Durante todo el tiempo que he estado en Bolivia he intentado acercarme a la literatura del país, tan desconocida generalmente a nivel internacional. Ya os presenté obras de otros escritores bolivianos: la maravillosa Río Fugitivo, de Edmundo Paz Soldán, la certera El lugar del cuerpo, de Rodrigo Hasbún, o la popular (con perdón de la palabra) Borracho estaba, pero me acuerdo, de Viscarra. La que os traigo hoy está escrita por Sisinia Anze, una cochabambina a la que tuve la ocasión de conocer y que me dedicó amablemente este libro. Me decidí a leerla después de conocer el argumento: un joven minero orureño se compra un abrigo que perteneció al mismísimo Adolf Hitler, y desde ese momento empieza a sentir cosas extrañas, como si un demonio se hubiera apoderado de él.
Parte de la novela está ambientada en la mencionada ciudad andina, en nuestros días, con el sol de Oruro que quema por la mañana y en el frío de sus noches que hiela los huesos, con sus mineros que siguen haciendo ritos (como sacrificar una llama) para que los demonios o dioses de la mina les protejan. La otra parte nos lleva de viaje en el tiempo hasta la Alemania nazi, hasta los últimos tiempos de ese régimen dictatorial que acabó con la vida de tantísima gente en Europa.
La novela combina la fantasía con personajes que existieron en realidad, con sucesos que probablemente también ocurrieron. Bien documentada, Anze es capaz de llevarnos a su antojo de un lugar a otro sin problemas. Para ello recurre a utilizar bolivianismos en la parte ambientada en Oruro, y un castellano más neutro en la parte que tiene lugar en Alemania. Eso facilita mucho al lector seguir con una historia bien engarzada, fácil de leer y con un punto álgido gracias al relato que tiene como protagonista a Danka, una niña que fue llevada a un campo de concentración y torturada hasta la muerte. La autora consigue con esta pequeña historia, bien insertada en el conjunto de la obra, transmitir todo el horror de ese momento histórico que marcó todo un siglo, el XX.
El abrigo negro es una historia que tiene un argumento entretenido, con un tono muy didáctico para aquellos interesados en conocer los ritos ancestrales de los indígenas bolivianos que han permanecido vivos durante siglos, y para aquellos que quieran acercarse a los sucesos que llevaron a Europa a la peor guerra que ha tenido lugar en la historia de la humanidad.
Sin embargo, no puedo dejar de mencionar en esta reseña dos aspectos negativos que enturbian la novela. Lo primero es que el lenguaje utilizado, como decía antes, cambia en función de si es el minero orureño el protagonista o si es el propio Hitler, y eso es positivo, sí. Y lo sería con plenitud de no ser porque en la parte boliviana se le ha ido muchísimo la mano a Anze. La familia minera es de clase humilde, con pocos recursos, y con una limitaciones lingüísticas... digamos que su léxico no es especialmente rico y su forma de hablar es repetitiva, sobre todo en el uso (abuso) de la palabra "pues". Es cierto que en esa zona del país se utiliza esa palabra con asiduidad, pero utilizarla dos o tres veces en cada frase dentro de un mismo diálogo me parece excesivo e innecesario, y rompe el ritmo y la naturalidad.
Otro de los errores graves que me he encontrado es que la autora confunde los modos indicativo y subjuntivo, utilizando el primero cuando debería utilizar el segundo. Es un error constante. Y ante esto, ¿qué más puedo añadir?
El abrigo negro es una historia que tiene un argumento entretenido, con un tono muy didáctico para aquellos interesados en conocer los ritos ancestrales de los indígenas bolivianos que han permanecido vivos durante siglos, y para aquellos que quieran acercarse a los sucesos que llevaron a Europa a la peor guerra que ha tenido lugar en la historia de la humanidad.
Sin embargo, no puedo dejar de mencionar en esta reseña dos aspectos negativos que enturbian la novela. Lo primero es que el lenguaje utilizado, como decía antes, cambia en función de si es el minero orureño el protagonista o si es el propio Hitler, y eso es positivo, sí. Y lo sería con plenitud de no ser porque en la parte boliviana se le ha ido muchísimo la mano a Anze. La familia minera es de clase humilde, con pocos recursos, y con una limitaciones lingüísticas... digamos que su léxico no es especialmente rico y su forma de hablar es repetitiva, sobre todo en el uso (abuso) de la palabra "pues". Es cierto que en esa zona del país se utiliza esa palabra con asiduidad, pero utilizarla dos o tres veces en cada frase dentro de un mismo diálogo me parece excesivo e innecesario, y rompe el ritmo y la naturalidad.
Otro de los errores graves que me he encontrado es que la autora confunde los modos indicativo y subjuntivo, utilizando el primero cuando debería utilizar el segundo. Es un error constante. Y ante esto, ¿qué más puedo añadir?



























