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sábado, 22 de septiembre de 2012

MiniReseñas: La madurez tiene mil caras

Arrugas, de Ignacio Ferreras (***)
Cuando, a principios de 2012, esta película se alzaba con el Premio Goya al Mejor Guión Adaptado, imponiéndose a La piel que habito y La voz dormida, conseguía poner sobre ella toda la atención del público. No era para menos, ya que se trata de una película de animación, y era la primera vez que una película de este tipo era galardonada en esta categoría, y lo hacía, además, a lo grande, por encima del mismísimo Pedro Almodóvar y de Benito Zambrano. 
Lo cierto es que Arrugas es una película dramática sobre el alzheimer, sobre la vida cuando está a punto de acabarse, sobre una nueva realidad a la que un anciano ha de enfrentarse por imposición, la de sus hijos que deciden ingresarle en un geriátrico, ¿o es la imposición de los años? No lo sé, lo que está claro, y lo que es más cruel, es la historia de un anciano que debe enfrentarse a la imposición de la memoria, de una memoria que se difumina.
Consigue hacer reír en ocasiones, sobre todo gracias a ese viejito de acento argentino, y a las otras historias pequeñas. Y no consigue hacer llorar, porque las lágrimas se atascan, de tan cruel que puede llegar a ser la realidad dibujada por Paco Roca.
Una película clara y directa, humilde que, desde la sencillez, te propina toda una patada en el estómago. Y eso duele. 


El exótico hotel Marigold, de John Madden (***)
Los protagonistas en ésta, en comparación con la anterior, sí tienen potestad para decidir dónde quieren vivir. Y eligen India. El exótico hotel Marigold es una película amable, blanca, que baila entre la comedia y el drama, pero sin pasarse: no peca ni de sensiblera ni de excesivamente graciosa, se mantiene en un puesto cómodo, recurriendo a las diferencias culturales y a la vejez para provocar ese estado dulce en el espectador. Una película entretenida, entrañable, con taras, sí, porque no se avergüenza de  volver a caer en ciertos tópicos que pueden resultan manidos, como la turista pedante o el anciano que ha vivido ocultando su homosexualidad toda su vida. Con todo, si se aceptan estos clichés -es fácil hacerlo y disfrutarlos- y sobre todo gracias a un reparto encabezado por la siempre impecable Judi Dench, en el que cada uno de los actores tiene un papel fundamental para el desarrollo de la cinta -con actores menos brillantes no habría pasado del telefilme- El exótico hotel Marigold es una película que se deja ver, que se deja ver y a la que es fácil coger cariño. 



Inmaduros, de Paolo Genovese (**)
Nos la vendieron como el gran éxito de taquilla en Italia. Y allí lo fue, de eso no cabe duda, lo que me ha llevado a anotar en mi libreta mental que no he de fiarme del gusto de los italianos. Porque está claro que cuando casi tres millones de personas van al cine es porque el efecto boca-oreja ha funcionado. Para mayor escarnio, consiguió tres nominaciones a los premios David de Donatello, los más importantes del país, incluidas las categorías de Mejor Director y Mejor Guión. 
En comparación con las dos anteriores, los maduros son los más jóvenes, y también los más inmaduros. Porque, evidentemente, de eso trata, de esta generación de peterpans de treinta y muchos años que no consiguen hacer frente a las situaciones que la vida a esa edad parece reclamar y requerir. Lo malo de la película es su mediocridad, porque el tema podría haber dado mucho de sí, como ocurrió con Pequeñas mentiras sin importancia, que disecciona con acierto esta generación que se niega a crecer. Aquí, en cambio, el guión hace aguas con unos personajes banales con los que no es fácil reconocerse, caricaturizados sin demasiada gracia.