
Hoy, para dirigirme a usted, señora Isabel Allende, me desnudo de esta profesión de periodista para la cual me he preparado. Por un solo día, aunque aviso de antemano que sólo a medias, porque el periodismo es más que un trabajo, es una vocación y por eso no podré librarme de ella por completo, bien lo sabe usted que durante tantos años ejerció como tal.
El motivo es que termino de leer Paula, y ahora ando con la lágrima contenida y el alma un poco rota.
Intensa y desgarradora su novela, una búsqueda en el fondo del corazón para sobrellevar el dolor y asumirlo un poco. Aunque la muerte de un hijo te rompe la vida y hay que aprender a caminar de nuevo. No soy padre, soy demasiado joven y no estoy preparado para tal empresa, pero la profundidad y la sinceridad de su novela me han conmovido. Así como me ha fascinado su vida intensa a ojos ajenos, que seguro lo ha sido menos viviéndola y sintiéndola desde dentro. Suele ocurrir, yo intento ser consciente de cada alegría, de cada sobresalto del corazón, de todo lo que he conseguido ya y todo lo que falta por conseguir, aunque mientras vives es complicado a veces darse cuenta de todo. Y entonces es cuando me siento a escribir, para sacar todo lo que llevo dentro y reflexionar sobre todo lo vivido y lo aprendido.
Ahora estoy a punto de publicar mi primera novela,
Luz de libertad, y me he sentido muy identificado cuando narraba en
Paula la sensación que le embargó tras la publicación de
La casa de los espíritus. Es difícil de explicar, mezcla de orgullo y miedo, y sueños cumplidos.
Su hija Paula y mi Julio Silva, personaje principal de mi novela, tienen en común la realización de un camino interior de la muerte a la vida, su Paula hasta una vida llena de luz de libertad que la acompaña siempre y siempre está presente.
Triste historia la de la muerte, triste dejar a una madre con el alma rota, y aun recién estrenado marido con el corazón lleno. Triste igualmente el exilio, no puedo evitarlo, me conmueve tanto la desgracia del exilio, y la esperanza de volver a nuestro país, el que llevamos en nuestra sangre, seña de nuestra identidad y nuestra cultura.
Me despido ya, enhorabuena por su Paula, por la sinceridad y la fantasía, por la fascinación y el drama, que me han hecho reír y llorar, por hacer de esta novela un verdadero documento sobre la Historia reciente de Chile, que sabe un poco amarga, y porque gracias a novelas como la suya, ficción disfrazada de realidad, historia basada en los recuerdos, somos un poco más conscientes de todo lo que tenemos que agradecer al presente, y disfrutarlo.