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jueves, 14 de enero de 2016

Crítica | La novia, de Paula Ortiz


Y te sigo por el aire como una brizna de hierba...

La novia es una sacudida, una bofetada y una lágrima colgada de las pestañas. Es la fuerza del cine en estado puro, la belleza en cada plano, en cada palabra, en cada sonido. 

Basada en el potente texto Bodas de sangre, de Federico García Lorca, La novia es una revisión actualizada de esa historia de amor descarnado, del honor roto y el duelo devastador. En el papel principal encontramos a una brutal Inma Cuesta, protagonista del mes en CAJÓN DE HISTORIAS, en la mejor interpretación de su carrera hasta la fecha. Y no menos brutal está Luisa Gavasa, pura fuerza y puro dolor. 

Por su parte, correctos están Asier Exteandía y Álex García. Aunque el primero no es capaz de alcanzar el nivel dramático exigido por su papel, y el segundo, aunque logra desprender el atractivo necesario, tiene todavía que mejorar ciertas aptitudes. Pero, a pesar de eso, están a la altura de una película así de exigente y así de grande. 

Nominada a 12 Premios Goya, es lo mejor que se ha producido este año en España, un producto cinematográfico al que llamar "producto" roza la aberración. Por su dirección artística y su vestuario, por cada una de las canciones y, en definitiva, por el conjunto. Así que todos mis elogios para Paula Ortiz, que con su segundo largometraje ha consolidado su lugar entre los grandes directores actuales de España, extrayendo belleza de la sordidez.

La novia no es una película para todos los públicos, eso está claro, porque hay que estar preparado para un guión con buena parte en verso y con una imagen tan hipnótica que puede causar rechazo. Pero aún así la recomiendo a los amantes del CINE, y los amantes de Lorca, porque hay algo en esta película que te mueve y te destroza por dentro, capaz de dejarte con la respiración cortada y el alma hecha pedazos. 

Es hermoso pensar que Lorca estaría orgulloso de esta adaptación. Más que cine, poesía pura.



Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria

miércoles, 6 de junio de 2012

LOS NIÑOS SALVAJES, de Patricia Ferreira


Una de las cosas más gratificantes de un festival de cine es, posiblemente, que la película que más te ha gustado se convierta en la gran triunfadora de la edición. Eso es lo que ha pasado con Los niños salvajes en el último Festival de Málaga, donde ha conseguido la Biznaga de Oro a la Mejor Película, el premio al Mejor Guión y los galardones para Álex Monner y Aïna Clotet por sus interpretaciones. 

Ni tan siquiera el accidentado pase de prensa (hubo un problema de desincronización que tardaron un ratito en solucionar...) evitó que el buen hacer de Patricia Ferreira se pegara a la piel. Els nens salvatges es una película sólida, contundente. 
La película nos lleva hasta un instituto público y nos presenta las inquietudes y los miedos de tres adolescentes. Desde el principio de la película sabes que algo ha ocurrido, pero no sabes ni el qué ni a quién, y en eso Ferreira consigue despertar la congoja y la intriga de un espectador que está descolocado desde el principio y que se queda desmontado al final. No diré mucho más, porque lo mejor es que sea el propio espectador quién intente entrar en el reto y en el juego de saber qué es lo que está ocurriendo.

Esto fue lo que dije de ella:

Los niños salvajes es, para CAJÓN DE HISTORIAS, la propuesta más sólida e interesante de esta edición. Es una película que trata sobre la adolescencia pero, sobre todo, tal y como explicó la directora en la rueda de prensa, “es una defensa de  los adolescentes, y una crítica a los adultos. Es también una defensa encendida de la educación pública, que ahora, en tiempos de recortes, no sólo necesita el dinero que el estado hasta ahora le destinaba, sino que necesita el doble”, lo que despertó el aplauso entre los periodistas que allí estábamos presentes.

Patricia Ferreira es una directora con un bagaje que comienza a notarse cada vez más, una experiencia que se refleja en su buen hacer.  Y es que esa solidez que hallamos en la película la encontramos también en el discurso de Ferreira, que tiene muy claro qué es lo que quería y cómo lo quería.  La directora contó que “la labor de documentación fue amplísima” y que tuvieron que empaparse del trabajo de los profesores en la educación pública. También desveló que el proyecto comenzó a fraguarse con anterioridad a La clase:  “cuando se estrenó esa película, me sirvió para darme cuenta de que Los niños salvaje se podía hacer”.


Con una trama perfectamente construida y bien hilada, la cinta cuenta además con unas interpretaciones cargadas de madurez, a pesar de la juventud de sus actores: Marina Comas, una niña con una mirada grave, de adulta (tiene un Goya en su haber por Pa negre), Albert Baró y Alex Monner, secundados por Aina Clotet y Ana Fernández.

Todavía queda medio año de estrenos de cine español y entre ellos, veremos lo nuevo de Fernando Trueba, lo nuevo de Bayona con Naomi Watts como protagonista o la adaptación de la novela Todo es silencio, de Manuel Rivas, dirigida por José Luis Cuerda, pero creo que Los niños salvajes merecería un hueco en alguna de las categorías importantes de los próximos Premios Goya, especialmente al guión y a la dirección de Patricia Ferreira. Porque es cine español de calidad. Porque, lejos de la superficialidad del entretenimiento, es el cine que merece la pena ver, que entretiene, por supuesto, pero que lleva un mensaje necesario que el mundo, nuestro mundo, necesita escuchar.  


viernes, 27 de abril de 2012

FESTIVAL DE CINE DE MÁLAGA 2012 (II)


La defensa de la educación pública engrandece el Festival de Málaga


Texto: Ismael Cruceta
Fotos: Natalia Pulido 


Como ocurre en todos los festivales de cine, la calidad de las cintas puede variar notablemente. En la 15ª Edición del Festival de Cine Español de Málaga algunas propuestas han sido flojas, otras decentes, y alguna muy buena, de esas que otorgan a nuestro cine en general y al festival en particular el prestigio que se merecen.  Y por una de esas obras comienzo hablando hoy: Los niños salvajes (Els nens salvatges) de Patricia Ferreira, que se exhibió en la jornada del miércoles.

Los niños salvajes es, para CAJÓN DE HISTORIAS, la propuesta más sólida e interesante de esta edición. Es una película que trata sobre la adolescencia pero, sobre todo, tal y como explicó la directora en la rueda de prensa, “es una defensa de  los adolescentes, y una crítica a los adultos. Es también una defensa encendida de la educación pública, que ahora, en tiempos de recortes, no sólo necesita el dinero que el estado hasta ahora le destinaba, sino que necesita el doble”, lo que despertó el aplauso entre los periodistas que allí estábamos presentes.

Patricia Ferreira es una directora con un bagaje que comienza a notarse cada vez más, una experiencia que se refleja en su buen hacer.  Y es que esa solidez que hallamos en la película la encontramos también en el discurso de Ferreira, que tiene muy claro qué es lo que quería y cómo lo quería.  La directora contó que “la labor de documentación fue amplísima” y que tuvieron que empaparse del trabajo de los profesores en la educación pública. También desveló que el proyecto comenzó a fraguarse con anterioridad a La clase:  “cuando se estrenó esa película, me sirvió para darme cuenta de que Los niños salvaje se podía hacer”.

Dos de los protagonistas de "Els nens salvatges" junto a Patricia Ferreira
Con una trama perfectamente construida y bien hilada, la cinta cuenta además con unas interpretaciones cargadas de madurez, a pesar de la juventud de sus actores: Marina Comas, una niña con una mirada grave, de adulta (tiene un Goya en su haber por Pa negre), Albert Baró y Alex Monner, secundados por Aina Clotet y Ana Fernández –a la que tuve delante en una de las proyecciones, riéndose y comiendo palomitas, que es una de las cosas que siempre hacen especiales a los festivales, que acercan a actores, periodistas y público, que en la calle puedes ver a Óscar Jaenada y Jan Cornet mientras te comes unos calamares en una terracita, que puedes ver lo seria que es Clara Lago y la tensión permanente que refleja su rostro cuando está en un sitio público y no está trabajando, como si tuviera miedo a que la gente, de repente, le pida fotos o autógrafos sin parar-. 

Curiosidades aparte y volviendo a lo estrictamente cinematográfico: una de cal, y una y media de arena. Esa arena que tan presente está en Wilaya, visualmente sin “peros”, pero con un guión que no consigue salir a flote entre las dunas. Demasiado lenta, demasiado espesa. Una lástima, por la gran película que pudo ser y no es.

Natalia Erice y Fele Martínez, reparto de "Esperando Septiembre"
Y por último, esta vez dentro de la sección ZonaZine, que entiendo que reúne las propuestas con presupuestos más escasos, que intentan apoyarse en otros factores para despertar el beneplácito del público, como la sonrisa o la empatía, aunque no siempre se consigue el objetivo, obviamente, quiero mencionar el visionado de Esperando Septiembre, una comedia con una factura técnica algo más pobre, pero que consigue entretener  -en mayor o menor medida- y hacer reír al espectador, y con una influencia muy, muy presente del medio televisivo, donde su directora, Tina Olivares, se mueve muy bien. Una película coral que cuenta con la colaboración de Fele Martínez, que alabó la labor de la directora: “Estamos ante un buen ejemplo de lo que supone darle tiempo y respeto al trabajo de los actores. Sin eso, Esperando Septiembre no tendría el brillo y la espontaneidad que tiene”.

El equipo de "Esperando Septiembre"

Hasta aquí la entrada de hoy, en la próxima os hablaré de tres películas más y os desvelaré mi quiniela unas horas antes de que el jurado haga pública su decisión. Aunque, por lo que vais leyendo, ya os podéis hacer una idea de que es lo que más me ha gustado… 


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lunes, 19 de septiembre de 2011

HABLE CON ELLA, de Pedro Almodóvar

A pesar de haberla visto al poco tiempo de su estreno, he vuelto a hacerlo para escribir esta reseña y, como ocurre siempre con las películas de Almodóvar, en el segundo visionado descubres detalles que habían pasado desapercibidos la primera vez, pero en esta ocasión, al haber pasado tanto tiempo (casi una década) tengo que reconocer que he redescubierto la película entera, puesto que mi forma de entender el cine ha cambiado, por decirlo de alguna manera, mis ojos han crecido.

Con Hable con ella, Almodóvar hizo todo una demostración al mundo entero de su valía como director y como guionista, demostró que su cine está a un nivel superior, que destaca por encima de una abultada media, reafirmando que Todo sobre mi madre no había sido por casualidad ni por mera buena suerte una obra maestra, sino el inicio de una evolución sofisticada en la que, desde entonces, no ha hecho más que grandísimas películas. 

Hable con ella es, como las anteriores, como tantas veces en su filmografía, una película que profundiza en el universo femenino, pero está vez con dos personajes masculinos principales: Benigno (Jávier Cámara) y Marco (Darío Grandinetti), dos hombres a los que el destino les sienta por casualidad frente a una obra de ballet, a los que el destino vuelve a unir, en su crueldad, en un hospital, porque ambos, mantienen, de una manera o de otra, una relación con dos mujeres sumidas en un coma profundo e irreversible. 

Con estas premisas, la historia comienza a evolucionar, a crecer poco a poco pero con un ritmo y una fuerza que crece con cada plano, tanto, tantísimo, que en un momento de la película descubres, al comprender lo que realmente está ocurriendo, que tu cuerpo ha comenzado a transpirar y tus pupilas se han dilatado. Y después desembocan los hechos en un drama, como el coma, irreversible, en el que, gracias a la maravillosa interpretación de Javier Cámara, cuesta reprimir las lágrimas. Porque Cámara hace un papel tragicómico, natural y sumamente femenino, de hecho, siento que es el papel de un actor más femenino, en cuanto a psicología se refiere, que he visto en toda mi vida. Cámara que merecía el Goya al Mejor Actor por este papel, aunque finalmente fue a parar a Javier Bardem por Los lunes al sol. Y he de decir, que aunque soy fan incondicional de Bardem, creo que los académicos fueron demasiado benevolentes con él y castigaron a Cámara y castigaron a Almodóvar, para su propia vergüenza, en un signo de desfachatez, puesto que el mundo entero reconoció la maestría de nuestro director más internacional, premiándole con dos Bafta, un César, un Globo de Oro y, atención, el Oscar al Mejor Guión Original, además de la nominación para Almodóvar como Mejor Director, nominación que compartió con Rob Marshall (Chicago), Stephen Daldry (Las horas), Martin Scorsese (Gangs of New York) y Roman Polanski (El pianista), siendo este último quien finalmente se alzó con el galardón. Hable con ella, aquí en España, sin embargo, tan sólo consiguió el Goya a la Mejor Música Original, pero es que ese premio, cuando la música corre a cargo de Alberto Iglesias siempre está asegurado.

Y aunque son Cámara y Grandinetti los que tienen todo el peso, los que forman la columna vertebral de este melodrama, un gran número de actrices les secundan para engrandecer la belleza del film: Leonor Watling, la candidez, Rosario Flores, el arte, Geraldine Chaplin, la ternura, Mariola Fuentes, el compañerismo, Chus Lampreave, la risa, Ana Fernández, las lágrimas o Paz Vega, la entrega. Y, Almodóvar, amigo de sus amigos, quiso que aparecieran también en la película alguna de sus chicas, como Marisa Paredes o Cecilia Roth, en el momento en el que Caetano Veloso canta una canción hermosa y triste:


En definitiva, un trabajo de exquisita madurez y elegancia, donde las emociones contenidas terminan por desbocarse, donde el maestro hace de lo más siniestro y macabro un derroche de amor, de compasión y de nostálgica soledad, dejando un enorme un poso de gratitud en el espectador. ¡Gracias Pedro!