pequeño supe cuál era mi vocación y me he mantenido fiel a ella”. Sus influencias musicales incluyen los boleros latinoamericanos o el rock de Led Zeppelin, una mezcla que ha ido afianzando su personalidad musical, rica en matices. 

Afincado en Miami, ha estado estos días por España para presentar su nuevo álbum, donde ha coincidido con muchos venezolanos que le han dado muchísimo apoyo y ánimo. “Sienten que un pedacito de ellos mismos está haciendo cosas, sienten que es un logro propio”. 

Su disco viene apadrinado por el pianista y compositor griego Yanni, que goza de un gran prestigio internacional. Con él colaboró en un proyecto de envergadura internacional, del que surgió Ritual de amor, que se ha convertido en el single de presentación de su disco, un tema que está lleno de magia y que se ha vuelto “como un emblema”. Ender Thomas ha decidido, además, grabar el tema en una versión más flamenca, otra en italiano e incluso se atreve a hacerlo en árabe. “Es un trabajo bien difícil”, reconoce el artista.

Temas con alma
Ender Thomas confiesa que trata de sentir el alma de cada canción. Todas as de este disco han sido elegidas con mucha cautela y tratan el tema del amor de una manera muy bonita y sin tabúes. “Hablan de lo rico que es entregarse a otra persona, de superar el miedo, del amor más allá de la piel. El amor es todo” 

Además, ha compuesto alguno de los temas de este álbum, como Bajo el cielo de noviembre, una canción donde saca un espíritu más social. “En Brasil me encontré a un niño durmiendo en el suelo, en la entrada de un metro, y la gente le pasaba por encima. Me conmovió mucho. Le puse como nombre Ángel, porque era como un angelito”. 

También ha compuesto Puerto Cabello te quiero, una canción para su ciudad, llena de recuerdos y de nostalgia. “Esta canción se ha vuelto un himno en mi ciudad. Los niños la utilizan en los actos de fi n de curso. Puerto Cabello es muy bonito, hay mucha influencia española, tenemos un malecón espectacular donde el sol se pone y se besa con el cielo todos los días. La finalidad de esta canción es que vaya y la conozca”, reconoce.

Aunque hace 11 años que salió de Sudamérica, sigue muy conectado con todo lo que ocurre en el país, su familia sigue viviendo allá. “Mi Venezuela me duele porque la llevo en mi sangre. Pero yo vine aquí a entretener, a poner una sonrisa en la cara de la gente, a enamorarlos más”. 

martes, 16 de agosto de 2011

Entrevista a la cantante JAVIERA MENA


La chilena que evoluciona tras sentir y sufrir la magia del amor

La cantante chilena Javiera Mena acude a la cita con con la cara lavada, derrochando dulzura y sencillez, para hablar de su segundo disco, Mena, que se editó a finales de 2010 y que está presentando en directo por España estos días. 

Tras  Esquemas juveniles, con el que se dio a conocer hace un lustro, la artista sentía cómo los ojos, tanto de  fans como de expertos musicales, estaban puestos en ella, y aunque se define como una persona insegura, lo cierto es que enseguida reconoce que no saca a la luz ninguno de sus temas hasta que el resultado final le convence. Y es que sentirse satisfecha con el trabajo le resulta imprescindible. “El primer álbum es mucho más inocente, como un primer acercamiento a la música, una recopilación de las canciones que había escrito desde los 15 hasta los 21 años”, explica la santiaguina, que acaba de cumplir 28 años. 

También incluyó en esa ópera prima una versión de Yo no te pido la luna, un clásico que le gustaba a su mamá y que se convirtió en la canción más exitosa de su debut discográfico.

Fueron cuatro años los que tardó en publicar Mena, todo un proceso de madurez en los que ha adquirido un 
enorme bagaje y en el que, en todo momento, ha estado implicada con el proceso de creación del álbum.

“Ahora ya tengo un proyecto musical sólido, más electrónico y más maduro, después de haber sentido y sufrido el amor". Porque este sentimiento es el leitmotiv de sus canciones. Aunque sea un tema del que se ha hablado tantas veces, le gusta expresarlo con su propio lenguaje. “Es lo más mágico que puede sentir un ser humano”, cuenta esta chilena. 

Pero Javiera Mena se inspira en todo: en lo natural, en las nubes y la naturaleza o en lo cotidiano, para dar forma a sus canciones y a su música, que definen como “electropop pegadizo, melancólico y bailable”. 


Melómana en directo
La cantante se defi ne como una persona muy melómana, una adicta al pop de Madonna, de Michael Jackson o del grupo sueco Abba. “Aunque también escucho cosas más  indie y oscuras, como  My bloody Valentine”, repasa. “Y en cuanto a la música en español, desde el grupo Los Prisioneros hasta Camilo Sesto o Jeanette. La música romántica me pegó por mis papás”, dice divertida con su acento chileno.

En el Dcode Festival
Todos estos artistas han influido en su evolución musical, pero sigue aprendiendo cada día. Ahora está especialmente emocionada con su participación en el Dcode Festival de Madrid, donde actuó el pasado 25 de junio, un evento en el que compartió cartel con grupos como The Ting Tings o Kasabian. “Es súper alimenticio para mí”, afirma entusiasmada. 

Su concierto fue muy bailable y electrónico, pero con alguna balada también, en la que desenchufa el ordenador y se queda a solas con la guitarra para mostrar su lado más introspectivo, provocando diferentes cambios en el estado de ánimo de sus seguidores. “Lo más importante para mí es que la energía que yo quiero plasmar con mis canciones llegue a la gente como algo verdadero y grato”, afirma. 

Mena considera que es precisamente en los conciertos donde se puede llevar a cabo el negocio de la música. “Yo nací artísticamente con la era digital, iTunes, Spotify..., por lo que jamás me sentí herida por las descargas. Nunca tuve un apego enorme por las ventas de discos”, dice. “Pero considero que es necesario que se legisle de alguna manera la forma en que la gente debiera descargar digitalmente los discos con precios asequibles”, añade la artista, antes de invitar a todos los chilenos que andan por España a conocer su música, “porque les puede acercar a las plazas de allá, al barrio Brasil y al barrio Yungay de Santiago de Chile”, donde Mena se crió, termina diciendo, con una pizca de nostalgia en la voz.

sábado, 13 de agosto de 2011

Entrevista al cineasta FARID FATMI


Farid Fatmi, el triunfo de transmitir la realidad delante y detrás de la cámara


Después de una dilatada trayectoria como actor, el marroquí Farid Fatmi acaba de ponerse detrás de la cámara para dirigir el que es su segundo cortometraje, Yo no soy yo

Recibe a  Sí en su casa, en pleno centro de Madrid. Suena una música clásica de fondo y se lía un cigarrillo para fumar tranquilo mientras habla de su trayectoria profesional y de sus anécdotas en España, que no son pocas, puesto que llegó hace ya casi tres décadas. 

“En 1982, España era el paraíso. Cuando llegué a Barajas, las azafatas eran amables, yo llamé a mi madre le dije: ¡la gente sonríe, qué majos!”, exclama con una carcajada sonora y sincera que inunda todo el espacio. 

De marino a actor 
Pero, antes de llegar a Madrid y descubrir que lo que quería hacer en su vida era interpretar, pasó una temporada en Cádiz, trabajando como marino. “Aun así, sabía que había algo dentro de mí que tenía que salir. De pequeño, en Alhucemas, soñaba con esas cosas que veía en las películas, una maravilla en comparación con la cutre calle y la cutre casa de entonces”, cuenta.  

Fue precisamente en su ciudad natal donde, gracias a las clases “de lujo” de Juan Román, aprendió a captar y 
transmitir sensibilidad, lo más importante para un artista, sea cual sea el ámbito en el que se desarrolle. 

“Cuando me mudé a Madrid me dije que al día siguiente iría al Café Gijón para triunfar. Pero tardé cinco 
años en entrar allí”, recuerda. Y es que su incursión en el mundo del cine fue de casualidad. 

Un comienzo ‘a lo grande’
“Un buena mañana, una pareja entró al bar donde yo trabajaba, y me invitó a participar en Bajando al moro, 
de Fernando Colomo”. Un comienzo aparentemente a lo grande, algo que refuta inmediatamente entre risas: 
“Era de extra, de espaldas y sin frase”. “Eso sí, después me apunté a una agencia y desde finales de los años 80 hasta 2001 hice casi todos los papeles de marroquí tanto en televisión como en cine”, asegura. 

Agradecido a Madrid
“A mí me ha formado la gente de Madrid. Me acogieron, me orientaron, me enseñaron todo lo que pudieron”, dice. Con el idioma nunca tuvo problema. En su Alhucemas hablaban en español, pero la enseñanza que recibió fue en francés. “Tengo un poco de complejo por mi acento”, dice, pero lo cierto es que el único que ostenta es el madrileño. 

Ha trabajado en series como  Los ladrones van a la oficina o Sin tetas no hay paraíso, y en películas como El 
oro de Moscú, Cosas que hacen que la vida valga la pena o Poniente, gracias a la cual ganó, en 2002, el premio al mejor actor en el Festival de Cine España de Toulouse. 

“He hecho mucha comedia, pero muchas veces son interpretaciones en las que solamente se explota el lado de la delincuencia, haciendo de sin papeles. De médico hasta ahora no he actuado”, remata gracioso, pero reflexiona un poco y añade: “Ahora hay más presencia, forma parte de la sociedad tener una amiga árabe, un compañero de trabajo árabe. Así que ahora es factible que haga de doctor en cualquier momento”.

El marroquí cuenta que la dirección le ha gustado desde pequeño, que iba germinándose dentro de él, pero considera que es más complicado y que hay que ir “paso a paso”. 

En 2004 dirigió su primer cortometraje, Dueñas y dueños, que “fue más un ejercicio de exploración, no ha ido a festivales”. Ahora acaba de presentar su segundo corto, Yo no soy yo, en el que habla de los estereotipos inmigrantes con un toque de humor ácido, pero lanzando un mensaje totalmente demoledor: si seguimos dejándonos llevar por clichés racistas, gente que vale muchísimo se va a marchar de España. 

“Ser cineasta no es sólo hacer películas para que triunfe el director, sino para transmitir algo, para que le llegue una parte de la realidad a los espectadores. Ése es el verdadero triunfo”, asegura.

Fatmi sigue actuando, le encanta. Pero ya anda metido en la dirección de su próximo corto,  Salsa de lágrimas. ¿Para cuándo el salto al largometraje? “Cuando me vea capaz y con confianza en mí mismo. Tengo proyectos en marcha”, sentencia misterioso, antes de despedirme de él con un abrazo de gratitud y decirle que, cuando gane el Goya, le llamaré para felicitarle en vivo y en directo. Lo ganará, seguro, antes o después.

  

martes, 9 de agosto de 2011

Entrevista al cantante REY RUIZ


EL 'BOMBÓN DE LA SALSA' QUE BEBE DEL AMOR COMO FUENTE INAGOTABLE

Tras casi dos décadas de carrera musical, el cubano Rey Ruiz sigue siendo el Bombón de la salsa que endulza la vida de sus fanáticos. Hoy, está tranquilo, y no es para menos, puesto que son 19 años ya los que lleva de trayectoria discográfica, desde que lanzó aquel  No me acostumbro, un éxito rotundo en toda Hispanoamérica que sigue sonando aún, como un clásico atemporal de la salsa.

“Es una fortuna llevar tanto tiempo cantando para el público”, dice el cubano, que ha estado recientemente por España tocando en directo, adonde llegó acompañado por un grupo de músicos internacional, entre ellos, venezolanos, dominicanos y ecuatorianos, lo que desmonta los argumentos de aquéllos que dicen que el multiculturalismo ha fracasado. “Lo hacemos lo mejor que podemos”, añade divertido el artista, avalado por numerosos premios internacionales. 

Desde aquellos inicios discográficos, instalado ya en Miami, le apodaron El bombón de la salsa, “un sobrenombre y un piropo” que le puso una locutora de la radio de Miami. 
“Parece que le gustaba mi música y parece que yo también”, recuerda, aunque reconoce que prefiere que le 
llamen simplemente Rey.  

Renacer en la diáspora
El salsero se crió en La Habana, escuchando música cubana. Pero cuando salió su primer disco, ya estaba instalado en Estados Unidos. “Durante un tiempo, estuve desconectado de la música de mi país y me mantuve 
más pendiente de lo que se hacía en Puerto Rico, que tenía una influencia mucho más importante sobre lo que 
yo hacía, imprescindible para seguir desarrollándome”, explica. 

“Cuando llegué a Miami, fue como volver a nacer. Dejé de estar en un país cerrado, en el que cosas de la 
vida cotidiana, como tomar una Coca-Cola, es algo especial”, dice.“¡Esta comida en Cuba hubiera sido memorable!”, exclama echando un vistazo a las delicias colombianas que hay sobre la mesa de La Fogata, el restaurante madrileño en el que me atiende: patacón relleno de gambas, una ensalada de aguacate, unas empanaditas de carne, un ajiaco, una bandeja paisa…

Eso sí, durante todos estos años ha mantenido un vínculo con Cuba que se refleja en su acento. “Si soy 
cubano, tengo que sonar cubano”, dice divertido. “Además, Miami es la provincia más al norte que tiene 
Cuba”, añade.

Pero, aunque regresó a la isla en septiembre de 2010 por primera vez desde que se marchó de allí, y disfrutó de unos días de vacaciones con su familia, en los que todo el mundo le trató muy bien, sabe que su futuro está en Estados Unidos, “porque en Cuba, con Raúl Castro, hay una continuidad política”, y él, donde se siente a gusto, es en Miami. Con todo, reconoce que le encantaría cantar en la isla. “¡Ojalá, estoy loco por tocar allá algún día!”, afirma.

Sus preferidas
El artista acaba de realizar una minigira de conciertos por varias ciudades de España, en la que, además de interpretar sus éxitos conocidos por todos, como El diablo anda suelto o Mi media mitad, ha cantado algunos 
de los temas incluidos en Mis preferidas, la última compilación discográfica en la que rescata piezas de sus discos que no fueron singles. 

“Mucha gente piensa que la canción que suena en la radio es la mejor, o mi favorita, pero eso no es siempre así, por lo que quería poner énfasis en estos temas que han pasado más inadvertidos”, explica. Canciones que han ido publicándose a lo largo de casi estas dos décadas en las que ha evolucionado como artista y como persona, a la par que su público, con el que siempre es amable. “Hagas lo que hagas en la vida, siempre maduras”, dice el salsero. 

Ahora, está preparando un nuevo álbum en el que incluirá canciones inéditas, aunque lo más probable es que hasta 2012 no vea la luz. En él, seguro seguirá cantando a la salsa, un ritmo que no pasa de moda. Y seguirá, también, dedicándole temas al amor. “La fórmula de cantarle al amor y al desamor es inagotable, siempre y cuando se haga actual, y va a seguir funcionando, por los siglos de los siglos”. Amén.

domingo, 3 de julio de 2011

Entrevista al escritor JUAN GABRIEL VÁSQUEZ

Hace unas semanas tuve la oportunidad de entrevistar, para el periódico Sí Se Puede, al escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez, ganador del último Premio Alfaguara de Novela. 

Os dejo el artículo, espero que os guste.


El colombiano presenta 'El ruido de las cosas al caer', Premio Alfaguara de Novela 2011.

“La violencia y vulnerabilidad con las que llevaba conviviendo 15 años me hicieron fácil abandonar Colombia”

Ismael Cruceta

El premio Alfaguara le ha servido al escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez para consolidarse como una de las voces narrativas más interesantes del panorama literario internacional.

Este galardón le ha llegado gracias a su nueva novela, El ruido de las cosas al caer, una obra intimista, en la que ha impregnado el miedo de toda una generación, la suya, la que creció con la incertidumbre de saber que, en cualquier momento, podrían acabar con tu vida o con la de alguien querido por el hecho de estar, simplemente, en el lugar inadecuado. La generación que creció a la vez que el negocio de tráfico de drogas en Colombia, una guerra que ha marcado la vida política y social del país sudamericano durante las últimas décadas y que, ahora, parece que comienza a ver la luz al fondo del largo túnel.

“Esta novela está ambientada en la Colombia de los años 90 y hace referencia a los años 70 y 80, donde el terrorismo utilizaba la eliminación de civiles para intentar presionar al Gobierno y modificar algunas leyes, como la ley de extradición”, dice Vásquez.

“Sobre los asesinatos y los atentados hay una parte historiográfica que se puede consultar en archivos, en hemerotecas. Pero en ninguna parte constan las emociones, la manera en la que estos hechos nos afectaron íntimamente”, explica el escritor. Sobre esto trata El ruido de las cosas al caer, que han acogido muy bien en Colombia, y a la que el autor considera su novela “más internacional”.

“Me he topado con situaciones que están muy presentes en el subconsciente de todos, especialmente de los españoles que vivieron la década de mayor actividad de la banda terrorista ETA”.

Juan Gabriel Vásquez salió de su Bogotá natal para poder ser escritor, para crecer en un mundo literario en el que es tan complicado hacerse un hueco y mantenerlo.

“Yo estaba estudiando derecho en Bogotá, cuando comprendí que lo mío era la literatura, era una obsesión que me estaba devorando y quería hacer de ella el centro de mi vida”, recuerda.

“La literatura es una actividad que no permite ser compartida, incluso si para ello tienes que abandonar tu país. En mi caso, lo más difícil fue renunciar a la certidumbre”, dice Vásquez, hijo de abogados, que no seguiría un cómodo destino que le llevaría a dedicarse a la profesión de sus padres. “Lo que me hizo fácil marcharme de Bogotá fue la violencia y la vulnerabilidad con la que llevaba conviviendo 15 años”.


Barcelona, su otra casa
Barcelona le ofreció la oportunidad de vivir de la literatura, donde vive desde hace 12 años después de una temporada en Francia y Bélgica, porque la capital catalana se convirtió a finales del siglo XX y principios del XXI en una ciudad de escritores, como lo fuera París anteriormente, parada obligatoria para autores como Mario Vargas Llosa o Gabriel García Márquez. Del peruano Vargas Llosa señala precisamente que fue muy importante para él en el momento en el que decidía que dejaría su país.

“Los barceloneses no son gente abierta por definición y eso para mí es una gran virtud. Allí he construido grandes amistades y la gente se ha portado muy bien conmigo, pero hay una prudencia que es muy útil porque la gente te deja un espacio privado, necesario para un escritor”, dice.

Ese espacio privado y esa distancia geográfica y temporal de Colombia le llevo a descubrir que no entender su país era la mejor razón para escribir sobre él, porque considera que la novela “es un acto de averiguación”.

“La posibilidad de escribir sobre mi país me la dio el haberme ido. Colombia es un lugar lleno de zonas oscuras, como todos nuestros países hispanoamericanos, lleno de tensiones no resueltas”, dice a Sí el autor, que ha decidido llamar a una de las partes de la novela Somos todos escapados, haciendo referencia al hastío que sentía la estadounidense Elaine Fritts, una de las protagonistas de la obra, por su país natal, y que le llevó a abandonarlo e instalarse en Colombia, un símil con el hastío que llegó a sentir Vásquez en su momento.


Y aunque esta novela puede parecer dura e incluso llega a destacar por la crudeza de algunas situaciones, en ella se respira un amor por Bogotá, un enorme vínculo, a pesar de todo, entre el autor y la ciudad en la que creció.  “No se escribe una novela entera sobre algo que no te interesa”, sentencia.