Mostrando entradas con la etiqueta albert espinosa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta albert espinosa. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de septiembre de 2013

¡¡CAJÓN DE HISTORIAS CUMPLE 5 AÑOS!!


Y no hay quinto malo, dicen los taurinos que por desgracia vuelven a ponerse de moda, y que tenemos que aguantar en la televisión pública, de todos, en horario infantil. Pero no me quiero poner hoy demasiado revolucionario, más que nada, porque mientras leéis estas líneas yo estaré abrazando a mi madre después de muchos meses a más de 9.000 kilómetros. Porque hoy llego a España después de una estancia maravillosa en Bolivia, donde he pasado más tiempo del previsto, donde he aprendido tantísimo profesionalmente y donde he vivido una experiencia personal inolvidable, pegada ya a mi piel, vinculado este hermoso país para siempre a mi vida.

Y mientras me abrazo a mi madre, a mis hermanos, a mi amor, a mi perro y a mi gente, no quiero dejar de celebrar con vosotros, los que llenáis mi cajón de historias, estos cinco años de cultura. De literatura, de cine, de música, de arte y de protagonistas del mes por los que siento especial admiración.

Cinco años en los que este espacio no ha parado de crecer, especialmente durante los últimos doce meses, en los que se llegó al millón de visitas en el mes de marzo y en los que se ha superado ya el millón trescientas mil. Cinco años para conocer a gente, a través de la blogosfera, unos vienen y otros van, pero pocas son las entradas en las que no hay comentarios, superando los 9000 en total, lo que me fomenta a seguir escribiendo, valorando, protestando y recomendado cultura. Porque la cultura nos salvará de la barbarie, pienso, y me sigo aferrando a este pensamiento sin duda alguna. Y algunas de esas personas que forman parte de este espacio tanto como el que escribe estas líneas se han convertido en amigos y amigas de carne y hueso, y me han acompañado en momentos inolvidables, como en la presentación de mi segunda novela, La lágrima de la India, en mi Móstoles, con la que me reencuentro hoy, o en Ciudad Real, con la que me reencontraré en breve.

Cinco años de luces de libertad y de lágrimas que se llaman Anita Reina o Leonardo Soto, esforzándome en demostrar que las lágrimas no son siempre de tristeza. También, por suerte, hay lágrimas de felicidad y lágrimas de bella amistad.

miércoles, 29 de mayo de 2013

BRÚJULAS QUE BUSCAN SONRISAS PERDIDAS, de Albert Espinosa


Albert Espinosa se mantiene fiel a sí mismo en su nueva novela: Brújulas que buscan sonrisas perdidas. Algo más triste, quizá. Porque desde el principio son demasiadas las cosas dramáticas que ha de conocer el lector, sin anestesia, sin preparación. Y ese aire trágico enturbia el aire. Esposas muertas, hermanos muertos, madres muertas. Demasiado horror contado entre la ligereza y la pedantería por el protagonista, Ekaitz.

Estamos ante la historia de un hombre que ha de enfrentarse al pasado y hacerse cargo de su padre enfermo en los que serán sus últimos días. Su padre con el que no ha tenido nunca un vínculo estrecho y con el que la relación es nula desde hace ya mucho tiempo. De toda la novela, es precisamente el encuentro con el padre el momento más fresco, el único que consiguió sacarme una sonrisa. Para el resto de sonrisas ciertamente me hubiera hecho falta el uso de la brújula del título. 

Es un argumento que te va arrastrando, obligando a leer y leer sin descanso. Eso no quiere decir que sea maravilloso, simplemente que está construido para gustar, para devorar. El libro se lee muy fácilmente, rápido, porque Espinosa decide pasar por encima de los hechos, y en varias ocasiones he tenido la desagradable sensación de que el autor ha sido "flojo", como si tuviera prisa por no depurar demasiado esa historia que podría haber sido, si no magistral, sí mejor. Y esos párrafos -párrafos es demasiado, "frases" sería lo correcto- excesivamente cortos no me convencen en absoluto, por no mencionar ese uso deliberado de los puntos suspensivos... (guiño, guiño)

Y después está el "la esencia Espinosa". Los que han leído alguna otra de sus novelas, como Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo, lo saben bien: el autor gusta de crear bellas imágenes y de escribir frases sensibleras que son la delicia de las adolescentes para su perfil de Tuenti.  Siento desmarcarme del torrente de reseñas positivas que pululan por la blogoesfera, pero esto es lo que siento. Quizás hasta le venga bien al autor una reseña así para que los nuevos lectores no tengan las expectativas tan altas y disfruten más de la novela. 

A pesar de estas críticas no del todo positivas, a pesar de las premisas manidas del argumento y de su aproximación a los libros de "autoayuda" que a mí, por supuesto, me llevan a necesitar la ayuda de un profesional (tipo Saramago, ya saben), Brújulas que buscan sonrisas perdidas no es un mal libro, lo puedes leer, entretenerte (que no es poco), finalizarlo e incluso prestarlo, para que otros opinen y se pueda formar un debate. Un debate asegurado, porque no son pocos los seguidores incondicionales de este autor al que hay que reconocer una cosa muy positiva: la conexión con su público.

lunes, 30 de agosto de 2010

TODO LO QUE PODRÍAMOS HABER SIDO TÚ Y YO SI NO FUÉRAMOS TÚ Y YO, de Albert Espinosa

Esta es la primera novela del polifacético, siempre creativo y especial Albert Espinosa, que se puso a la venta el pasado mes de marzo y se convirtió rápidamente en uno de los libros más vendidos del año, gracias en parte al carisma mediático de su autor y a la fuerte campaña de publicidad llevada a cabo por la editorial Grijalbo.

Espinosa nos sitúa en un futuro cercano en el que han inventado unas inyecciones con las que la gente no volverá a dormir. Esto, por supuesto cambia el ritmo de vida y el mundo que hoy conocemos. Marcos, el protagonista de la historia, acaba de perder a su madre, con la que se sentía especialmente unido, y por ese motivo decide comprar las inyecciones y no volver a dormir nunca más. Pero una serie de circunstancias cambiarán su vida en tan sólo una noche...

Lo cierto es que el argumento, la historia que nos plantea el autor me ha parecido buenísima, llena de originalidad y fruto de una enorme creatividad. Espinosa habla de las relaciones materno-filiales, del amor, del sexo, de la importancia del sueño en nuestras vidas, del miedo a la muerte. Una gran cantidad de reflexiones interesantes en tan pocas hojas, siempre con la amenaza latente de dejar poco espacio a la reflexión y aproximándose a la autoayuda de Paulo Coelho y Jorge Bucay -entre otros muchos- que tanto detesto. Y sin embargo la novela, aunque ágil y dinámica no me ha convencido en absoluto por una errónea ejecución. El estilo de Espinosa se aleja de la cursilería y la pedantería, pero tratar temas con tal calibre de profundidad desde la absoluta ligereza no me ha convencido nada.

La novela se lee fácil, entretiene, sin duda es una primera novela recomendable aunque no de esas que dejan poso, al menos a mí no me lo ha dejado. También diré que tiene algunas frases muy bonitas que merecen la pena ser subrayadas y aquí expuestas:
Rompí a llorar. Me encanta esa expresión. No se dice rompí a comer o rompí a caminar. Rompes a llorar o a reír. Creo que vale la pena hacerse añicos por esos sentimientos.