El Planeta es, seguramente, el premio literario más cuestionado. Hace unas semanas, sin ir más lejos, leía un aterrador comentario sobre la obra ganadora en la última edición, la novela de Clara Sánchez, que decía: "no creo que Pere Gimferrer se haya leído este bodrio". En CAJÓN DE HISTORIAS he reseñado solamente una novela ganadora, Mientras vivimos, de Maruja Torres, que no terminó de convencerme, y varias finalistas: Tiempo de arena, de Dulce Chacón, Villa diamante, de Boris Izaguirre o Y de repente, un ángel, de Jaime Baily, todas ellas enmarcadas en el apartado Categoría: Regular, como si de una especie de maldición se tratara. Hoy, por fin, os traigo una novela que fue finalista en la edición de 2012, que sí me convenció del todo y que rompe el maleficio de los Premios Planeta en este espacio: La vida imaginaria, de la periodista Mara Torres.
Es la historia de Fortunata Fortuna, Nata, una mujer a la que su novio acaba de dejar. Es el proceso por el que ella, la protagonista, pasa hasta conseguir mirar por su ventana y ver las cosas con luz. Me ha gustado porque es una novela profundamente actual, con una mirada fresca sobre las relaciones sentimentales, sobre el amor, sobre la amistad y sobre la vida. La vida imaginaria se disfruta porque es fácil empatizar enormemente con Nata, porque si alguna vez has amado y alguna vez una relación que creías perfecta (tú y todos los que te rodean) ha hecho aguas, habrás pensado, incluso pronunciado alguna de las palabras que hallamos escritas en este libro. Es un retrato del ideal del amor que se nos impone a veces, que se desmonta casi siempre.
Con un estilo desenfadado, pero no descuidado, Nata nos cuenta cómo se apoya en sus amigos cuando Beto decide acabar la relación, cómo las situaciones que vivimos en pareja adquieren matices diferentes cuando son nuestros amigos quienes nos acompañan (no pude evitar soltar una carcajada cuando en un viaje en coche con amigos te das cuenta que te has equivocado de ruta y aplaudes y brindas por ello; en cambio, si te ocurre con tu pareja lo que haces es pillarte un mosqueo monumental y echarle la culpa por no haber mirado antes el camino correcto... me ha pasado, lo reconozco). Y también sobre cómo imaginamos situaciones ideales, reencuentros posibles con esa persona que nos fastidió la vida durante un tiempo y seguimos cayendo en sus trampas, incluso si esa persona, ya ausente, sigue en nosotros durante algún tiempo después de la ruptura, en una mezcla de realidad desvirtuada, de vida imaginaria, como reza el título.
La vida imaginaria tiene una protagonista principal dibujada con maestría (Nata estuvo entre los mejores personajes femeninos del año 2013 en CAJÓN DE HISTORIAS), tiene un estilo certero y fresco que hace pasar al lector muy buenos momentos, y eso, al fin y al cabo, es de lo que se trata: conseguir relativizar las rupturas que te rompen el corazón y te paralizan la vida, sí, pero todo tiene solución. Merece la pena.
Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria
Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria








