Vuelvo a acercarme a la obra de Saramago, esta vez gracias a la iniciativa de Offuscatio, que sorteó un ejemplar de La muerte de Ricardo Reis y propuso una lectura conjunta. Gran acierto. Gran acierto porque la pluma de Saramago siempre te lleva por caminos desconocidos y hermosos.
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| Fernando Pessoa |
La novela empieza cuando el doctor Reis regresa a Lisboa tras un exilio en Brasil. Reis que regresa cuando sabe que Fernando Pessoa ha muerto. A su llegada al continente europeo se encuentra con una ciudad en la que el autoritarismo gana espacio por segundos, en la que se exaltan los bienes del fascismo, mientras que en las calles la miseria no se esconde y los pobres se pelean por un plato de comida. Reis instalado en un hotel donde conocerá a Lidia, una de las empleadas con la que pronto entabla una historia carnal. Y donde también conoce a Marcenda, una huésped eventual del hotel Bragança, aquejada de una parálisis en la mano, que le inspira un sentimiento cercano al amor. Una historia a tres en la que el fantasma de Pessoa, que dispone de nueve meses antes de dejar definitivamente el mundo de los vivos, no deja de aparecerse a Reis para invadir con su lucidez todo el espacio. La misma lucidez que nos regala siempre Saramago en sus obras.
Un retrato certero de una Lisboa gris y taciturna, una Lisboa cargada de saudade, que finge ser grande en el fascismo en esos años 30 del siglo XX tan turbios, en los que Alemania, Italia y España también sucumbían a las mentiras para desencadenar la barbarie y la estupidez. Una Lisboa que adquiere, a pesar de todo, una grandeza gracias a la sencillez y a la autenticidad de los lisboetas.
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| José Saramago |
Saramago despliega una vez más todo su carisma narrativo, haciendo sencillo lo complejo. Un estilo cargado de lirismo, de profundidad y de belleza, capaz de describir un beso durante dos páginas enteras (págs. 296 y 297, Punto de lectura) con tal maestría que el corazón se acelera y los ojos se empañan de lágrimas.
Una novela imprescindible que habla de la soledad, del arrepentimiento, del tiempo. Del yugo de la religión, del autoritarismo febril que se apodera de las mentes huecas. Una novela ambiciosa, ambiciosísima, que consigue desasirse de las etiquetas mediocres para convertirse en una obra capital de la Literatura con mayúsculas.
Uno de esos pocos libros para leer despacio, con un lápiz en la mano, para que las palabras hermosas no se diluyan en el mar de letras, para que la razón, que tan adormecida vuelve a estar en estos tiempos, se despierte y pellizque el sedentarismo mental inicuo que gana terreno por días en este mundo que quiere ir más deprisa de lo que debería.
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