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domingo, 10 de junio de 2012

Película para olvidar #7#: ¡POR FIN SOLOS! de Lawrence Kasdan


Tengo la impresión de que la prensa especializada estaba ilusionada con el regreso de Lawrence Kasdan, que dirigió grandes películas en los años 80 y 90, pero que, con su anterior producción, El cazador de sueños, allá por 2003, lo único que consiguió fue un aluvión de críticas negativas. No logro entender el porqué de esa ilusión, si con un póster y un título tal (en inglés: Darling companion) ya me imaginaba yo que la película no sería más que otra comedia para olvidar. Ni tan siquiera Diane Keaton y Kevin Kline, dios les perdone, consiguen elevar el filme, un buen ejemplo del vano esfuerzo por entretener y el fracaso a la hora de hacer reír. 

La película comienza cuando Beth (Keaton) y su hija rescatan a un lindo animal -perro- herido en la carretera con temperaturas muy frías. La hija se casa -previsiblemente- con el veterinario y poco después de la boda, el papá (Kline) -que en un principio no quería a Freeway (así se llama la mascota, al menos en la versión original) aunque después le coge cariño- le pierde (o se escapa, puntualicemos, el muy "hijo de mala perra") lo que hace que el matrimonio, junto con sus cuñados (Dianne Wiest y Richard Jenkins) y su sobrino -y una empleada del hogar que resulta ser una gitana rumana con poderes- emprendan la búsqueda del perro. Ahí es . Esto mismo se puede contar en una sola frase: Un perro se pierde y su familia lo busca. Lo lógico, vamos. Digamos que esa búsqueda constituye en sí misma el núcleo central de la película,  a pesar de que la intención del director apuntaba a llevar el filme por otros derroteros: la sensación de soledad cuando los hijos abandonan el hogar, la falta de vitalidad en un matrimonio que lleva décadas casado, esas cositas típicas que pasan a los papuchis cuando superan los 60. Aunque de todo esto que el director quería transmitir digamos que "mucho te quiero perrito, pero pan poquito".

Todo es tan previsible que ni las risillas que en algún instante pueden nacer consiguen eliminar la sensación de sopor infernal que acecha al espectador. Un espectador desconcertado por enfrentarse -sí, porque hay que tener lo que hay que tener para ir a una sala de cine y pagar los 8 eurazos que cuesta la entrada (queridos, fui al pase de prensa, si ya habéis pagado por verla no me odiéis demasiado)- a una película de entretenimiento que no entretiene, que parece familiar pero si yo tuviera hijos -dios me libre muchos años- no les llevaría a las salas porque dicen algún taco que otro que no me gustaría que escucharan y porque es una lástima ver a unos actores de la talla de estos señores ver hacer bodrios de tal calado. Con lo que ellos han sido, con  los grandes momentos que Diane Keaton nos ha regalado de la mano de Woody Allen, una Keaton joven que me fascinó en Manhattan y me enamoró en Annie Hall. Pero es que la pobre - incluso sería justo decir desgraciada, porque lo suyo es una desgracia como otra cualquiera - lleva haciendo una década el mismo papel, con matices, por supuesto. Pues al final va a tener razón Glenn Close y los mejores papeles de más de 50 años se los lleva siempre Meryl Streep. 

Bueno, ¿qué? ¿nos animamos a ir al cine a ver esta o nos decantamos por alguna que otra película mejor de la cartelera? A mí, eso sí, luego no me vengáis con reproches.

miércoles, 22 de junio de 2011

RABBIT HOLE, de John Cameron Mitchell


Fue a mediados de abril cuando publiqué la crítica cinematográfica de Blue Valentine, quejándome de lo tarde y lo mal que llegan algunos estrenos a la cartelera española. Esa película, por la que Michelle Williams recibió una nominación en los últimos premios Oscar, aún no se ha estrenado en España. Igual que tampoco se ha estrenado, ni tiene previsión de hacerlo por el momento, Rabbit hole, el drama protagonizado por Nicole Kidman, que también estaba en la terna por ese Oscar a Mejor actriz que terminó ganando Natalie Portman. En fin, todo un despropósito el de las productoras en España.

Con todo, he decidido publicar la reseña ya, porque como siga esperando, las sensaciones que me produjo el filme se me van a diluir y la reseña quedará incompleta.

Rabbit hole es la historia de una madre que ha sufrido la pérdida de su hijo en un accidente. Un niño de cuatro años que murió atropellado por un vehículo cuando corría detrás de su perro. Rabbit hole es una película cruda desde la contención, y no sería más que un telefilme si no fuera por la interpretación de Nicole Kidman, un trabajo que me ha servido para reconciliarme con una actriz que realizó una serie de trabajos maravillosos a principios de la pasada década en películas como Los otros, Moulin Rouge y que alcanzó su cenit cinematográfico interpretando a Virginia Woolf en a maravillosa Las horas, de Stephen Daldry. 

Pero que, después, el bótox y la mala elección de sus papeles (véase Nine o La brújula dorada) amenazaban con desterrarla al olimpo de las viejas glorias olvidadas y mediocres. Pero no ha sido así, en Rabbit hole consigue un estado de angustia contenida que sabes que se desbordará, consigue un estado de rabia interior que necesita salir para no destruirla, y consigue realizar un camino en busca de la paz perdida, porque la felicidad, tras un acontecimiento así, es difícil que regrese a tu vida.

Kidman secundada por Aaron Eckhart en el papel del marido que intenta sobreponerse del trance a duras penas y que, más que una ayuda resulta un estorbo, porque ambos parten de puntos diferentes y paralelos y, el amor que les unía, parece lejano y destruído. Él también está notable. Dianne Wiest, en el papel de madre, que apoya el mensaje de superación al dolor que resume la película. Y tras ellos, Sandra Oh, una de las mujeres de la terapia hiriente a la que intentan acudir los padres, o Miles Teller, un jovencito que derrocha madurez y matices. Todo el elenco está digno, pero es que Kidman está sobresaliente, y su interpretación es tan dura que hace puede hacer pesada la película, tanto calibre de contención y dolor cuesta soportar, en contraposición a la perfección social que retrata el director John Cameron Mitchell, una limpieza narrativa que es como un estropajo que arranca la piel, llevándose lo bueno y lo malo.

Dura como pocas, tan dura que hasta cuesta llorar. Pero merece la pena verla, si es que llega a la pantalla en algún momento y, si no, queridos, no os queda más remedio que buscarla en Internet, pese a quien le pese (Sinde, esto va por ti). Merece la pena verla, sobre todo, por reconciliarse y abrazarse de nuevo a Nicole Kidman en todo su esplendor. 

Os dejo el trailer en ingles con subtítulos en español, un trailer bueno de verdad, para que os hagáis una idea de lo que hablo, de lo bien que está Kidman, sin desvelar nada de la trama. Como deberían ser todos los trailers: 

lunes, 10 de mayo de 2010

EDUARDO MANOSTIJERAS, de Tim Burton

Seguramente, la película más popular de Tim Burton convertida ya en uno de los clásicos de la Historia del Cine.

He vuelto a ver esta película, redescubriendo los planos artifiales de Burton, los matices frankestenianos y comprendiendo mejor ahora el sentido profundo de la obra, la crueldad a la que someten a Edward por salirse de las normas establecidas por una sociedad en la que el culto a la imagen está por encima de todo. Un cuento de Navidad inolvidable, con una Banda Sonora más que acorde a la película, y algunas de las escenas más memorables de toda una década, la del abrazo entre la joven Kim y Edward, y sobre todo, la de Kim bailando bajo la nieve. Y también el final tan triste, tan solo... Antes de que él viniera, no nevaba nunca. En cambio después, sí nevó. Si él no siguiera vivo, ahora no estaría nevando...

Una ambientación burtoniana, que con el paso de los años ha ido perfilándose más aún, mezcla de lo gótico y lo excesivo, tanto en la estética como en los diálogos. Un guión que destaca y sobresale por su sencillez y pragmatismo narrativo, absorvido perfectamente por sus intérpretes: desde una Winona Ryder joven y especialmente pura hasta una Dianne Wiest efectiva y un Alan Arkin ácido. Pero sobre todo Johnny Depp, un joven de 26 años cuando se rodó la película, que interpreta a este personaje con absoluta brillantez, parco en palabras pero absolutamente rico en gestos. Depp integró a este personaje y lo hizo veraz y entrañable, un Eduardo Manostijeras absolutamente inolvidable que forma parte de la memoria colectiva de toda una generación.

No creo que sea la mejor interpretación de Johnny Depp, al que encuentro mucho más sobresaliente en Piratas del Caribe o en Sweeney Todd, la que consideró el culmen interpretativo del actor, pero seguramente sea Eduardo Manostijeras la que más merece ganar en la encuesta. ¿Qué creéis vosotros?