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lunes, 9 de septiembre de 2019

Críticas de cine | Hollywood en estado puro

Érase una vez en... Holllywood, de Quentin Tarantino (4****)
La nueva película del galardonado cineasta, es Tarantino Style en estado puro: casi tres horas de diálogos absurdos, secuencias eternas, argumento que parece no avanzar pero que lo hace, vaya sí lo hace, hacia un lugar claro y exacto para llevar al espectador hacia un clímax final que hace de Érase una vez en Hollywood una película brillante, icónica y deliciosamente irreverente. Con un Leonardo Dicaprio en estado de gracia y un Brad Pitt en forma, dos titanes de la interpretación que Tarantino exprime para regalarnos algunos de los momentos más memorables del cine reciente. Acaparará unas cuantas nominaciones en los próximos Premios Oscar (¿se llevará Brad Pitt la estatuilla?). Tarantino mayúsculo en un derroche de amor al cine.

- Crítica de Malditos Bastardos
- Crítica de Django Desencadenado

Toy Story 4, de Josh Cooley (3***)
No es que no me haya gustado, sino que las expectativas estaban muy altas y no las ha cumplido en su totalidad. La tercera parte fue brillante y hubiera sido un broche de oro. Ahora tengo la sensación de que están alargando la historia para hacer caja. Obviamente de una manera elegante que satisface a los seguidores (que no es poco) y con toques brillantes, pero sin llegar a ser la obra maestra que fueron la primera y la tercera de la saga. Le faltó magia, humor y emoción. 

- Crítica de Toy Story 
- Crítica de Toy Story 3

Spider Man: Lejos de casa, de Jon Watts (3***)
Segunda entrega del hombre araña que tiene como protagonista a Tom Holland. Entretenida, con efectos especiales muy espectaculares, buenas interpretaciones (Holland es muy efectivo, y Jake Gyllenhaal todo lo hace bien), pero con menos momentos cómicos que la anterior, algunos clichés sobre la adolescencia y los súperheroes que no terminan de funcionar. Previsible, pero perfecta para un domingo de entretenimiento.

Aladdin, de Guy Ritchie (4****)
Entre el montón de los clásicos animados de Disney que están cobrando vida en carne y hueso, Aladdin es -hasta el momento- el que más he disfrutado. Se mantiene fiel a la versión original, pero logra reinventarse en ciertas escenas. Mena Massoud lo borda en su papel protagonista, y Will Smith es un genio que logra revestir de humor la película, con un toque Bollywood y un lenguaje millennial.  



Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria

lunes, 22 de octubre de 2012

LO IMPOSIBLE, de Juan Antonio Bayona


Podríamos hablar de la cantidad de millones que ha recaudado ya en la taquilla española o de la campaña de marketing brutal de Mediaset que ha saturado las pantallas de televisión. Pero no. Porque Lo Imposible, más allá de las cifras económicas, ha conseguido que la gente vea y hable del cine español, y que lo haga con verdadera admiración. Porque a nivel técnico esta película está a la altura de las más grandes superproducciones desde la primera escena hasta la última. El sonido, los efectos especiales o la fotografía no tienen nada que envidiar a ningún otro filme de Hollywood. 

Pero esta espectacularidad técnica se entronca con un drama vibrante que acongoja más de lo normal porque el espectador sabe que ese desastre que tuvo lugar durante las navidades de 2004 en la costa asiática no es ficción. Y la realidad siempre es más dura que la ficción. Esa familia que disfrutaba del paraíso en Tailandia existió, existe, en verdad, y esa ola gigante marcó sus vidas para siempre, irremediablemente. 

A nivel emocional la película puede que caiga en clichés o que sea tramposa (la música, los primeros planos), pero es fácil dejarse arrastrar por esa ola y no poder reprimir las lágrimas cuando un padre se reencuentra con un hijo, cuando tienes ante tus ojos el escenario del dolor, de un dolor inevitable además, porque contra esa ola, contra la fuerza de la naturaleza hay poco que hacer. Quizá por eso dé más miedo. Por saber que fue real y que fue inevitable. 

No es una disaster movie convencional. Sino un cóctel de grandeza y de pequeñas cosas. De virtuosismo técnico y derroche, y también de miradas y abrazos estrechos. Es complejo que elementos tan dispares lleguen a buen término, pero Bayona, en su segundo largometraje, consigue un resultado más que digno, dando forma a sus ambiciones en una película que parecía imposible pero que es real. 

Decía la protagonista, Naomi Watts, que pocas veces ha afirmado con rotundidad en su trayectoria que estaba realmente orgullosa de su trabajo. Y aquí ha hecho gala de ese orgullo. No es para menos. En Lo imposible conjuga un buen hacer dramático con un gran trabajo físico. Está espléndida, como pocas veces lo ha estado en su carrera. Como lo estuvo en 21 gramos y en Madres e hijas, sumando ahora esa dificultad física que hay que elogiar. Pero ella no está sola, y Ewan McGregor y Tom Holland configuran un trío protagonista que son el motor la película.

Lo imposible, que es española 100% aunque no encontremos en ella referencias de nuestra identidad cultural, es una película que duele y que emociona. Que acongoja y que es un canto a la esperanza y a la vida cuando nadie apostaría por ella. Lo imposible es, en su espectacularidad técnica, una película pequeña que conecta con las emociones de un espectador apabullado, arrastrado también por esa ola, que bucea entre el lodo para salir a flote, para enjugarse las lágrimas y reconocer el disfrute de ver el séptimo arte en todo su esplendor.