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martes, 6 de diciembre de 2011

MELANCOLÍA, de Lars Von Trier


Melancolía llegaba a las carteleras con una carta de presentación impecable: dirigida por uno de los pesos pesados del cine europeo, el danés Lars Von Trier, personalísimo y extremo, cuyas películas no dejan indiferente a casi nadie; y protagonizada por Kirsten Dunst, que se alzó con el premio a la Mejor Actriz en el último Festival de Cannes. Y por si esto fuera poco, el pasado sábado Melancolía conseguía el premio EFA como Mejor Película Europea del Año, en la que fue, probablemente su edición más caótica, incoherente y desfasada: Melancolía ganó el premio a la Mejor Película, pero Von Trier se quedó sin el éxito absoluto ya que el EFA a la Mejor Dirección se lo llevó Susanne Bier por In a better world y el premio al Mejor Guión fue a parar a los hermanos Dardenne por El niño de la bicicleta

Puede que considere en mi fuero interno que el premio a la Mejor Película Europea sea algo excesivo, pero lo que sí es cierto es que la nueva obra de Lars Von Trier es una oda a la tristeza y a la destrucción, a pesar de que en las primeras escenas vemos a Kirsten Dunst natural y sonriente, feliz por esa boda que está celebrando, su boda. Pero rápidamente todo conduce al desastre, y hay momentos en los que nada tiene sentido, pero da lo mismo... al menos a Von Trier le da lo mismo, es "su" guión. Y es que Melancolía es una película apocalíptica en todos los sentidos, el personal y el colectivo. Y podríamos decir que el apocalipsis no tiene sentido.

Comienza con un precioso pero inquietante prólogo en el que no sucede nada, tan sólo suena música de Wagner y desfilan unas imágenes que no podemos saber con certitud qué significan ni a dónde nos llevan (al menos aquellos que, como yo, no conocíamos nada del argumento de antemano). Aunque podamos intuir que se trata de un flashforward a cámara super slow. A partir de ahí, dos capítulos diferenciados: el primero para presentarnos a Justine el día de su boda, un evento que se convierte en su particular apocalipsis, como ya he mencionado. El segundo, cuando Justine ya está totalmente destruida, Von Trier nos lleva hasta el hogar de  su hermana (Charlotte Gainsbourg) y su cuñado (Kiefer Sutherland) para profundizar en la inquietud de ambos ante la inminente cercanía a la Tierra del planeta Melancolía. Se trata de un planeta que estaba oculto detrás del Sol, y que comienza a desplazarse a través de nuestro Sistema Solar, rozando Mercurio y Venus y acercándose peligrosamente a nuestro hogar. 

Melancolía es una obra a la que me cuesta poner “peros”, más allá de mi personal falta de conexión con este director. Es una obra visualmente bella (impecable fotografía, iluminación y música, me gustan menos los movimientos de zoom que apasionan a Von Trier…), es aguda, aunque más filosófica de lo que me hubiera gustado. Melancolía no consigue conmoverme, sí inquietarme. Y el derroche de angustia (al que contribuye sobre todo una fabulosa Gainsbourg) es tan excesivo que, tras el visionado, se queda en el cuerpo durante varios días.

Melancolía es una película apocalíptica que juega con la credibilidad, la racionalidad y la emoción de un espectador incrédulo, pero Lars Von Trier es un maestro a la hora de hacer que lo más hueco de realidad parezca verosímil, incluso en aquellas ocasiones en las que de nuestra boca sale una frase de “no hay quien se lo crea”, mientras que en nuestro interior callado se construye un “pero y si…”.  Inquietante.