Al principio de esta semana fui al cine a ver El origen del planeta de los simios, precuela de la película de culto de 1968 dirigida por Franklin J. Schaffner y protagonizada por Charlton Heston, que también he visto estos días.
EL ORIGEN DEL PLANETA DE LOS SIMIOS, de Rupert Wyatt
El doctor Rodman está probando con chimpancés un nuevo medicamento para combatir el alzheimer pero, debido a una incidencia, tienen que sacrificar a todos los animales, excepto a César, al que Rodman adopta y con el que sigue probando en secreto los efectos de su medicamento.
Aunque la película me ha gustado, y es muy entretenida de principio a fin, la crítica está siendo muy benevolente con ella. Es una película sincera desde el principio y peca, por ese motivo, de plana, sin imprevistos, ni siquiera intenta sorprender. Consigue mantener al espectador atento, sí, la acción avanza y engancha, y da las respuestas que los admiradores del clásico del 68 buscaban.
Visualmente impecable, con unos efectos especiales muy logrados, los simios gozan de una expresividad asombrosa, y el absoluto protagonista de la película es César, el simio al que da vida Andy Serkis, experto en este tipo de personajes, el rey del motion capture, del que no conocemos su cara, pero que ha interpretado ya, entre otros, a Gollum, King Kong y ahora vuelve a trabajar con Peter Jackson el la esperadísima El hobbit.
James Franco está correcto aunque no destaca nada, tampoco el papel era para lucirse. Y Freida Pinto, su partenaire, decorativa y prescindible. La sensación final es de haber visto un espectáculo pretencioso, bien ejecutado y olvidable, que se disfruta, sí, que no es un mero producto para sin cerebros, y del que se obtiene lo que pretendía obtener, evasión y victoria.















