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jueves, 23 de febrero de 2012

LA INVENCIÓN DE HUGO, de Martin Scorsese


Cuesta escribir una crítica cuando los cinéfilos se han posicionado en bloque a favor del último filme del prestigioso director Martin Scorsese. Pero me cuesta más ser políticamente correcto por el simple hecho de que mis palabras puedan disgustar. Al fin y al cabo, CAJÓN DE HISTORIAS es un espacio de opinión, perfecto para compartir distintas sentencias desde el respeto y crear un debate enriquecedor. Por eso, esta crítica a La invención de Hugo será más negativa que positiva. Puede que las buenas y las malas palabras se equilibren, porque la película tiene una diferenciación muy marcada entre la línea argumental y la técnica, pero claro, el balance final es negativo, porque la parte artística pesa más, a pesar de su belleza visual.

La vi en un pase matinal para prensa. A los cuarenta minutos había bostezado ya tres veces. A la hora y cuarto miré a mi compañero y levanté la mano con el pulgar hacia abajo, ya saben lo que significa este gesto. Desde ese momento preciso, comenzó a mejorar bastante, aunque claro, imposibles de olvidar eran ya esos bostezos. Al salir de la sala, lo primero que escucho es decir a uno de estos críticos de siempre, estos de gafas de pasta pegadas a la sien desde mucho antes de que el término “gafapasta” existiera, un crítico, porque no decirlo, de estos algo rancios, que la película era “un homenaje al cine precioso”. Y sí, indiscutiblemente es un bonito tributo al cine. Pero este año, con La invención de Hugo y The artist he llegado a la conclusión de que hacer una manifestación de amor al cine de otro tiempo es un requisito fácil para meterse a los cinéfilos en el bolsillo. El año pasado ganó el Goya al Mejor Cortometraje Documental Memorias de un cine de provincias, un corto que era un halago al cine desde sus inicios. Un Goya me parece excesivo. Y en este sentido, me parecería excesivo que se le diera el Oscar a la Mejor Película a La invención de Hugo, cuando no ha conseguido removerme las entrañas, ni hacerme llorar, ni reír, ni producirme la fascinación que produce el cine con mayúsculas.

Auguro el éxito en los premios técnicos: Montaje, Dirección Artística, Efectos visuales y sonoros, incluso fotografía, con permiso de El árbol de lavida. Es una preciosidad visual, sí, y quién puede dudar de la mano maestra de Scorsese, que se ha esforzado para que el 3D sea 3D de verdad. Una película que trascurre en un París que suena a París, que intenta parecer la ciudad del amor aunque es demasiado evidente que no lo es.

La película está protagonizada por niños que me parecen demasiado sobreactuados, gracias al cielo que entre ellos destacan las tablas de Ben Kingsley, que da vida al mítico Méliès, creador de sueños imposibles. Pero hoy todos estamos acostumbrados a esa luz y a esa magia, por eso quizá La invención de Hugo no encaja conmigo, porque la magia, si no viene acompañada de un muelle que me haga dar un pequeño bote en mi butaca, un pequeño bote emocional, un sobresalto, no termina de convencerme. 

En definitiva, un Scorsese desconocido para todos, más épico si cabe, más romántico y menos Scorsese. Yo me quedo con su faceta más vertiginosa, con sus Infiltrados, incluso con Shutter Island. Ese es mi dictamen. La invención de Hugo es un hermoso homenaje al cine, sí, de eso no cabe duda, pero a mí no me basta con eso, y es una película que me transporta por caminos rectos, sin recovecos, que sé adónde me llevaran sin sorprenderme, que se pierde superponiendo historias dulzonas, creadas para complacer. Regresa, Scorsese, regresa.


Sígueme en Twitter: @ismaelcruceta 

domingo, 25 de abril de 2010

SHUTTER ISLAND, de Martin Scorsese

El tándem Scorsese-Dicaprio vuelve a funcionar en esta película de impecable acabado, imposible dudar de la calidad del aclamado director norteamericano, que ha conseguido esta vez rodar un film meticuloso y comercial a partes iguales, con una música provocadora y unos movimientos de cámaras inestables e hipnóticos, pero absolutamente imprescindibles.

Shutter Island comienza cuando dos agentes judiciales son destinados a una isla en la que se encuentra un hospital psiquiátrico con el fin de investigar la desaparición de una peligrosa asesina. Sin embargo, ambos agentes se verán envueltos en una trama para impedirles salir de la isla...

Este thriller psicológico, además de por la maestría de Scorsese, destaca por sus giros de guión, que mantienen al espectador atento a cada detalle. Todo un reto el que se propone al espectador si quiere no dejarse atrapar y sí descubrir qué está pasando en Shutter Island.

Le pondría tres estrellas y media, porque tres me parece poco y cuatro me parece demasiado, pero me decanto por 3*** porque:

Scorsese sabe qué recursos utilizar para manipular al espectador a su antojo, incluso si para ello tiene que jugar sucio. La descarga de adrenalina y toda la vorágine que envuelve a la película es, en algunas partes, artificiosamente forzada, aunque el fin último (conseguir tal descarga de adrenalina y desasosiego) se consigue, por supuesto. Ya lo dice el refrán: Sabe más el diablo por viejo que por diablo. Y en veteranía hay pocos que ganen al maestro Scorsese.
Leonardo Dicaprio lo hace bien en un papel de gran complejidad, vuelve a demostrar que es capaz de llevar el timón en una gran película (tal y como sucede en El aviador o Diamante de sangre) pero le sigo encontrando forzado en algunas secuencias (como en Revolutionary road, no está a la altura de los más grandes).

Mark Ruffalo vuelve a estar correcto en su papel secundario pero no consigue brillar con luz propia. Afirmación igual de válida para Ben Kingsley y Michelle Williams.

Con todo, merece ver la pena esta película inquietante con un guión atractivo y una atmósfera tan oscura como sorprendente. Narrativa cinematográfica con mayúsculas.

lunes, 21 de septiembre de 2009

ELEGY, de Isabel Coixet

Basada en la novela Un animal moribundo de Philip Roth, trata sobre la historia de amor entre un carismático profesor y su alumna Consuela. Elegy pretendía ser la película más comercial de Coixet. Sin embargo, todo en ella es demasiado pretencioso, el sentimentalismo demasiado forzado, la ironía fracasa y las buenas intenciones de la directora desembocaron en una amalgama de gestos, palabras y planos fallidos.

Coixet demostró al mundo que es una directora demasiado intimista para hacer cine por encargo, y que sus películas pueden gustar o disgustar, por dramáticas, por espesas, pero su sello es inimitable y eso las hace GRANDES, y en Elegy perdió su identidad.

En cuanto a los actores, Ben Kingsley hace una interpretación correcta, él el motor central del film y el único que consigue hacer olvidar al espectador en algunos instantes las carencias del film.

Penélope Cruz, por su parte, hace una interpretación muy floja, sin carisma ni gracia, ni tampoco belleza ni luz, evidenciando lo perdida que se queda cuando un director de cine no sabe encauzar su interpretación. Una lástima, ya que cuando sacan lo mejor de ella (Volver, Vicky Cristina Barcelona) brilla su gracia, su carisma y su luz.

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