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viernes, 8 de marzo de 2013

EL CARTERO DE NERUDA, de Antonio Skármeta


El cartero de Neruda o Ardiente Paciencia es la primera novela de Antonio Skármeta, en la que nos cuenta la historia Mario Jiménez, un joven que comienza a trabajar en Correos, encargado de llevar sus cartas a un solo cliente muy especial: el poeta Pablo Neruda, que vive a las afueras de Isla Negra junto con su mujer Matilde. 

Pablo Neruda y Matilde en Isla Negra.
El cartero de Neruda es una historia de amor, de admiración y de dignidad, los tres pilares que sustentan la obra literaria de Skármeta. 

De amor, porque ese cartero se enamora de la chica más linda de su pueblo. De admiración, la que se profesa por Neruda, por su obra y por sus ideas. Y de dignidad, porque han de mantenerse fieles ante la adversidad que llegó a Chile para instalarse durante 17 años. 

En El cartero de Neruda flota la amistad, una amistad discontinua pero limpia, la amistad que nace cuando no importa ni el quién, ni el qué ni el cómo. La amistad entre un GRANDE y un modesto al que precisamente su modestia e inocencia le hacen GRANDE. 

El cartero de Neruda es una obrita ligera, amena, que se lee en dos ratitos, una novela que tiene destellos de luz y de ternura, pero en la que también encontramos errores de estilo y de inmadurez que Skármeta supo refinar con el tiempo. En Los días del arcoíris, por ejemplo, se nota una construcción más sólida y madura.

Una novelita, en fin, amable, un canto de admiración por Neruda que merece la pena leer. 

sábado, 16 de febrero de 2013

LOS DÍAS DEL ARCOÍRIS, de Antonio Skármeta


La Historia de Sudamérica me parece una de las más interesantes del Globo. De entre ellas, quizá por más reciente, no lo sé, la de Chile me parece fascinante. 

Este libro es un buen documento para acercarse con pasión a aquellos días en que el dictador Pinochet quiso legitimar su régimen mediante un plebiscito en el que la gente tenía que votar Sí (queremos que siga) o No. Fue bastante inteligente el militar porque si la gente hubiera votado Sí se habría producido una transición democrática y se habrían enterrado los miles de crímenes contra la humanidad cometidos. 

Pero sorprendentemente la gente voto No en un alarde de razón poco común en el ser humano. Los que estaban a favor del No lo tenían todo en contra: contaban con 15 minutos en toda la campaña, mientras que el Sí tenía sus 15 minutos diarios, tenían que hacer a la gente decantarse por votar en negativo, que siempre es más complejo. La coalición de partidos del No era una amalgama que agrupaba desde los socialdemócratas hasta los radicales socialdemócratas, desde el partido liberal hasta los socialistas, con ideologías muy diferentes, tanto que era complicado ponerse de acuerdo en algo. Y luego, por supuesto, estaba el miedo. El miedo a las represalias, a las desapariciones, como la del papá de Nico, uno de los personajes de esta historia. 

Esos días del arcoíris en los que se desarrolló la campaña previa al plebiscito son los días en los que tiene lugar la acción de este libro, protagonizado por Adrián Bettini, el encargado de lanzar la acción y el mensaje político contra Pinochet, esos días en que nació El vals del No y en el que algunos, los más valientes, los más intrépidos, se lanzaron a bailarlo en una noche de lluvia en Santiago.

Los días del arcoíris es una novela bien construida, con el ritmo necesario que consigue empapar al lector de aquel momento decisivo para la Historia de todo un país, ese fulgor que nació y que fue creciendo como una ilusión hasta que se convirtió en un arcoíris de colores gigante en el cielo, colores contra la dictadura, colores contra el miedo. ¡Qué belleza! 

sábado, 1 de diciembre de 2012

Protagonista del mes... Antonio Skármeta


Quería que el último protagonista del mes en CAJÓN DE HISTORIAS fuera un escritor. Para terminar el año como lo empecé, con literatura. No han sido pocos los autores en los que he pensado, pero si finalmente me he decantado por Antonio Skármeta es porque hace varias semanas vi El baile de la victoria, la película dirigida por Fernando Trueba basada en la obra homónima de este autor que recibió, además, el premio Planeta. La película me gustó tanto que me dio rabia haberla visto sin haber leído antes la novela. Quizá la lea igualmente, aunque dejaré pasar algo de tiempo. 

Pero esa película me animó a conocer la forma de escribir de este autor, y me he acercado a dos de sus obras más conocidas y reconocidas: El cartero de Neruda y Los días del arcoíris. Por la primera alcanzó la fama internacional. Por la segunda, ya consagrado, recibió el Premio Planeta Casa de América 2011. 

Intelectual de izquierda, después del golpe militar de Pinochet salió del país, primero para instalarse en Argentina y después en Alemania. Dieciséis años tuvieron que pasar para que regresara a su Chile natal. En 2000, durante el gobierno de Lagos, fue nombrado embajador en Alemania, un cargo que ocuparía hasta 2003.

Su estilo es limpísimo, depurado, sencillo y directo. Y las dos novelas nombradas son un documento histórico para acercarse a la historia reciente de Chile, tan fascinante. A dos momentos muy determinantes, además: justo antes del golpe militar, y casi dos décadas desspués, cuando organizó el plebiscito con el que Pinochet perdería el poder. De esas novelas os hablaré con más detenimiento a lo largo de este mes de diciembre. Y vosotros, ¿habéis leído algo suyo? ¿Qué os ha parecido?


domingo, 28 de octubre de 2012

EL BAILE DE LA VICTORIA, de Fernando Trueba


Esta película fue una de las más nominadas en los Premios Goya de 2010, en nueve categorías en total, y ni un sólo premio. Competía por la mejor película, la mejor dirección o el mejor actor de reparto para Ricardo Darín.

No la vi en su momento, y ahora, tres años después de su estreno, he podido disfrutar de esta pequeña obra de arte del cine actual con aires clásicos, gracias a este octubre dedicado a Fernando Trueba, protagonista del mes en CAJÓN DE HISTORIAS.

Skármeta actúa en un pequeño papel.
Basada en la novela homónima de Antonio Skármeta, que recibió el Premio Planeta, nos cuenta la historia de dos hombres recién salidos de la cárcel y de cómo planean un nuevo golpe. Pero no es una historia de acción, sino un camino de búsqueda que va entre el amor, la amistad y la venganza. Un camino que se recorre a caballo, al paso, sin prisa ninguna, entre las calles de Santiago de Chile revestido de realismo mágico. Me ha gustado ver la película pero ahora siento rabia por no haber leído primero el libro, porque es una historia que, bien contada, puede llegar a ser muy conmovedora y seguro que es una gran novela. 

La frescura del joven actor Abel Ayala (que alguien me explique por qué él no estuvo nominado en esos Goya cuando sin ninguna duda es quien más lo merece) despierta la ternura en un espectador ante un personaje feliz, inocente y enamorado. Hace un gran trabajo, consiguiendo la naturalidad en un papel que parecía sencillo pero que en esa sencillez entraña una gran complejidad. Alrededor de él, las tablas de Ricardo Darín, muy querido en la cinematografía hispana, y la bailarina Miranda Bodenhofer, que todo lo expresa con su cuerpo y con su mirada en un papel dramático y hermoso a partes iguales. También encontramos en papeles más pequeños a Ariadna Gil y al propio escritor Antonio Skármeta.

Fernando Trueba vuelve a demostrar su buen hacer como director, su madurez, su dominio y su capacidad para plasmar en imágenes una idea, una situación y un sentimiento. La tildaron de excesivamente lírica, pero no es así. Es poesía a veces pero pragmática en su narración. La crítica la vapuleó, pero merece la pena hacer oídos sordos a esas malas palabras para pasar dos horas ante un cine exigente y elegante. 

No es una película perfecta, el ritmo es irregular con altos y bajos muy marcados, pero es que los altos son de una maestría tal que bien merecen la calificación de obra maestra. Por el realismo mágico, por el azul del mar y el rojo de una sandía. Por la elegancia del ballet y su música triste que suena a poema de Gabriela Mistral, por el renacer de un país y por la nieve de los Andes. Pesa más lo bueno, por fortuna. 

- ¿La amas como se ama en las películas?
- Yo no tengo dinero para eso, ojalá pudiera...