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miércoles, 26 de marzo de 2014

CRÍTICA | OCHO APELLIDOS VASCOS, de Emilio Martínez-Lázaro


En su segundo fin de semana en taquilla, Ocho apellidos vascos ha conseguido un aumento del 60% con respecto a su semana de estreno, que ya consiguió colocarse la medalla de "el mejor estreno de una película española desde la todopoderosa Lo imposible". Una auténtica pasada que confirma que el boca-oreja sigue funcionando mucho y muy bien. Incluso mejor que nunca, gracias al bombardeo tecnológico-social al que estamos sometidos. Y siempre es una alegría ver una película española en el número 1 de la taquilla y además con estas cifras tan positivas, porque cuando gana el cine español, ganamos todos. 

Sin embargo, quiero decir que no voy a hacer una crítica positiva de nuestra particular Bienvenidos al norte porque, sencillamente, no creo que estemos ante una buena película. Tiene un factor muy positivo, y es que logra conectar con un público muy amplio, pero el guión hace aguas por todos los lados y  no es más que una sarta de clichés manidos que terminan produciendo sopor y agotamiento de un espectador maduro. Sé que esto es ir contracorriente y levantar ampollas innecesarias, pero de verdad, creo que el cine patrio ha demostrado ser capaz de hacer comedias de calidad. De hecho, el año pasado, las mejores películas fueron comedias: desde la comedia total de Tres bodas de más, a la comedia fresca como La Gran familia española o la entrañable y cargada en matices Vivir es fácil con los ojos cerrados. O también la comedia de acción y brutal que es Las brujas de Zugarramurdi. Es decir, que comedias hay para todos los gustos. Y claro, de repente Emilio Martínez Lázaro nos planta esta película que hace reír basándose en convencionalismos, como si un monólogo eterno de El club de la comedia se tratara. Y por suerte y a dios gracias, Ocho apellidos vascos es mejor que su anterior película, La montaña rusa, que se llevó la etiqueta de Película para olvidar en CAJÓN DE HISTORIAS y que bien merecía ser quemada en la hoguera del olvido.

Los actores están muy acertados en sus interpertraciones: el gran Karra Elejalde en el papel de padre vasco; Carmen Machi de viuda "en el exilio" y falta de cariño; Clara Lago, arisca como debe de ser; y Dani Rovira en su papel de señorito andaluz que se hace pasar por un vasco y que consigue, en su primer papel cinematográfico, estar a la altura de los otros tres intérpretes (¿creéis que ya tenemos al primer nominado como Mejor actor revelación en los Premios Goya 2015?). Pero claro, los buenos papeles no son suficientes cuando el guión es absolutamente mecánico y destinado al desastre.

A ver, que yo también me he reído con sus gracietas, a saber: la vasca con flequillo cortado con un hacha, el andaluz repeinado con su medalla de una virgen colgando del cuello, el padre que come y bebe como una bestia humana y los guiños a los nacionalismos del norte y del sur. Algunos andan diciendo por ahí que es una película valiente por tratar estos temas ahora que los medios de comunicación parece que quieren crear más fracturas que nunca, pero lo valiente para mí habría sido hacerlo con inteligencia.


Un último apunte personal:
El año pasado, viviendo en Bolivia, compartí vida con una sevillana, y entre mi grupo íntimo había también dos vascas. Ellas se encargaron ya de teatralizar desde el profundo cariño y respeto lo que nos muestra la película, así que quizá por eso me ha parecido tan mediocre lo visto en la pantalla, porque la realidad supera la ficción y las peleas de mi sevillana nacionalista con mis vascunis me hicieron disfrutar mucho más.

Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria

domingo, 18 de marzo de 2012

Película para olvidar #6#: LA MONTAÑA RUSA, de Emilio Martínez Lázaro


Escribo estas palabras con rabia, con rabia que parecía contenida pero que siento que se desbocará. Y es que no me queda más remedio que ponerle un suspenso a esta comedia que ni es comedia ni es nada, más que un rollo de película cinematográfica que caerá instantáneamente en el olvido y que no merecía llegar a las salas para engordar la lista de fracasos del cine español. Ese cine que es mi cine y que tanto defiendo. Y por eso siento rabia, porque desde que, el pasado lunes, fui al pase de prensa de La montaña rusa, a muchas de las personas a las que les he dicho que no merecía la pena ver este truñaco (perdonen lo feo de la palabra, pero es que no encuentro otra que lo describa mejor) me han contestado: 

- ¿De quién es?
- De Martínez Lázaro, y sale Verónica Sánchez y Alberto San Juan y Ernesto Alterio.
- ¡Aaaah! Es española... claro...

Y por ahí no paso. Porque no es justo meter en el mismo saco del cine español a "esto" y a Todo sobre mi madre, Tesis o Mi vida sin mí, por mencionar tres obras maestras reseñadas en CAJÓN DE HISTORIAS.

No se dejen engañar. Porque Martínez Lázaro nos hizo reír a carcajada limpia y sana con sus lados de la cama, que tan bien le fueron en taquilla, porque nos hizo llorar -a algunos, no a todos- con Las trece rosas. Pero ahora, ni hace reír ni hace llorar. Pero es que es "tan para olvidar" esta cinta que ni hace bostezar siquiera.  Por lo que no merece el título que tiene, puesto que esta montaña rusa no sube ni baja, sino que se queda estática. 

Hace unos días publicaba en La fila 11 (la sección que escribo mensualmente para Ponte en Pie) una crónica de la presentación, en la que director y actores defendieron y explicaron la película. En La montaña rusa tres amigos de la infancia vuelven a encontrarse, surgiendo entre ellos un triángulo amoroso que gira en torno a la cama. Ada, insatisfecha sexualmente desde siempre, encuentra en Luis a un hombre para el que el sexo no es lo más importante, en el que confiar, con el que mantener una relación estable. Y cuando todo parecía perfecto, llega Loren para descubrirle el placer. El argumento ya deja entrever que no será "la gran historia", pero es que hace agua por todos los lados. Es previsible 100%, roza lo vulgar, y lo peor es que pone de manifiesto ese cine español de los años noventa que se ha quedado tan desfasado y que es tan rancio. De verdad que no entiendo como un productor puede confiar en un proyecto así, por mucho que se llame Martínez Lázaro el director y que cuente con la confianza de buenos actores, como son los protagonistas de esta historia. 
Una lástima. De verdad. Y la rabia no se me pasa. 

P.D.:  Deberían prohibir que Ernesto Alterio se tiña las canas. 

P.D. 2: Si hubiera unos premios Razzie españoles, obtendría unas cuantas nominaciones, seguro. 

Más Películas para Olvidar:

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miércoles, 6 de enero de 2010

LAS TRECE ROSAS, de Emilio Martínez Lázaro

Emilio Martínez Lázaro entreteje en su último largometraje una trama que carece de peso dado que el espectador conoce de antemano la historia de las 13 rosas. Para el espectador que no cuenta con esta información lo que encuentra es un argumento previsible desde el principio: un grupo de chicas jóvenes de izquierdas que son detenidas y juzgadas al final de la Guerra Civil.

Sin embargo, el director es consciente de que esta historia de los primeros tiempos de la posguerra ya ha sido contada una y mil veces (una historia más de la Guerra Civil) por eso sabe que para elevar el film tiene que apoyarse en otros recursos:

El primero y más importante: las actrices a las que dirige con profesionalidad, y ellas solventan sus papeles con naturalidad e incluso rozando la ternura, si bien es cierto que tanta alegría en las cárceles lo único que hace es evidenciar el exceso de drama para emocionar al espectador y arrancarle una lágrima fácil. Exceso de drama subrayado además por una música triste que acelera el proceso que lleva a las mencionadas lágrimas.

El segundo recurso, y no menos importante, es conseguir recrear el ambiente de Madrid en aquellos años: sus calles, sus ropas, sus casas, su gente. El director realiza un tratamiento real de la imagen para poder transportar al espectador hasta el lugar y la época deseada. Y consigue su objetivo con éxito.

Mencionar también que la película está bañada de una luz especial, de tonos crudos que la dan un aire antiguo y que se vuelven tenues y oscuros en la última parte cuando las chicas son metidas en prisión., momento en el que Madrid desaparece y todo se reduce a la cárcel. Y la luz oscura no impide sin embargo que se desplome la credibilidad para mostrarnos una cárcel amable en la que se baila claqué y se cantan canciones.

A pesar de todo, Las 13 rosas es cine en estado puro: es una historia de ficción y el espectador debe ser consciente de ello. Martínez Lázaro no pretendía ni mucho menos realizar un documental sobre la historia de aquellas mujeres, sino que se ha basado en esa historia real para crear una película subjetiva que no pretende contar unos hechos verídicos, sino que el objetivo principal es hacer llegar al espectador las emociones que produce el buen cine, cine español en este caso, mediante una historia dramática, apoyándose en una magnífica dirección artística y en unas actrices que son conocidas y que, en general, gustan al público.

Sin duda, estamos ante una película que ha cuidado los detalles al mínimo para conseguir transportar al espectador al Madrid de 1939. Las 13 rosas emociona e incluso hace llorar, pero un exceso de drama a veces puede resultar peligroso y lo que consiga es empachar hasta producir una desagradable indigestión.