Estamos ante uno de los escritores más populares (con perdón
de la expresión) del panorama literario español. Hace casi un año ganaba el
Premio Planeta, el de mayor dotación económica del país, por La marca del
meridiano, la séptima entrega de las aventuras protagonizadas por los guardias
civiles Bevilacqua y Chamorro. No lo he leído ni tengo intención de hacerlo por
el momento, aunque no dudo de su calidad literaria y de contar con los
elementos necesarios para ser un libro que guste a los lectores, que al fin y
al cabo son los que tienen el veredicto final. Porque no dudo de su estilo he
escogido al autor como Protagonista del mes en CAJÓN DE HISTORIAS. Pero no deja
de resultarme curioso (e incluso inquietante) que los miembros del jurado
decidieran entregar el premio, supuesta y seguramente a un autor que se
presentaba bajo un pseudónimo, a una obra de las que conocían, con certeza, a
los protagonistas. Me imagino a los señores del jurado exclamando ¡Coño, si son
el sargento Rubén y su ayudante Virginia! Y después concluirían premiar a Silva
que, al fin y al cabo, ya cuenta con muchos seguidores y así los señores de la
mencionada editorial se aseguraban las ventas en navidad, que con la crisis y
Amazon las cosas ya no son lo que eran, ¿no creen?
Además del Planeta, Lorenzo Silva ganó el Premio Nadal (la
misma historia) en el año 2000 por El alquimista impaciente, y fue finalista
del mismo tan sólo tres años antes de ganarlo gracias a La flaqueza del
bolchevique, una obra que fue llevada al cine por Manuel Martín Cuenca y protagonizada por el
siempre acertado Luis Tósar y María Valverde. Estas dos novelas sí las he leído
y las reseñaré a lo largo de este mes en el que recomienza el pulso de la vida
después de las vacaciones (para quien haya tenido la suerte de tenerlas). También
recomenzará el pulso de mi vida porque regresaré a España después de todos
estos meses de 2013 en Bolivia. Y si Silva ocupa el sillón de honor durante el
mes de septiembre en este espacio es gracias a estas dos obras, especialmente a
La flaqueza del bolchevique, de la que os hablaré con más detalle, pero que me
parece uno de los libros clave de los últimos años y que goza de una vigencia
increíble (por desgracia, todo sea dicho) después de más de 15 años de ser
publicado.
Autor de novelas, ensayos, artículos y obras destinadas al
público juvenil, Lorenzo Silva ha sabido hacerse un hueco entre los lectores
gracias a su estilo cercano, a sus argumentos dinámicos que te atrapan y no te
dejan escapar, reflejando en sus textos la cotidianeidad del hoy, la cercanía
del presente, con sus miserias y sus pequeñas alegrías, y con una fina ironía
para enfrentarse a la vida. Y demuestra que puede hacerse gran literatura, y de
calidad, desde la proximidad, desde las palabras sencillas y directas.
Eso sí, ahora queda esperar una obra con la que se gane el
profundo respeto de los críticos y no sólo de aquellos señores miembros de
jurados sin credibilidad. Sé que puede hacerlo. Sé que lo va a hacer.




























