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lunes, 17 de octubre de 2011

JUEGOS SECRETOS, de Todd Field



Durante este mes en el que Kate Winslet es protagonista en CAJÓN DE HISTORIAS, además de reseñar su estreno más reciente en la cartelera española, Contagio, he visionado Juegos secretos (Little Children es su título original, mucho mejor que la traducción, que invita a un morbo que el director evita en todo momento), por la que la actriz recibió una nominación al Oscar. 

Se trata de una película íntima, en la que todo va gestándose poco a poco, una película increíblemente bien rodada y bien contada. Juegos secretos nos cuenta la historia de una Sarah, madre de una niña a tiempo completo, una mujer que no se presta a los convencionalismos de las otras amas de casa de su vecindario, cuya mayor preocupación en la vida parece que es comentar lo atractivo que es el nuevo papá que se acerca con su hijo al parque.

Sarah, en cambio, es una mujer luminosa que tiene inquietudes más allá de su papel de madre en la vida y, harta de la monotonía de su matrimonio y de su marido obsesionado con masturbarse viendo fotos en Internet, descubre, por casualidad, y por un beso, un nuevo ardor en su sangre. Una Madame Bovary (a la que se hacen claras alusiones en la película) del siglo XXI, una mujer insatisfecha, exigente con sus sentimientos, que bucea en las espesas aguas de la infidelidad. 

Precisamente ese “padre buenorro” (Patrick Wilson, al que recordamos de Hard Candy. Este chico lo vale, aunque su carrera no termina de despegar...) es el hombre que despierta en Sarah sensaciones olvidadas. Es un padre de familia sin trabajo, que se prepara una oposición, y tiene unos sentimientos similares a los de ella, vive encerrado en un matrimonio que parece perfecto, con una mujer perfecta (a la que da vida Jennifer Connelly, correcta, aunque insuficiente si la comparamos con el resto del reparto) pero en el que falla el pilar fundamental: el amor. 

Paralelamente, en la cinta se cuenta la historia de un hombre (Jackie Earle Haley, también nominado al Oscar por su fascinante trabajo aquí) que, después de haber cumplido condena por pedofilia, sufre un tremendo acoso por parte de sus vecinos cuando es puesto en libertad. 

Tres personajes cargados de una amargura latente. Varias vidas cruzadas que van y vienen entre el aburrido balanceo de un columpio y la pasión carnal más desgarrada.

Lo mejor de Juegos secretos es, sin duda, sus interpretaciones, tres personajes tan sencillos y tan atípicos a la vez, tan asombrosamente humanos, que convierten sus desgracias en las nuestras, en un camino perpetuo hacia la búsqueda de la felicidad, escondida entre sombras. Kate Winslet vuelve a demostrar qué es la mejor de su generación, transmitiendo tantísimo con sus miradas y con sus silencios. 

Una película triste que habla de la vida insatisfecha, de las mentiras que la llenan y que nos esforzamos en creer a ciegas, y que también habla de la luminosidad del amor, de los latidos que renacen y erizan el cuerpo. Muy buena.

miércoles, 5 de agosto de 2009

REQUIEM POR UN SUEÑO, de Darren Aronofsky

Estamos ante una de las películas más impactantes de los últimos tiempos. Cuatro historias sobre la adicción a las drogas, y también a los sueños. Harry y su novia (Jared Leto y Jennifer Connelly, redondos, que evolucionan de la gloria al infierno) quieren abrir su propio negocio, hacerse ricos. La madre de él (Ellen Burstyn, quién consiguió una nominación al Oscar por su interpretación decadente y extremista, tan degradada al final que hasta duele mirarla) sueña con aparecer en un programa televisivo. Pero las drogas destruyen todo.

Una película sobrecogedora, con un montaje diferente, unas imágenes que se te meten dentro y se repiten en tu cabeza durante días, y una música perfecta, una banda sonora que eleva el film por encima de lo normal, creando un ambiente denso casi irrespirable, y a la vez atractivo hasta límites insospechados.

El ritmo se acelera en cada secuencia, hasta llegar a un final frenético y brutal, la degradación en estado puro. Película que no puede dejar indiferente a nadie, y aunque el recuerdo puede ser horrendo sabes que has visto algo bueno, muy bueno, y por eso merece la pena.