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viernes, 13 de febrero de 2015

Crítica | Siempre Alice, de Richard Glatzer y Wash Westmoreland


A la hora de enfrentarse a esta película, uno se espera lo peor. Porque la historia de una mujer que aquejada de un mal de Alzheimer precoz se presenta terrible. Y, sin embargo, los directores de esta película han logrado no regodearse en el drama, en la lágrima fácil. De hecho, el momento más dramático de Siempre Alice es el discurso que la protagonista pronuncia en una conferencia. 

O, por decirlo de otra manera, Siempre Alice es un drama contenido, que va hiriendo poco a poco en los pequeños detalles: el blanco que llega inesperadamente a la memoria de la protagonista, olvidándose de un nombre, de un gesto, de una palabra. Una enfermedad que se va acentuando, irremediablemente. 

Estamos ante una de esas películas que, gracias a una impecable interpretación, se cuelan en la temporada de premios y consiguen estar presente en todas las entregas importantes con una única opción a premio que, además este año, se está viendo materializada. Y es que Julianne Moore, protagonista del mes en CAJÓN DE HISTORIAS hace una de las mejores interpretaciones de su carrera. No la mejor, eso seguro (su papel en Las horas es mucho más conmovedor sin ese toque melodramático que tiene aquí), pero sí encarna a la perfección el papel de una profesora a la que una enfermedad le roba sus recuerdos y su bien más preciado: la lengua. Está perfecta en ese declive progresivo, en la agilidad mental que va deteriorándose, en la dificultad para pronunciar de la parte final, para transmitir ese profundo dolor cuando recuerda y es consciente de que su vida se le va. Esta vez, salvo sorpresa mayúscula, Julianne Moore ganará el Oscar  por un papel que ya le ha reportado el Globo de Oro, el SAG y el Bafta. El resto del reparto, con Alec Baldwin o Kristen Stewart, es puro decorado. Están correctos, sí, pero tienen poco margen de actuación. 

Con todo, a Siempre Alice le falta dinamismo y visceralidad, como si se quedara a un paso de ser real. Rodada con mucha discreción y con un guión más bien flojo, la película merece la pena gracias a que Julianne Moore borda su papel.

Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria

viernes, 6 de diciembre de 2013

Crítica de BLUE JASMINE, de Woody Allen


La verdad es que el trailer de esta película me pareció bastante malo, pero como Woody Allen es Woody Allen y tengo confianza plena en él, y además las buenas críticas halagaban el trabajo de Cate Blanchett, me decidí a ver Blue Jasmine. Y, os lo digo ya, merece la pena. 

Cate Blanchett ¡LOCA!
Es la historia de una mujer de la clase alta neoyorquina, Jasmine (Cate Blanchett) que, después de ver a su marido (Alec Baldwin) envuelto en un caso de corrupción y enriquecimiento ilícito y perder toda la fortuna, viaja hasta San Francisco, donde vive su hermana en un pequeño apartamento con sus dos hijos y un novio mecánico (geniales Sally Hawkins y Bobby Cannavale en sus papeles secundarios), para intentar recuperarse del desequilibrio psicológico que esto le ha supuesto y rehacer su vida. 

Llegué a pensar que Woody Allen, que ya demostró su amor por España en Vicky Cristina Barcelona, había estado leyendo los medios de comunicación (¿descomunicación?) patrios e, inspirado en el Caso Urdangarín, había hecho su propia versión de los hechos adaptándolos al mainstream de Hollywood. Porque similitudes hay: hombre rico que roba y roba, corrupto hasta decir basta pero enmascarándolo todo en una filantropía caritativa (como Iñaki), cuya mujer se limita a disfrutar de una buena vida que le ha venido dada (véase la infanta Cristina), haciéndose la tonta (¿o es que realmente lo es?) y fingiendo que no se entera de los asuntos de su esposo, que son más turbios que el Manzanares en algunos tramos. Todo es posible. La realidad, ya lo saben ustedes, supera casi siempre a la ficción.

La actriz y el director durante el rodaje
La historia es que a Woody Allen le ha salido una película tragicómica que tiene más de tragedia que de comedia, todo sea dicho, incluso a pesar de algunas caídas graciosas y el tono mordaz y cínico que envuelve a toda la cinta. Porque el desequilibrio mental de la protagonista realmente debería dar pena: creo que ese ese precisamente el juego al que quería jugar el cineasta: lograr que el espectador empatice con esta mujer que, al fin y al cabo, es igual de ladrona que su esposo, igual de cómplice que él. Y Allen lo logra, estoy seguro (no lo ha logrado conmigo pero es que yo tengo una rabia que ni os podéis imaginar contra esas élites capitalistas y corrupptas -ups, se me escapó una "p" de más-), Allen logra que el espectador sienta compasión por esa mujer destrozada, expulsada de su vida, engañada, denostada, loca, ¡LOCA! Juana de Castilla lo estuvo por amor, y esta, la Jasmine, triste Jasmine, lo está por el dinero que tuvo y ya no tiene: ese es el ideal de romanticismo que mejor define este comienzo del siglo XXI, podrido. Y lo disfrutamos, disfrutamos viendo a Cate Blanchett haciendo ese papel delicioso e histérico que le va a dar su segundo Premio Oscar (no ganarlo sería como permitir que la Cristina esa de la que hablaba al principio no vaya a la cárcel: una injusticia como la copa de un pino...).

En definitiva, Blue Jasmine, una película sobre la decadencia de las élites, que acabarán solas, que acabarán locas, así debería ser. Una película que se disfruta por su guión magnífico, que posee el ritmo adecuado, y que se disfruta, sobre todo, por Cate Blanchett, que está inmensa. 

jueves, 27 de septiembre de 2012

Crítica de A ROMA CON AMOR, de Woody Allen


Parece que con esta película acaba la aventura europea de Woody Allen, que nos ha llevado de visita a Londres en un juego peligroso y sublime, a Barcelona, acompañados por una mujer histérica e inolvidable, a París, en donde la belleza supuraba melancolía de otros tiempos, y ahora a Roma, la capital italiana.

Woody Allen y Penélope Cruz, lo mejor de la película.
En Roma con amor encontramos al Woody Allen en estado puro, al Woody Allen de siempre, centrado en los problemas amorosos, en los enredos de faldas y pantalones, con personajes histriónicos y algo paranoicos. Una comedia coral que se regodea en el absurdo. Coral coralísima, en estado puro, un ejercicio en el que se comparten planos, se comparten minutos en la pantalla. Eso tiene un punto a su favor: ninguno de los actores está pésimo. También algo en contra: a algunos les falta tiempo para brillar más. Entre las mejores interpretaciones encontramos las del propio Woody Allen, dirigiéndose a sí mismo, interpretando a ese personaje que ha hecho tantas veces ya, y que sabe hacer de maravilla. Y también destaca Penélope Cruz en su papel de prostituta que se ve abocada a entrar en un juego para interpretar a una mujer que no es. Ellos son lo mejorcito de un filme en el que también encontramos a Roberto Benigni, haciendo gala de ese carácter italiano alegre, a Jesse Eisemberg, correcto y soso, a Alec Baldwin, quien nunca debería haber formado parte de este proyecto, por insulso, a Ellen Page, efectiva como siempre, o a Judy Davis, en un papel pequeño pero brillante, entre otros. 

Es una comedia graciosa que consigue entretener en todo momento, hacer reír también. Incluso en los momentos en los que peca de frívola se puede disfrutar. Porque los italianos a veces pecan de esa banalidad y esa superficialidad, forma parte de su gracia, incluso de su encanto. Quizá ahí radique el buen ojo del director para llevar hasta el esperpento a unos personajes que podrían ser más reales de lo que parece. Y es brillante en el choque de idiomas y de culturas. Sería pecado capital verla doblada

A Roma con amor fascinará a los amantes de Woody, pero este Woody, aunque demuestra tener todavía filón, no es el Woody de Annie Hall o de Manhattan. Quizá porque estos pequeños relatos que nos cuenta nunca se entroncan en una única historia sólida, sino que son pequeños entremeses que gustan pero que, o bien te dejan con ganas de más, o bien te cierran el estómago.  

Roma no le ha sentado tan bien al neoyorquino como otras ciudades europeas, quizá esté algo gastado, algo manido, como lo está la propia Europa en la actualidad.