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martes, 28 de febrero de 2012

PREMIOS OSCARS 2012: El éxito de la nostalgia


 - La francesa The artist, se convierte en la triunfadora de la noche, con cinco galardones, incluidos Mejor Película, Director y Actor Protagonista.
- Cinco premios también, pero que saben a poco, para La invención de Hugo, puesto que son en categorías técnicas.
- Meryl Streep se alza con la tercera estatuilla de su carrera.
- Chico y Rita y Alberto Iglesias se vuelven a España sin premio.


Los académicos han premiado a la nostalgia, pocos han sido los destellos de actualidad en esta edición en la que se ha vuelto la vista atrás para premiar a The artist en las categorías principales: Mejor Película y Mejor Director para una película en blanco y negro, muda, y francesa. También en Francia y también un elogio al inicio del cine es La invención de Hugo, que ha arrasado en las categorías técnicas. Y por premiar al pasado, se ha premiado incluso a Meryl Streep por su papel de Margaret Thatcher, una dama de hierro que brilló en los años ochenta, y a Octavia Spencer, una de esas criadas negras que hace más de medio siglo lucharon para poder ser señoras. Hasta Woody Allen se ha llevado su Oscar al Mejor Guión Original por Midnight in Paris, esa alegoría a que cualquier tiempo pasado fue mejor.


Esta edición nos ha dejado un palmarés predecible. Y eso la ha convertido en aburrida y falta de emoción. Al menos, falta de sorpresas. Sorpresa hubiera sido ver a Glenn Close subir a recoger una estatuilla, ver a Bérenice Bejo desbancando a Octavia Spencer. Incluso ver como una película como Los descendientes se alzaba con los galardones principales. Pero no ha sido así. Y me alegro, porque he acertado casi todo, sí, pero es que era fácil acertar una quiniela. Mi error más grande fue confiar que los académicos no premiarían a Michel Hazavicius por The artist, que se impondría un veterano, uno de los grandes como Martin Scorsese. Porque, ¿quién es Hazavicius? Sorprende que un director desconocido y que recibe elogios por primera vez entre el selecto club de los galardonados con el premio más importante del mundo del cine. El año pasado también aposté por David Fincher, y fue el novato Tom Hooper quien venció. Pero ambos, Hooper y Hazavicius, incluso con Oscar, tienen mucho que demostrar todavía.


Estoy especialmente contento por Meryl Streep y su tercer Oscar, un premio que se le ha resistido, que, por su calidad interpretativa, debería haber llegado antes. Meryl, de miradas y rotunidad incuestionable, una de las mejores actrices de todos los tiempos, que agradeció, antes de todo, a su marido, porque se le suele dejar para el final, cuando ya está sonando la música, y ya no escucha bien.

También me hace especial ilusión el premio al francés Jean Dujardin, un actor que parece sacado de otra época, de la época de los galanes de Hollywood. Dujardin que ha sellado la mejor interpretación masculina del año, fabuloso con sus gestos, por decir tanto sin decir nada.


Y en cuanto a los secundarios, me alegro mucho también por Octavia Spencer, que derramó lágrimas, y por Christopher Plummer, que estuvo gracioso y cercano. No ha sido un año de grandes obras maestras, pero está claro que los académicos han premiado lo mejor, y cuando gana lo mejor, ganamos todos. 

viernes, 20 de enero de 2012

THE ARTIST, de Michel Hazavicius


¡Bienvenidos al mayor espectáculo del mundo! ¡Qué alegría cuando el cine se viste de gala y nos regala obras como esta! Y es que The artist es una película fuera de lo común, cinéfila por los cuatro costados, clásica por todos los poros y melancólica de principio a fin. Eso sí, de una melancolía nada común, una morriña alegre de un tiempo pasado que ya creíamos que no era más y resulta que sí, que nosotros, los humanos del siglo XXI, hemos presenciado en las salas de cine el estreno de una película muda. Bueno, casi, que a alguien se le escapa una palabra en algún plano. 

The Artist es como Cantando bajo la lluvia pero sin palabras, sólo con una música preciosa que la viste. Nos cuenta la historia de un actor de éxito que ve como la industria de Hollywood le excluye cuando el cine sonoro irrumpe y arrasa con todo lo anterior. ¡Qué grande Jean Dujardin! Salió triunfante del Festival de Cannes, ganó un Globo de Oro el pasado domingo y, que tiemblen George Clooney, Brad Pitt y Leonardo Dicaprio porque este actor francés que nunca ha salido de su país natal se vestirá de gala el próximo mes y pisará la alfombra roja de Hollywood con ganas de subir a recoger el Oscar, el premio más importante del mundo del cine. Grande Dujardin con sus gestos, con su señorío y una galantería en peligro de extinción, grande con su sonrisa de cine y su estrella. Una de las mejores interpretaciones masculinas que he visto en los últimos tiempos, una maravillosa manera de decirlo todo sin decir ni una palabra. 

Acompañándole Bérenice Bejo, una actriz desconocida para el público internacional que nos ha dejado a todos con la boca abierta gracias a ese derroche de energía, a ese volcán en erupción que llena la pantalla con los movimientos de su cuerpo y con la expresividad de sus ojos. Ambos son el alma y el corazón de esta película, dos actores de primer nivel que hacen fácil lo difícil, que ejecutan con maestría un papel lleno de complejidad física y emocional. 

Y junto a ellos, junto a los actores, una música inolvidable, porque The artist no deja de sonar, pero cuando la tensión alcanza su punto más álgido se nos regala la extraña sensación del silencio, de un silencio en la sala de cine al que estamos poco o nada acostumbrados, a un silencio absoluto que impide casi respirar. 

Me alegra que el cine francés, Michel Hazavicius en este caso, haya parido una película como esta, una película mágica por conseguir lo que habíamos perdido, por rescatar lo olvidado que, quizá no guste a todos, pero es que el cine, cuando es arte, no está al alcance de todo el mundo, pese a quien le pese, productores incluidos. Y con todo, esta película es ya todo un éxito comercial, porque en la mayoría de las ocasiones ha llegado al corazoncito del espectador, ha inundado su retina e inflamado su sonrisa. En definitiva, una oportunidad para escapar de este hoy tan espeso y disfrutar de un ayer que por fin no es rancio y lleno de guerras y postguerras, sino alegre y glamouroso, que suena y suena y se te queda dentro.