A pesar de que las vidas de estos cinco amigos han tomado ahora caminos separados siguen teniendo un nexo en común: el café y lo que representa para ellos.
Empiezo a escribir esta entrada unas horas después de haber visto este cortometraje por primera vez hoy mismo, mientras tengo todavía una sensación que me oprime el pecho y los ojos inflamados de emoción. Quizás me haya llegado tanto por el cariño que me une a cada una de las personas que han participado en este proyecto. Quizás, o mejor dicho, seguramente, sea porque consigue resumir en tres minutos una parte de mí y el momento actual de mi vida. Porque sí, señores, lo reconozco: soy un adicto al café. Hace unos meses escribí un texto mordaz (no publicado... todavía) sobre unas personas adictas al café y al mate de coca. Un texto lleno de cariño al fin y al cabo porque yo sin mi café no vivo. Hoy me he tomado tres. El primero, en casa, obligatorio. El segundo me lo han subido a una reunión sin ni siquiera haberlo pedido, porque cuando ha pasado la mujer de la cafetería para preguntar qué queríamos era justamente yo el que estaba hablando, y después se ha acercado con una taza y me ha dicho en bajito "señor, para usted un café, como siempre" (en Bolivia siempre me llaman señor, pero eso es otra historia...). Y ese gesto, ese café, me ha hecho sentirme querido en este país que queda a 9000 kilómetros de mi casa. Y el tercero del día en otra reunión por la tarde. Así que definitivamente soy un adicto. Y si mi madre lee esto me llamara para echarme la bronca y decirme "hijo, no tomes tanto café" y yo le diré "que sí, mamá, que vale". Hasta eso echo de menos.
La verdad es que no sé si las cosas más importantes que me han pasado en la vida han sido con un café en la mano, pero sí estoy seguro de que gracias a mi pequeña adicción he pasado momentos maravillosos con mis amigos, con mis hermanos y con mi madre que es la verdadera culpable de que sea un enganchado. Ella lo niega pero he visto con mis propios ojos como iniciaba a mis sobrinos en ese maravilloso ritual que es tomarse un café. Creo que si por ella fuera hasta a mi querido Pharrell le daría su racioncita diaria de cafeína.
Beber café es transportarme a La flecha, al Legan's, al Palace y a tantos otros bares de mi ciudad. Beber café entre confesiones, chismes, risas y lágrimas, dependiendo del momento. Y yo, como dice el protagonista del corto, también sé perfectamente cómo lo toman mis amigos. Cada loco con su tema, ya saben.
Café? es un corto técnicamente cuidado, a pesar de esa categoría amateur en la que está participando en un concurso: los planos del principio, ese pequeño guiño tarantiniano desde dentro del maletero, el movimiento de cámara cuando aparece Isa por primera vez, y la efectiva narrativa cinematográfica para contar esos recuerdos felices. Ni siquiera os invito a votar para que tenga un buen puesto en ese concurso porque una vez que lo hayáis visto sé lo vais a hacer. Gane o no, para mí, lo importante es lo que me ha transmitido.
Una hermosa definición de la amistad en tres minutos. La historia cotidiana y sencilla de cinco amigos, estén donde estén, estemos donde estemos porque, como dice el protagonista, "la vida te sorprende siempre y te lleva por infinidad de sitios y lugares donde no pensarías nunca que vas a acabar. Tal vez solo por un tiempo o tal vez para toda la vida, ¿cómo podemos saber?".
Imposible saberlo, está claro, por eso, mientras tantos, lo único que podemos hacer es bebernos la vida a grandes sorbos... de café. Lo has hecho genial Antonio Godino.
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