Fui a ver esta película hace dos semanas, en Ciudad Real, en la única sesión en versión original disponible. Una película de tres horas que empezaba a las nueve de la noche de un martes. Y la sala estaba llena, llenísima, tanto que me toco verla desde la Fila 1. Una pantalla tan grande que para ver algunas escenas completas tenía que mover la cabeza de un lado para otro, como en un partido de tenis. Y a veces me daba la sensación de que me iba a llegar algún escupitajillo de Leonardo Dicaprio, de tan cerca que le tenía. Pero mereció la pena. Porque El lobo de Wall Street nos devuelve al mejor Scorsese después de la ñoña La invención de Hugo, que sería un bonito producto para cinéfilos, no lo niego, pero que me aburrió de una manera soberana. Y porque El lobo de Wall Street nos ofrece al mejor Dicaprio que hemos visto hasta la fecha, y eso que en alguna ocasión le hemos visto ya destacando mucho.
Es la historia de Jordan Belfort, que entró a trabajar durante un período breve de tiempo en Wall Street para después montar su propia empresa bursátil con la que no quería necesariamente que sus clientes obtuvieran las ganancias más seguras, sino que lo importante era que él y sus empleados ganaran dinero a toda costa. Digamos que una manera de verlo podría ser la siguiente: "robar al ladrón te hace menos ladrón". Algo así pensaría Belfort. O tan siquiera, porque a lo largo de la peli se demuestra que no tiene escrúpulos. Pero no crean que estamos ante otra película aburrida sobre Wall Street y tal y tal, no. Esto es otra cosa: es desenfreno, es un enano que va a ser lanzado como proyectil (la mejor conversación que hemos visto en el cine esta temporada), es droga hasta decir ¿basta?, es sexo a todas horas. Dios, y cómo se disfruta viendo a Leonardo Dicaprio y a Jonah Hill desfasando de esa manera, qué excesivo es todo.
Martin Scorsese vuelve a hacer de las suyas con esta película brutal, al borde de lo que un espectador soporta, o mejor, metiendo al espectador en esa espiral de excesos hasta el punto en el que ciertas escenas brutales no sorprendan tanto como deberían porque ya te has acostumbrado.
Leonardo Dicaprio se entrega en el mejor papel de su carrera hasta la fecha y es todo un lujo verle en un registro diferente al de Shutter Island u Origen, y hacerlo tan bien, demostrando una vez más que es uno de los mejores de su generación. La escena en la que, debido a una droga, su cuerpo se queda paralizado y tiene que arrastrarse hasta el coche es de las más divertidas y bestias que recuerdo. No pocas veces, durante la proyección, sacudí la cabeza, entre escandalizado y fascinado. Lo digo ya, quiero que el Oscar a Mejor Actor sea para él.
A Dicaprio le secundan Jonah Hill, también en su mejor papel hasta la fecha, más al límite incluso que el protagonista en algunos momentos, tan al límite que le vemos masturbándose, bajo los efectos de las drogas, en medio de una fiesta. También hay que destacar a Matthew McConaughey en un pequeño papel al principio del fin, un yonqui con traje y corbata, a Margot Robbie, perfecta es su papel de rubia interesada; o al oscarizado Jean Dujardin en el papel de un miserable banquero suizo (Sé que sobra el adjetivo miserable porque... ¿acaso no son miserables la mayoría de los banqueros... y de los suizos?)
El lobo de Wall Street es una película agotadora, es otra vez una crítica a la corrupción en Estados Unidos, pero contada mejor, con el pulso firme del maestro Scorsese sosteniendo la cámara, y más divertida. Tres horas de puro cine.
Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria
Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria





