Sigo sorprendido de encontrar títulos como este entre los nominados a los Premios Oscar. Pero es que además, en esta ocasión, la cinta ha conseguido nada más y nada menos que seis nominaciones, lo que me parece un despropósito que roza lo vergonzante.
Moneyball entretiene y gusta. Se ve y después se olvida. Se usa y se tira. Es una americanada festiva, con himno nacional incluido, un producto yanqui manido y encorsetado, una prolongación de esas películas desfasadas de los años ochenta y noventa del siglo XX que enaltecían el american dream. Pero es que ya ese dream no se lo cree nadie. Y lo peor, intenta desasirse de esas etiquetas y revestirlas de actualidad en este siglo XXI inmerso en una parálisis social, económica y casi cultural.
Puede que este disgusto que siento sea producto de las altas expectativas, de los elogios eternos que ha despertado, pero, aunque pueda parecer esta una crítica excesivamente negativa, he de reiterar lo que decía en el párrafo anterior, que Moneyball entretiene. Igual que puede entretener Gran Hermano 12+1, sumiendo al espectador en una especie hipnosis, pero poco más. Muchos dicen que no es sólo una película sobre beisbol, que no es la típica película en la que un equipo parece que va a perder y luego resulta que gana. Entonces, ¿Qué es lo qué he visto yo? Vale, sí, no cae en la evidencia más absoluta pero me niego a elogiar “esto”.
Si tengo que elogiar, elogiaré a Brad Pitt. No demasiado tampoco, no crean. No es su mejor papel, aunque está efectivo y lucido. Pitt sabe lo que hay que hacer y lo hace, y eso ya es mucho. Junto a él, un también práctico Jonah Hill, en un papel que parece que le viene como anillo al dedo. Ambos consiguen elevar esta película, aunque desde mi punto de vista sus papeles adolecen de una estereotipia bastante mediocre. En cuanto a Phillip Seymour Hoffman, me sorprende que un actor de su categoría se preste a hacer papeles tan pequeños y tan simplones. Si yo fuera él, y tuviera una categoría profesional como la suya, jamás hubiera participado en Moneyball. Me hubiera gustado escribir que Brad Pitt merecía ese Oscar al que está nominado, porque es un actor al que admiro, un actor que, como ya he dicho en otras ocasiones, ha ido mejorando con los años. Pero, a pesar de su buen trabajo, no merece ese premio, no, no y no.
Con los visionados de La red social y Moneyball tengo una cosa clara: no me gustan los guiones de Aaron Sorkin, esos que tanto alaban, porque intentan crear héroes, pero son héroes de cartón, que se los lleva el viento cuando sopla, héroes que se regocijan de su propia dignidad pomposa, lo que me produce un rechazo nauseabundo. Héroes que tienen nombre y apellido en el mundo real, héroes que necesita un colectivo deprimido. Yo, no.
Más de Brad Pitt en CAJÓN DE HISTORIAS:


