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viernes, 18 de marzo de 2011

Bandas Sonoras #1#: AMÉLIE, de Yann Tiersen


Hoy os traigo, por primera vez a CAJÓN DE HISTORIAS, la Banda Sonora de una película. Y, como no podía ser de otro modo, qué mejor manera de comenzar esta sección con la música de un genio, al que tuve la oportunidad de ver en concierto hace unos meses, Yann Tiersen, quien puso música a una de las películas más bonitas de los últimos tiempos: Amélie, una de las pocas películas a las que he otorgado las cinco estrellas. 

Una banda sonora que empieza con J’y suis jamais allé (Nunca he ido allí), toda una paradoja, porque desde que suena el primer acorde te lleva a París, al París de los acordeones y los violines, al Sacre Coeur, a la Ciudad de la Luz, cuna de artistas, llena de rincones de belleza, donde tuvieron lugar algunas de las más bellas historias de amor, como aquella de la joven Amélie, que soñaba y sonreía y hacía tanto bien.

Yann Tiersen en estado de gracia concibió mi banda sonora favorita, porque con su música sigo emocionándome, incluso años después de aquella primera escucha, emocionándome en una sensación que me envuelve y me agranda y me llena los ojos de brillo. Y porque gran parte del éxito y la belleza de la película radica en su música, siempre presente, compartiendo protagonismo con Audrey Tautou y con el director Jean-Pierre Jeunet.

Un álbum sin desperdicio alguno, una obra maestra, un virtuosismo al alcance de muy muy muy pocos, como del que hace gala en los temas La noyée, Les jours tristes o Comptines d'un autre été. Una alegoría nostálgica del amor utópico, un hermoso canto a la melancolía.

Os dejo dos vídeos que merece la pena ver y, sobre todo, escuchar: 

domingo, 21 de noviembre de 2010

Yann Tiersen en concierto

Yann Tiersen emociona a Madrid

Tenía una espinita clavada. Cuando vivía en Montpellier, el músico francés Yann Tiersen dio un concierto en la sala Rockstore, en la que pasé después unas cuantas noches míticas, tantas risas con gente especial a la que me unen vínculos que ni el tiempo ni la distancia podrán destruir, aunque de algunos lo que quede sea ya únicamente el vínculo del recuerdo.

No fui a ese concierto en Montpellier, no sé muy bien por qué, quizá por el dinero que costaba la entrada, yo era estudiante por aquel entonces (en realidad lo sigo siendo, aunque ya no estoy matriculado en ninguna universidad, de estudiar no sé acaba nunca...), quizá porque no sabía demasiado de Tiersen, pero el caso es que no fui. Una amiga, que sí lo hizo, me dijo tras el concierto que Yann Tiersen era un semidios, que sólo le faltaba ser inmortal para ser un dios.

Y después escuché una y otra vez la Banda Sonora de Amélie, mi banda sonora favorita de todos los tiempos, que me pone los pelos de punta y me entran ganas de llorar con sólo escuchar los primeros acordes, lágrimas de emoción mezcladas con melancolía de un tiempo pasado que ya no volverá, lágrimas de felicidad que no llegan a brotar nunca, porque los chicos no lloran, como dijo Miguel Bosé. Y escuchando a Yann Tiersen y pensando en aquel concierto al que no fui, se me clavó una espinita.

El pasado martes, cuatro años después, me la quité. Yann Tiersen venía a mi Madrid para abarrotar La Riviera, testigo de otras cuantas noches míticas. Es lo que me gusta de la capital, que respira cultura, que la gente se mueve tanto, que no para de moverse, que paga por disfrutar de ella, porque la cultura es un bien por el que merece la pena pagar. En cada esquina hay conciertos, ciclos de cine, exposiciones de fotografía. También hay muchísimas  actividades gratuitas. Pero Madrid no te pone las cosas fáciles, no te arrastra hasta ellas, sino que exige que los ciudadanos formen parte activa de la ciudad. Y no es válido el letargo. Hay que moverse, buscar, seleccionar... y entonces se consigue respirar esa cultura que exhala la ciudad por los cuatro costados.

Yann Tiersen llegó a Madrid para emocionar aquí también. El multiinstrumentista se aleja de los circuitos comerciales, no le hacen falta y no los quiere. Y sin detenerse apenas en la banda sonora que le otorgó el reconocimiento mundial consiguió que el público aplaudiera entusiasmado. Tiersen presentó Dust Lane, su último trabajo en el que explora nuevos sonidos, más oscuros, mucho menos luminosos que aquellos de Amélie. En el escenario estuvo acompañado por una banda de músicos que le dieron al conjunto un sonido compacto. La mayoría de las nuevas canciones tienen un crescendo que eleva la musicalidad y hace que explosionen en un apocalipsis de sonidos que aceleran el pulso.

No estoy seguro si es un semidios, como decía mi amiga, pero sí sé que cada vez que cogía el violín conseguía que naciera esa magia especial, que la ruidosa Riviera callara para escuchar, respetar y disfrutar con su virtuosismo. Calidad superior.

sábado, 17 de julio de 2010

AMÉLIE, de Jean-Pierre Jeunet

Amélie… El fabuloso destino de Amélie Poulain…

La volví a ver hace unos días, rescatándola del cajón. Era la tercera vez y sigo fascinado con su historia, con sus colores y con su música. Sobre todo con su música compuesta por el gran Yann Tiersen. Cuando vivía en Montpellier dio un concierto allí, y me arrepiento tanto de no haber ido… Una amiga, que sí fue me dijo: “Tan sólo le hace falta ser inmortal para ser un dios”. Y es que sin duda es un maestro. Tiersen ha compuesto una de las Bandas sonoras más bonitas de todos los tiempos, cuyos acordes suenan a París, y el sonido del violín ya me pone los pelos de punta.

Ganadora de 4 premios César (incluyendo Mejor Película y Mejor Dirección), 2 premios Bafta (Mejor guión y Mejor Diseño de Producción) y nominada a 5 premios Oscar, Amélie se convirtió además en uno de los grandes éxitos comerciales de 2001, y ocupa desde su estreno un lugar importante en el mundo del cine. Sin duda, no es una de esas películas que caen en el olvido.

La manera que Jean-Pierre Jeunet tiene de contar la historia de Amélie es fabulosa, de ahí su título, las pequeñas manías de los protagonistas, lo que les gusta y lo que no. Los secretos de su vida, sus alegrías y sus desgracias y sus miserias. La protagonista (interpretada por Audrey Tautou, en uno de sus papeles más carismáticos) decide que cambiará la vida de los demás el día que Lady Di fallece en París, porque justo encuentra una pequeña caja con los tesoros de un niño. Ella busca al adulto que fue aquel niño y le hace llegar aquel pequeño cofre del tesoro de una manera inesperada y mágica. Y a partir de ahí hará más felices a todos los que la rodean. Y sin darse cuenta, se verá envuelta en una historia de amor igualmente mágica y fantástica.

Amélie llena de tonos rojos y verdes, de sonrisas amables, de fantasía y de una vida llena de alegría y felicidad que consigue transmitir y embriagar al espectador. Amélie llena de un amor tierno y completo. Amélie llena de música. Inolvidable.

Sin ti, las emociones de hoy no serían más que la piel muerta de las de ayer