Una gasolinera. Una pareja. Un carretera oscura. Un coche que se cruza en el camino. Un accidente. Dos fallecidos. Un cadáver que desaparece. Una casa en la montaña. Un cuerpo desnudo. Un cuchillo enorme. Un caníbal.
Inquietante principio el que nos presenta Manuel Martín Cuenca para lo que él denomina "una historia de amor". Un caníbal frío como el hielo al que da vida Antonio de la Torre: un sastre meticuloso tanto para sus telas como para sus asesinatos, calculador y minucioso. Pero parece que todo cambia cuando aparece en su vida Nina, la hermana de su vecina rumana, desaparecida uno días atrás.
Estamos ante una película que se cocina a fuego lento. Caníbal, en su conjunto, es una película muy cuidada, de hermosa fotografía, donde cada detalle importa, con una estética de orfebrería impoluta y dorada. Imposible no destacar la importancia del sonido y de los silencios. Martín Cuenca demuestra especial habilidad para saber donde hay que colocar la cámara en cada plano, para llevarte por sus caminos a donde él desea. Pero la tensión se diluye en esta cinta, esparciéndose en el aire, fundiéndose en negro como ocurre una y mil veces en la pantalla, rozando el sopor del espectador.
Para la interpretación de Antonio de la Torre, protagonista del mes en CAJÓN DE HISTORIAS, sólo cabe un adjetivo: impecable. Se ajusta a la perfección al conjunto de la película. Frías son sus miradas, su rictus, cada uno de sus movimientos. Un hombre con el corazón helado.
A él le secunda la joven actriz rumana Olimpia Melinte, en un doble papel: el de Alexandra, atractiva y coqueta; y Nina, compugida por la desaparición de su hermana. Es capaz de dar credibilidad a ambos papeles.
Caníbal no es una película trepidante y su director no quería que lo fuera, pero todo es tan frío que se echa de menos el sobresalto del corazón. Se echa de menos entender a ese caníbal de Granada, empatizar con él, comprenderle. U odiarle con todas las fuerzas de las entrañas. Se echa de menos compartir el supuesto amor que siente ese sastre caníbal cuando conoce a Nina. Pero todo está tan medido aquí que no hay margen para sentir. A esta película le falta suciedad y vida.