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lunes, 15 de febrero de 2016

Premios Oscar 2016 | Críticas con urgencia

Spotlight, de Thomas McCarthy (4****)
6 nominaciones a los Oscar: Mejor Película, Mejor Dirección (Thomas McCarthy), Mejor Actor de Reparto (Mark Ruffalo), Mejor Actriz de Reparto (Rachel McAdams), Mejor Guión Original y Mejor Montaje.
Escribo esta mini reseña sobre Spotlight justo después de ver la película. La he terminado al tercer intento. La empecé el domingo por la noche, y me dormí. El lunes empecé desde el principio, y volví a dormirme. ¿Por qué tanto empeño? Porque sentía que esta película merecía la pena y mi cansancio no tiene la culpa. La acabo de terminar y todavía estoy en shock.

Spotlight, sobre los casos de pederastia por curas destapados por el Boston Globe, es un enorme ejemplo de cine valiente, poniendo de manifiesto que, cuando se tiene una buena historia que contar, un buen guion, hace falta poco más.

Thomas McCarthy, ha rodado una película que va creciendo poco a poco en intensidad, quizás resulte más lenta al principio, pero es necesario poner en contexto al espectador, pero a partir de cierto punto uno no puede más que alucinar con lo que se dice en la pantalla, terminando con la boca abierta.

En esta película coral, que es puro cine, todos los actores están brillantes, especialmente Mark Ruffalo, Michael Keaton, Rachel McAdams y Stanley Tucci. Una película incómoda, que levanta ampollas, y absolutamente necesaria, como el buen periodismo.


Carol, de Todd Haynes (3***)
6 nominaciones a los Oscar: Mejor Actriz Principal (Cate Blanchett), Mejor Actriz de Reparto (Rooney Mara), Mejor Guión Adaptado, Mejor Fotografía, Mejor Banda Sonora, Mejor Vestuario.
La ausencia de esta película en la categoría principal de los Oscar ya hace vislumbrar que hay algo que no termina de funcionar en Carol. 

Es una historia de amor entre dos mujeres en los años 50, una señora de clase alta (Blanchett) y una joven empleada de una juguetería (Mara). Ambas son el fuego y luz de una película de corte clásico, ejecutan con precisión una pasión desgarrada, cargada de fuerza por imposible. 

Cada vez tengo menos dudas de que Cate Blanchett es una de las mejores actrices de todos los tiempos, capaz de transmitir tanto con una mirada, con un gesto. 

Y a pesar de esas dos maravillosas interpretaciones, Carol flojea a la hora de transmitir emociones y mantener al espectador vibrando, quizás porque todo en ella sea de una precisión técnica impecable, tanto así que se olvidó de que lo realmente hace grande una película es que sea capaz de mover y desmontar al espectador. Y no lo logra. 

Amy (La chica detrás del nombre), de Asif Kapadia (4****)
Nominada al Oscar a la Mejor Película Documental
El documental sobre la vida y milagros de Amy Winehouse se convierte, como todos ya sabemos, en un drama triste. 

Esta es la historia, contada con maestría, de una mujer con una voz de fuego, con una hipersensibilidad para contar y cantar, para sentir. 

Enorme la vulnerabilidad de esta gran artista, su entrega, y la pasión ciega por su padre y por su marido que le costaría la muerte. 

Un elogiable trabajo de documentación que va atrapando al espectador hasta dejarle sin palabras, al borde de las lágrimas. 



La juventud, de Paolo Sorrentino (3***)
Nominada al Oscar a la Mejor Canción 
Paolo Sorrentino continúa explorando los temas que le valieron el Oscar por La gran belleza: la madurez, el éxito, los egos. En esta ocasión, la película no es tan extrema, sino más accesible a todo tipo de espectador. 

Michael Caine y Harvey Keitel interpretan a dos viejos amigos retirados en un hotel de Los Alpes suizos. Rachel Weisz da vida a la hija y agente de uno de ellos, y acaba de ser abandonada por su marido. El reparto lo completa Jane Fonda en un pequeño e histriónico papel. 

Interpretaciones sublimes y una historia profunda, quizás demasiado pomposa y arrogante, pero que, sin duda, merece la pena ver y disfrutar. 



Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria

jueves, 18 de diciembre de 2014

Crítica | Los juegos del hambre: Sinsajo. Parte 1, de Francis Lawrence


Se han equivocado. Era de esperar que ocurriera una cosa así. Por estirar más allá de lo necesario una saga, esta entrega de Los juegos del hambre resulta innecesaria: sin la tensión continua de las anteriores, sin la fuerza de su historia trepidante.

Es lo que tiene haber querido recaudar unos cuantos millones más, porque todos los seguidores de la exitosa saga no tendrán más remedio que ver esta película de transición hacia un final que, esperemos, sea de infarto. Que esté a la altura. 

Sinsajo. Parte 1, es el inicio de una guerra abierta entre los sectores oprimidos y el Capitolio. Un Capitolio que comienza a temer realmente por su estabilidad lograda a base de crear miedo ajeno en el desdichado. Se incorpora al reparto Julianne Moore (amor puro por ella), como dirigente del Sector 13,  el que se organiza para recuperar el poder de la gente para la gente. Con una interesante visión del marketing político, vemos como los implicados en esta nueva etapa conforman la imagen de Katniss, líder y héroe.  

Demasiada retórica y falta de acción, con unos marcados altibajos y una duración excesiva, Los juegos del hambre: Sinsajo. Parte 1 era totalmente innecesaria. Una lástima que los productores jueguen así con los espectadores. 

Con todo, no puedo más que recomendarla a todos los interesados en la saga, a todos los esperan el final, ya que, probablemente, sin las pistas que se nos dan en esta, no se entenderá la última entrega. Y, a pesar de mis críticas negativas, reconozco que no es una mala película, que tiene algunos destellos de brillantez y que la potencia del argumento hace que haya merecido, in extremis, la pena.

Toca esperar un año más para el desenlace de la historia. Dame paciencia, señor.

Crítica de:
- Los juegos del hambre
- Los juegos del hambre: En llamas

Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria

miércoles, 15 de enero de 2014

LOS JUEGOS DEL HAMBRE: EN LLAMAS, de Francis Lawrence


Cambio de director para la segunda parte de esta saga: Francis Lawrence (Soy leyenda, Agua para elefantes) pero la película consigue mantener las premisas y el buen hacer de la primera parte: contextualizar primero para pasar a la acción después. Lo único negativo (o no, según se mire) es que En llamas no acaba, se queda a medias, a la espera de la tercera parte. Os resumo el argumento:

Después de ganar los 74º Juegos del hambre, Katniss y Peeta emprenden una gira de promoción por los distritos de Panem. Lo que no saben, y lo que tampoco puede predecir el Capitolio, es que ellos -especialmente ella-  se han convertido en unos abanderados de la revolución que se están germinando en el país contra el sistema opresor. Ante la situación de alarma que comienza a gestarse, el presidente Snow decide organizar unos Juegos del Hambre en el que tendrán que competir a muerte los tributos vencedores de otros años: es decir, Katniss y Peeta deberán volver al campo de batalla en una especie de Gran Hermano VIP. El objetivo real, claramente, es acabar con Katniss y cortar de raíz las ansias de revolución del pueblo.

viernes, 10 de enero de 2014

LOS JUEGOS DEL HAMBRE, de Gary Ross


El director de Pleasantville fue el encargado de la adaptación cinematográfica de la primera parte de la saga que escribió Suzanne Collins, quien también formó parte del guión de esta distopía que ha conquistado a millones de lectores y espectadores en todo el mundo. 

Lo que antes fueron los Estados Unidos ahora es Panem, un país dividido en 12 distritos (el distrito 13 despareció en una guerra cruenta) en el que los ciudadanos son controlados y están divididos por clases sociales y etnias. Para recordar a los caídos en aquella guerra, se celebran cada año los juegos del hambre, un reality show en el que veinticuatro jóvenes (un chico y una chica de cada distrito) tienen que enfrentarse a muerte y en el que sólo puede quedar uno. En la 74º edición de estos juegos, la representante del distrito 12 es Katniss Everdeen. 

Los juegos del hambre es una película de aventuras muy bien contada, sin forzar la acción, que llega en la parte final, cuando toca. El director nos introduce en un espectáculo visual muy cuidado, en el que la estética recargada del Capitolio (en el que viven los que controlan el cotarro) contrasta con la crudeza del campo de batalla en el que se convierte el escenario de los juegos.

lunes, 22 de marzo de 2010

EL DIABLO SE VISTE DE PRADA, de David Frankel

El mundo de la moda en Nueva York. La revista Runway. Su redactora jefe, la mala malísima Miranda Priestly, tiene nueva ayudante: una joven algo hortera pero muy inteligente cuyo sueño es ser periodista en alguno de los periódicos más relevantes de Nueva York, no de una revista de moda.

Creo que ya he dicho suficiente para que os podáis imaginar el resto. La joven hortera deja de ser tan hortera, la mala malísima resulta que tiene corazoncito, el sueño americano vuelve a cumplirse. Me ha gustado bastante, aunque el exceso moralizante amenzaba con echar a perder esta historia rodada con un pragmatismo maravillosamente demoledor.

Un cartel encabezado por Meryl Streep, la protagonista del mes en CAJÓN DE HISTORIAS, en un papel que solo ella (y Glenn Close) podía interpretar con tanta solvencia. Otra demostración de calidad interpretativa que le valió un Globo de Oro y una nominación al Oscar. Meryl Streep aguanta la mirada como pocas, tan altiva que explotaba mi risa nerviosa. Y en tan solo una escena consigue infundar compasión y casi cariño.

Meryl Streep comparte cartel con Anne Hathaway, floja por tópica, aunque correcta, sin duda. Hace poco leí que lo correcto parece excepcional ante lo regular, en referencia a la correcta interpretación de Sandra Bullock en la regular película The blind side. A Anne Hathaway en El diablo se viste de Prada le pasa lo contrario: lo correcto parece regular ante lo excepcional, y aquí lo excepcional es Meryl Streep. Además de Hathaway destacar a Stanley Tucci y Emily Blunt, bastante resueltos en sus papeles frívolos.

Una comedia entretenida, no una gran película, pero hoy estoy generoso así que le pongo 3***.

miércoles, 3 de marzo de 2010

JULIE Y JULIA, de Nora Ephron

Julie y Julia es la historia simpática de dos mujeres unidas a través del tiempo gracias a la cocina y a la literatura. La primera, Julie Powell (Amy Adams) es una funcionaria del estado que desea ser escritora y crea su propio blog con un objetivo: hacer todas las recetas del libro de la famosa cocinera Julia Child (Meryl Streep).

La directora Nora Ephron (Algo para recordar, Cuando Harry encontró a Sally) nos lleva y nos trae a lo largo del tiempo, acércandonos a Julie y su vida en un apartamento modesto de Nueva York, a punto de cumplir treinta años y trabjando para las víctimas de los atentados del 11-S. Y nos acerca también a Julia, casada con un diplomático americano destinado en Francia, lo que le hace interesarse por la cocina francesa y decida escribir un libro de recetas para los estadounidenses. Me ha encantado el pequeño viaje al París de los años 50, del que no puedes más que enamorarte, como lo hace Julia.

Ingenuo de mí, que poco sabía de esta película y estas mujeres antes de verla, y resulta que ambas historias están basadas en hechos reales, que Julia Child fue una prestigiosa cocinera muy popular en Estados Unidos, y que Julie Powell realmente creó aquel blog, sirviéndole de trampolín editorial.

La verdad es que desde el principio me ha parecido una película tierna, no por pastelosa, sino por estar dotada de una sencillez elegante, con un guión sin complejidades pero perfectamente definido, con un dinamismo que te atrapa desde el primer minuto hasta el último.

Los intérpretes masculinos, Chris Messina y Stanley Tucci, se ajustan perfectamente a su papel de esposos, cómplices y apoyo. En cuanto a ellas: si Amy Adams está más que correcta, Meryl Streep está fabulosa, deliciosa entre tanta comida. Ella dota a su personaje de una vitalidad y una veracidad increíble, estrambótica en los gestos, en las risas, elegante y burguesa, y a la vez tan humana y humilde que te acabas enamorando de ella. Digna intepretación cómica merecedora del Oscar, una demostración de cuánto más difícil es hacer reír que hacer llorar, y eso lleva premio.