A la hora de enfrentarse a esta película, uno se espera lo peor. Porque la historia de una mujer que aquejada de un mal de Alzheimer precoz se presenta terrible. Y, sin embargo, los directores de esta película han logrado no regodearse en el drama, en la lágrima fácil. De hecho, el momento más dramático de Siempre Alice es el discurso que la protagonista pronuncia en una conferencia.
O, por decirlo de otra manera, Siempre Alice es un drama contenido, que va hiriendo poco a poco en los pequeños detalles: el blanco que llega inesperadamente a la memoria de la protagonista, olvidándose de un nombre, de un gesto, de una palabra. Una enfermedad que se va acentuando, irremediablemente.
Estamos ante una de esas películas que, gracias a una impecable interpretación, se cuelan en la temporada de premios y consiguen estar presente en todas las entregas importantes con una única opción a premio que, además este año, se está viendo materializada. Y es que Julianne Moore, protagonista del mes en CAJÓN DE HISTORIAS hace una de las mejores interpretaciones de su carrera. No la mejor, eso seguro (su papel en Las horas es mucho más conmovedor sin ese toque melodramático que tiene aquí), pero sí encarna a la perfección el papel de una profesora a la que una enfermedad le roba sus recuerdos y su bien más preciado: la lengua. Está perfecta en ese declive progresivo, en la agilidad mental que va deteriorándose, en la dificultad para pronunciar de la parte final, para transmitir ese profundo dolor cuando recuerda y es consciente de que su vida se le va. Esta vez, salvo sorpresa mayúscula, Julianne Moore ganará el Oscar por un papel que ya le ha reportado el Globo de Oro, el SAG y el Bafta. El resto del reparto, con Alec Baldwin o Kristen Stewart, es puro decorado. Están correctos, sí, pero tienen poco margen de actuación.
Con todo, a Siempre Alice le falta dinamismo y visceralidad, como si se quedara a un paso de ser real. Rodada con mucha discreción y con un guión más bien flojo, la película merece la pena gracias a que Julianne Moore borda su papel.
Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria

