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martes, 20 de diciembre de 2011

CRIADAS Y SEÑORAS, de Tate Taylor


Sin duda, estamos ante la película revelación del año: con una gran acogida por parte del público y encumbrada por la crítica, la segunda película de Tate Taylor ha conseguido emocionar a casi todos.

No seré yo quien eche por tierra un producto digno, emocionante, una historia que nos lleva hasta el Mississippi  de los años 60, cuando Skeeter (Emma Stone) decide entrevistar a las mujeres negras que se han pasado toda su vida sirviendo en las casas de los ricos blancos. Es fácil imaginar que estamos una historia que vuelve a sacar el racismo y la segregación que ha marcado buena parte de la Historia de Estados Unidos, y es increíble pensar que todo esto ocurría hace tan solo 50 años, que las mujeres negras no podían usar el baño de las mujeres blancas, y que hoy, el presidente del país sea un hombre negro, un hecho que me hace seguir confiando en el ser humano, en su capacidad de  evolución.

La película tiene algunos puntos fortísimos, sobre todo gracias a sus actrices, porque esta es una cinta de mujeres: Viola Davis está, desde la primera escena, tan soberbia que si llevara sombrero me lo quitaría. Grande en sus miradas, en su sensatez, en su drama  y en su fuerza. Octavia Spencer tiene un papel que es como un caramelo, dulce, tremendamente cómica incluso cuando todo parece trágico, tan expresiva como Whoopy Goldberg en Ghost. Apuesto a que el Oscar como Mejor Actriz de Reparto este año llevará su nombre.  Y también hay que mencionar el buen trabajo de Emma Stone, eje que une a blancas y negras, en un papel más amable y menos complejo que solventa con efectividad. Además, tenemos a Jessica Chastain en el que parece que está siendo el año de su consagración y a la gran Sissy Spacek que nos regala alguno de los momentos más cómicos e inolvidables de la película (y es que si la recuerdo todavía me río).

Sin embargo, también diré que otros de los puntos son flojísimos (estoy preparado para la lapidación): el guión de la película vuelve a hablarnos del tema del racismo, manido hasta decir basta, y en esta ocasión, además, lo hace sin ningún pudor a caer en clichés y mediocres lugares comunes para conseguir emocionar a todos, algo que consigue, sí, pero hay veces que no está bien sacarnos lágrimas que nacen desde el juego sucio, una película demasiado sentimentalista con demasiadas trampas y señuelos para aparentar ser grande cuando en realidad no lo es tanto, o no lo sería de no ser por sus actrices y su impecabilidad visual. Cae en clichés desgastados del american dream, y también lleva al extremo a sus personajes: las buenas son muy buenas, las malas son muy malas, cínicas y tontas y maniquíes. Para que nadie se pierda y piense lo que no es. Todo es demasiado evidente, pero reconozco que funciona, y funciona de maravilla, además.

La película es fresca y amable, porque ni tan siquiera el papel de Viola Davis –el más dramático- consigue oscurecer una película llena de color rosita, que se hace la ingenua evitando con descaro los aires de grandeza y consigue que el espectador empatice, sobre todo, con las criadas, porque todos nos hemos sentido alguna vez algo “criada”, y nos hubiera encantado dar una patada en el culo a nuestra “señora”.  Una comedia diferente, con un trasfondo dramático tras las cortinas que no se exhibe, porque la vida, y el cine, a veces, saben mejor cuando nos tapamos los ojos con las manos, cuando sólo probamos lo dulce.  Casi le doy cuatro estrellas…