Quizá hayan pasado los años justos para que esta película, la cuarta entrega de la saga que iniciara Steven Spielberg, se haya convertido en la más taquillera en el fin de semana de su estreno. Algo más de dos décadas para despertar la curiosidad y las ganas de volver a pasear entre dinosaurios a todos aquellos que rondamos los 30 y que tuvimos una infancia con un protagonismo indiscutible de estas criaturas prehistóricas.
Una nostalgia saciada gracias a la melodía -todo un clásico- de John Williams, que ha recuperado Michael Giacchino y que es capaz de despertar la emoción vibrante de acceder al maravilloso mundo de Jurassic World, un parque temático en el que los "exextintos" animales son los protagonistas. Sin embargo, una nueva especie creada genéticamente comienza a crear problemas en el complejo turístico.
Jurassic World recupera parte de la esencia de la primera entrega, aunque le falta algo (o bastante) de la frescura de aquella y también de la inocencia de la primera vez. La acción arranca quizás algo tarde, se podría haber reducido el metraje de la primera parte pero, cuando empieza, ya no acaba. Y eso es lo bueno de esta película en la que no faltan los clichés (el héroe, el beso, la mujer de acero que esconde un corazoncito) y con un argumento absolutamente previsible. Pero aún así se disfruta enormemente, solo hay que dejarse llevar. Total, ya sabíamos a lo que íbamos al cine y cualquier otra cosa hubiera podido ser una estafa. Jurassic World no es un producto fresco -Spielberg es (¿era?) mucho Spielberg-, pero sí sincero. Cumple las expectativas, pero porque eran pocas.
Aparentemente, el blockbuster más potente de este verano 2015 que acaba de comenzar. Yo la recomiendo, la verdad, para descongestionar es perfecta. ¿Ganas de verla?
Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria




