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viernes, 26 de julio de 2013

TAKE THIS WALTZ, de Sarah Polley


El segundo largometraje de Sarah Polley se centra en algo tan universal como la vida y la muerte: el desamor. Un sentimiento de mil formas que a veces es devastador, otras calmo, otras triste y otras como una liberación. En este caso, un desamor que nace del desgaste, de la cotidianidad y de una pasión que se desvanece con el viento.

Margot es una mujer que se casó muy joven y que lleva una vida feliz, pero a la que su atractivo vecino le desmontó los pilares de la vida. Él se enamora de ella, ¿y ella? ¿dará el paso y se atreverá a tomar ese vals del dolor de la ruptura y de la pasión renovada?

Sarah Polley cuenta una historia que nos han contado ya una y mil veces, pero lo hace incidiendo en las miradas y en los miedos, deleitándonos con metáforas que no por explícitas son menos certeras: el personaje de ella tirándose a la piscina, el baño en la ducha con las mujeres mayores y la demoledora frase: "lo nuevo se vuelve viejo" y los besos a través del frío cristal, tan cerca de los otros labios y, a la vez, imposibles de rozar, de sentir. 

sábado, 10 de marzo de 2012

Crítca de 50/50 de Jonathan Levine


Me disgusta tener que publicar esta crítica hoy. No porque la película no me haya gustado, no. Al contrario, me ha encantado. Me disgusta porque, tal y como sucediera el pasado año con BlueValentine y Rabbit Hole50/50, que consiguió dos nominaciones en los últimos Globos de Oro (Mejor Película y Mejor Actor de Comedia para Joseph Gordon-Lewitt) no ha llegado a las salas de cine españolas. Y, por el momento, parece que no hay fecha de estreno prevista. Esto nos lleva una vez más al eterno debate de si es lícito el visionado de películas a través de Internet. Porque si una película consigue nominaciones en la temporada de premios, quiero verla antes de la ceremonia. No meses después. O incluso nunca, como pasó con las anteriormente mencionadas, que creo que ni siquiera llegaron a las salas. Porque las productoras se duermen en los laureles y en este mundo global que se mueve tan rápido no estamos dispuestos a esperar tanto. 

Por eso busqué este filme sobre Adam, un chico de 27 años al que le diagnostican un cáncer de espalda. La película nos muestra cómo esta nueva y dolorosa situación afecta a su vida y a sus relaciones. En el trabajo, con su novia, con su mejor amigo y su madre. De corte indie, con esa luminosidad especial y característica que han adquirido este tipo de películas en los últimos años (fácilmente reconocibles, incluso por la luz: Juno, Pequeña Miss Sunshine, Beginners..) 50/50 (Fifty fifty) quiere presumir de ser una “comedia dramática” y, sin embargo, me cuesta encajarla en cualquiera de los dos géneros. No es una comedia, no puede serlo cuando el tema que trata es realmente duro, cuando a un joven le desestabilizan y parten la vida. Cuando en algunas partes los ojos se llenan de lágrimas. Pero tampoco es un drama,  no es un drama por la naturalidad con la que tratan el tema, por el derroche de frescura que exhala el protagonista, una frescura que viene dada por su juventud y sus ganas de vivir. Y precisamente es esa naturalidad y esa frescura las que hacen de esta película uno de los títulos imprescindibles del año. Imprescindible porque la película funciona a la perfección durante los 100 minutos, porque combina el entretenimiento ligero con un mensaje de positividad que va calando, que hace que una sonrisa se dibuje en el rostro. Este es el cine que me gusta. El que consigue despertar emociones en mí, el que se aleja del maniqueísmo, incluso desde una visión comercial, realizada para gustar. Y que gusta, y eso, al fin y al cabo, es lo importante. 

50/50 es una película valiente, que no teme en hablar del cáncer sin tabúes, que no teme en decir “esperanza de vida”, incluso “muerte”. Y que se aleja de los tópicos soporíferos de los dramas que suelen abordar el tema (como Restless, la última y fallida producción de Gus Van Sant). El director, Jonathan Levine, sabía lo que quería, pero ha dejado a sus actores brillar: en primer lugar al protagonista, Joseph Gordon-Lewitt, que demuestra una vez más que es uno de los actores más a tener en cuenta del nuevo panorama interpretativo de Hollywood. Enamoró en (500) Días Juntos, no defraudó en Origen, y este año le veremos a las órdenes de Nolan y Spielberg. Joseph Gordon-Lewitt es el actor idóneo para este tipo de papeles en los que se precisa naturalidad y sencillez. Y demuestra que es capaz de sostener el peso cuando la película lo requiere.

Secundándolo tenemos a Seth Rogen, encargado de provocar la carcajada (a veces lo consigue, a veces no) y de convertirse en el amigo incondicional, pase lo que pase; también a Anna Kendrick, que vuelve a hacer un papel de listilla, como en Up in the air, que le va bien, pero a la que tengo ganas de ver en un registro diferente. Y a Bryce Dallas Howard, haciendo de insoportable una vez más, como en Criadas y señoras.  Es decir, todos los personajes tienen un perfil marcado y algo estereotipado, pero por alguna extraña razón consiguen funcionar, consiguen hacer que espectador disfrute.  Quizá la vi el día adecuado.

En definitiva, una película perfecta para una tarde de domingo rara, uno de esos días en los que no es necesario tener los sentidos demasiado despiertos, sino que lo que se busca es dejarse llevar, sin abandonarse tampoco a un producto hueco. Una película que merece el calificativo de “bonita”, sin pretensiones, digna de elogio.