Soy afortunado. Soy afortunado por las palabras que habéis dedicado a mi primera novela, Luz de libertad, a la que habéis mimado, a la que habéis insuflado muchísima vida. Soy afortunado porque CAJÓN DE HISTORIAS y Luz de libertad me han permitido conocer a gente que merece la pena, como Goizeder Lamariano, una periodista de Pamplona afincada en Madrid con la que coincidí por primera vez en la presentación de Taradas, de Viviana Fernández García, pero a la que ya conocía “virtualmente” gracias a su espacio: Cuéntate la vida.
Desde entonces, han sido unas cuantas más las veces que nos hemos ido viendo, para compartir cafés y charlas sobre literatura, sobre periodismo, y sobre mil cosas más. Y también hemos compartido cenas, juergas y hasta karaokes… Y hace un tiempo, Goizeder se hizo con un ejemplar de mi novela y decidió reseñarla en su “casa”. Fueron unas palabras preciosas las que me dedicó, las que dedicó a Julio Silva también, el protagonista:
Lejos de resultarme un personaje odioso, desagradable, ajeno o frío, los sentimientos de Julio, su incapacidad para compaginar su éxito profesional y laboral me han llegado muy adentro. Con un lenguaje y un estilo al mismo tiempo sencillo y lírico, cruel y dulce, triste y esperanzador, la historia de Julio Silva es cercana y, por encima de todo, humana. Todos podríamos ser Julio. Porque todos, en algún momento, nos hemos visto obligados a elegir.
Goizeder ha hecho un resumen de la novela, sin desvelar más de la cuenta, algo que siempre agradezco a todos los que han reseñado la novela, que no hablen en exceso de esa parte final y ese “giro inesperado”, tal y como ella misma comenta. Y me ha encantado y me llega muy adentro que haya sabido captar la esencia de la novela, esa búsqueda continua del equilibrio entre el éxito profesional y personal.
Sin duda, la tercera parte y el epílogo son las que más me han sorprendido. Porque nos encontramos con un giro totalmente inesperado en la trama que me dejó sin aliento. Me sorprendió, me impactó y, por encima de todo, me hizo reflexionar. Sobre el respeto por las ideas, las nuestras y las de los demás. Sobre la libertad, esa libertad que siempre tiene que estar iluminada, no importa por cuántas luces, las que sean, las que nosotros queramos, porque para eso somos libres, para elegir qué o quién ilumina nuestro camino. Porque sin luz no hay libertad. Y necesitamos esa luz de libertad para ser felices, para creer, para soñar, para luchar, para amar y, sobre todo, para vivir.
Desde aquí mando un beso muy fuerte a Goizeder, un beso acompañado de mi más profunda admiración y agradecimiento. Podéis leer la reseña completa haciendo click AQUÍ.





























