Aunque no me gusta demasiado el western, que esta película llevara la firma de Tarantino era una razón de peso para verla.
Esta es la historia de Django (Jamie Foxx) un esclavo que es puesto en libertad por el alemán por el Dr. Schultz (Christoph Waltz) y juntos emprenden la búsqueda de unos asesinos de y de la mujer del propio Django.
Una especie de road movie a caballo con aires de spaguetti western, Django desencadenado tiene buenas dosis de humor absurdo made in Tarantino (la conversación sobre los capuchones del Ku-Kux Klan no tiene desperdicio) con menos sangre que de costumbre (aunque tampoco falta, no se asusten).
Lo mejor de la película es la perfecta conexión que se ha creado entre el director y Christoph Waltz, una brillantez extrema que resulta incluso agotadora de lúcida. Gracias a Tarantino, Waltz ganó el Oscar en 2010 por Malditos bastardos. Ahora, bien merecería volver a ganarlo por dar vida de nuevo a un personaje inteligente, complejo, mordaz hasta la muerte. Él es lo mejor de Django desencadenado, con diferencia.
El resto del reparto está más que correcto, desde Jamie Foxx hasta Leonardo Dicaprio, dos grandes actores que ya no tienen nada que demostrar, dos intérpretes con muchísimas tablas tablas que han pasado la "prueba Tarantino" con buena nota, sobre todo el segundo. Lo completan la casi siempre maravillosa Kerry Washington y el versátil Samuel L. Jackson, entre otros.
La película no es perfecta. Tiene un problema que amenaza con echarla a perder: el metraje es excesivo. Le sobran, como mínimo, 30 minutos. Tarantino podría haber hecho una obra maestra si se hubiera ceñido a lo realmente relevante, haciendo la película más dinámica. Ha hecho, eso sí, la película que quería hacer, y eso se nota.
Con todo, la experiencia general del visionado es, como casi siempre que te enfrentas al universo Tarantino, una mezcla de sangre y humor, un canto a lo hiperbólico, una demostración de conversaciones sencillas que entrañan una gran complejidad y que muy pocos consiguen hacer con tanta veracidad.
Tarantino es como el vino, mejora con los años. Cada vez es más elegante y refinado sin perder su esencia. Gran director en todos los niveles, mejor guionista.




