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lunes, 12 de octubre de 2015

Película para olvidar | Regresión, de Alejandro Amenábar


¿Seis años esperando para esto? No quiero dedicarle mucho tiempo a esta crítica, porque con un único adjetivo sería suficiente: Patraña.

Pero bueno, para no quedarme en una sola frase, añadiré que Alejandro Amenábar ha realizado una película conservadora tanto en el fondo como en la forma, que no entretiene lo más mínimo, soporífera, previsible, con una Emma Watson en el peor papel de su carrera, sobreactuada como nunca. Una película que en España no aporta nada y en Estados Unidos es otra más del montón. Por lo que no interesa. 

Que sí, que Alejandro Amenábar sabe muy bien donde colocar la cámara, pero no es suficiente, ni mucho menos, y las emociones, sean las que sean, son inexistentes en esta Regresión insoportable. Alejandro Amenábar estafando a muchos millones de españoles que se han dejado cegar por un nombre que prometía y prometía y nos la ha hincado. Esta película no me cuenta nada que me interese, no es ni siquiera terror adolescente, ni hay pasión en ella, ni carne en el asador. En fin, lo dicho, una patraña.

Alejandro Amenábar: este no es el cine español que quiero ver. El cine español que quiero ver es lo que me he encontrado cuando he visto Magical Girl, Loreak, La isla mínima, 10.000 km, Carmina y amén o incluso Ma ma, que reseñaré en los próximos días. Esto ni es español, ni es, por supuesto, séptimo arte. Alejandro Amenábar: no me representas, no nos representas. 


Otras películas de Alejandro Amenábar en CAJÓN DE HISTORIAS:
- Tesis (5*****)
- Los otros (3***) 
- Mar adentro (5*****) 
- Agóra (3***) 

Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria

viernes, 19 de septiembre de 2014

CRÍTICA | BOYHOOD (Momentos de una vida), de Richard Linklater


Rodar la vida. Eso es lo que se propuso el certero Richard Linklater con este proyecto que ha tardado 12 años en dar forma, rodando de a poquitos, viendo crecer a sus actores y conformando unos personajes a los que la palabra "personaje" les queda muy pequeña, de vivos que están. 

¿Y sobre qué trata Boyhood? Sobre las mudanzas, entendidas como transiciones. También sobre los afectos que se crean y se rompen. Sobre el amor y sobre el desamor. Sobre nada demasiado fascinante, tampoco. Pero precisamente ahí es donde radica la esencia de una película que, sin contar nada, lo cuenta todo. Linklater consigue crear tensión y provocar emociones sólidas en el espectador, hacerlo desde la nada, de manera casi imperceptible. Y después de casi tres horas de metraje uno sale de la sala de cine con la sensación extraña de haber visto una película aparentemente como todas que tiene algo que la hace muy especial, ¿pero qué es? Es difícil de explicar, porque ese punto que hace diferente a Boyhood varía según cada espectador, pero posiblemente todos, con un ápice de sensibilidad, sabrán encontrarse en alguno de los momentos de esa vida: en el amor de hermanos, en los padres separados, en las ilusiones por un gobierno diferente, en las despedidas y los nuevos encuentros, en el esfuerzo por lograr algo. Y todos, absolutamente todos los espectadores, deberían aplaudir esa manera sutil y sublime de enfrentarse al paso del tiempo. 


Ahí un momento en Boyhood, casi al final, en el que el personaje de Patricia Arquette, la madre, rompe a llorar. Son lágrimas inesperadas, que no vienen motivadas por un suceso trágico, ni siquiera especialmente dramático. Pero es muy factible que, sin darse demasiada cuenta, el espectador sienta "que se le ha metido algo en el ojo", que le sacuda un viento y acompañe a esa madre en sus lágrimas por la vida que avanza, a veces, sin que nos demos cuenta. Vida, vida, vida, ¿cuántas veces he escrito ya la palabra vida en esta opinión? Patricia Arquette en la mejor interpretación de su carrera, maravillosa como nunca lo ha estado: logra transmitir esa constancia y esa valentía que caracterizan a su personaje. Arquette es el eje de una historia, la columna vertebral de una familia que no tiene la forma que algunos pretenden imponer. 

El personaje principal es para Ellar Coltrane, que defiende con creces su papel de protagonista absoluto, preservando la mirada intensa y rota desde la infancia, conformándose su carácter especial con el tiempo. Junto a él, la niña, Lorelei Linklater (hija del director) que en la primera parte de la película derrocha desparpajo (pasará a la historia su interpretación de Ops I did it again). Luego está Ethan Hawke, tan apasionado al principio, en una evolución hacia la madurez quizá previsible, para algunos algo triste, pero entrañable de todas maneras, por los cuatro costados.  

Con una narrativa cinematográfica sencilla y precisa, Boyhood es una película necesaria. Vayan a verla, augurarle unas cuantas nominaciones a los Premios Oscar a esta maravilla (Arquette como actriz de reparto y Linklater como guionista y director tienen muchas opciones de premio) no es ser demasiado arriesgado, lo sé. Con premios o sin ellos, Boyhood merece todos los elogios porque el objetivo se cumple con creces: rodar la vida. 

Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria


Entrada relacionada:

viernes, 18 de octubre de 2013

ANTES DEL AMANECER... DEL ATARDECER... DEL ANOCHECER, de Richard Linklater

Tres películas y veinte años para contar una preciosa historia de amor:

Antes del amanecer (1995) comienza cuando Céline y Jesse se encuentran en un tren y deciden viajar para conocer Viena, juntos, una noche, y conocerse. Ella, francesa; él, estadounidense. Es la historia de amor fugaz de un sólo unas horas, pero que deja huella y el sabor dulce para siempre, porque es inmune a la erosión del tiempo, que es cruel y va dejando heridas y después cicatrices. Es una película fresca, con un guión muy elaborado, cargado de diálogos totalmente acertados, y precisamente es ahí donde reside el encanto de Antes del amanecer. Dos burgueses protestones, cargados de sueños y de un mundo mejor, con la herida superficial y dolorosa del primer amor fallido. Una noche irrepetible, inolvidable, que acaba con una promesa de volver a encontrarse en unos meses en ese misma estación de tren donde se bajaron juntos a comerse a besos y a beberse el mundo. 

Los medios de comunicación tratan de controlarnos la mente. Es muy sutil, pero es una nueva forma de fascismo. 

Siempre he tenido este pensamiento paranoico: que el feminismo lo inventaron los hombres para tener más sexo. 

Siempre oigo decir a la gente que el amor es un acto altruista de entrega, pero si lo piensas no hay nada más egoísta.