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viernes, 27 de noviembre de 2015

Crítica | Los juegos del hambre: Sinsajo. Parte 2, de Francis Lawrence


Los Juegos del Hambre llegan a su fin. Después de un año de espera tras Sinsajo: Parte 1, una película de transición sobre la que sigo teniendo serias dudas sobre si era necesaria o no, llega por fin el desenlace de la historia de Katniss Everdeen y la lucha de los distritos por liberar Panem de la tiranía del Presidente Snow.

La cuarta entrega cinematográfica es una película técnicamente impecable, como todas las de la saga, y en la que el director opta por contar la historia de una manera pausada, in crescendo, con algunos altibajos en el ritmo y en la tensión. Uno podría pensar que no iba a dar tregua, que la tregua fue la Parte 1, pero no es así: los primeros 30 minutos de la historia son pura introducción a lo que está sucediendo en Panem y resultan una preparación para el espectador de lo que está por llegar.

Jennifer Lawrence se convierte en el motor, una vez más, de la película. Ella es el Sinsajo, el símbolo que hace posible creer en el cambio. Ella salva la película.

Puede que no sea el final más intenso y esperado, pero tiene algunas escenas épicas, especialmente las que tienen lugar en el Capitolio, y una oscuridad que la engrandece. Eso sí, el regusto final después de estos años no es del todo dulce y mis favoritas de la saga siguen siendo las dos primeras: Los Juegos del Hambre y Los Juegos del Hambre: En llamas.

Queríamos que este final fuera, probablemente, muy parecido a lo que se ve en la pantalla, pero algún mecanismo desconocido se ha roto y eso hace que el corazón no se acelere como debería.

Katniss Everdeen lanza la última flecha, la lanza con acierto, pero no con la exactitud que la convirtió en la digna vencedora de Los Juegos del Hambre.



Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria

jueves, 18 de diciembre de 2014

Crítica | Los juegos del hambre: Sinsajo. Parte 1, de Francis Lawrence


Se han equivocado. Era de esperar que ocurriera una cosa así. Por estirar más allá de lo necesario una saga, esta entrega de Los juegos del hambre resulta innecesaria: sin la tensión continua de las anteriores, sin la fuerza de su historia trepidante.

Es lo que tiene haber querido recaudar unos cuantos millones más, porque todos los seguidores de la exitosa saga no tendrán más remedio que ver esta película de transición hacia un final que, esperemos, sea de infarto. Que esté a la altura. 

Sinsajo. Parte 1, es el inicio de una guerra abierta entre los sectores oprimidos y el Capitolio. Un Capitolio que comienza a temer realmente por su estabilidad lograda a base de crear miedo ajeno en el desdichado. Se incorpora al reparto Julianne Moore (amor puro por ella), como dirigente del Sector 13,  el que se organiza para recuperar el poder de la gente para la gente. Con una interesante visión del marketing político, vemos como los implicados en esta nueva etapa conforman la imagen de Katniss, líder y héroe.  

Demasiada retórica y falta de acción, con unos marcados altibajos y una duración excesiva, Los juegos del hambre: Sinsajo. Parte 1 era totalmente innecesaria. Una lástima que los productores jueguen así con los espectadores. 

Con todo, no puedo más que recomendarla a todos los interesados en la saga, a todos los esperan el final, ya que, probablemente, sin las pistas que se nos dan en esta, no se entenderá la última entrega. Y, a pesar de mis críticas negativas, reconozco que no es una mala película, que tiene algunos destellos de brillantez y que la potencia del argumento hace que haya merecido, in extremis, la pena.

Toca esperar un año más para el desenlace de la historia. Dame paciencia, señor.

Crítica de:
- Los juegos del hambre
- Los juegos del hambre: En llamas

Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria

miércoles, 15 de enero de 2014

LOS JUEGOS DEL HAMBRE: EN LLAMAS, de Francis Lawrence


Cambio de director para la segunda parte de esta saga: Francis Lawrence (Soy leyenda, Agua para elefantes) pero la película consigue mantener las premisas y el buen hacer de la primera parte: contextualizar primero para pasar a la acción después. Lo único negativo (o no, según se mire) es que En llamas no acaba, se queda a medias, a la espera de la tercera parte. Os resumo el argumento:

Después de ganar los 74º Juegos del hambre, Katniss y Peeta emprenden una gira de promoción por los distritos de Panem. Lo que no saben, y lo que tampoco puede predecir el Capitolio, es que ellos -especialmente ella-  se han convertido en unos abanderados de la revolución que se están germinando en el país contra el sistema opresor. Ante la situación de alarma que comienza a gestarse, el presidente Snow decide organizar unos Juegos del Hambre en el que tendrán que competir a muerte los tributos vencedores de otros años: es decir, Katniss y Peeta deberán volver al campo de batalla en una especie de Gran Hermano VIP. El objetivo real, claramente, es acabar con Katniss y cortar de raíz las ansias de revolución del pueblo.

viernes, 10 de enero de 2014

LOS JUEGOS DEL HAMBRE, de Gary Ross


El director de Pleasantville fue el encargado de la adaptación cinematográfica de la primera parte de la saga que escribió Suzanne Collins, quien también formó parte del guión de esta distopía que ha conquistado a millones de lectores y espectadores en todo el mundo. 

Lo que antes fueron los Estados Unidos ahora es Panem, un país dividido en 12 distritos (el distrito 13 despareció en una guerra cruenta) en el que los ciudadanos son controlados y están divididos por clases sociales y etnias. Para recordar a los caídos en aquella guerra, se celebran cada año los juegos del hambre, un reality show en el que veinticuatro jóvenes (un chico y una chica de cada distrito) tienen que enfrentarse a muerte y en el que sólo puede quedar uno. En la 74º edición de estos juegos, la representante del distrito 12 es Katniss Everdeen. 

Los juegos del hambre es una película de aventuras muy bien contada, sin forzar la acción, que llega en la parte final, cuando toca. El director nos introduce en un espectáculo visual muy cuidado, en el que la estética recargada del Capitolio (en el que viven los que controlan el cotarro) contrasta con la crudeza del campo de batalla en el que se convierte el escenario de los juegos.