Si hace unos días hablaba con rabia de una película española para olvidar, hoy no puedo más que quitarme el sombrero –una vez más- ante la cinematografía francesa, que debe ser la referencia y el espejo en el que se tienen que mirar las productoras españolas. Intocable ha costado más de nueve millones de euros, es una película cara, de eso no cabe duda. Pero lleva recaudados ya más de 200 millones, algo que en España supondría, no un balón de oxígeno, sino un campo de fútbol gigante lleno de balones de oxígeno. Pero lo mejor, por lo que me quito el sombrero, no es por las magnificas cifras económicas, que ya es mucho, puesto que solo en Francia esta película ha tenido 19 millones de espectadores, sino por tratarse de un cine de entretenimiento que entretiene, algo que puede parecer redundante, pero que hay veces que se echa de menos en este tipo de películas. Y entretiene sin caer en una sucesión de gags ni en un humor que pueda resultar vulgar o estridente.
Intocable es la historia de Philipe, un millonario tetrapléjico, que necesita contratar a un asistente. Driss, un chico de un barrio pobre de París, acude a la entrevista obligado por la oficina de desempleo, sin ganas de conseguir ese puesto de trabajo pero, paradojas de la vida, esto propicia que Philipe le contrate. Desde ahí, la película se centra en la historia de amistad que surge entre ellos. Con una sinopsis tal, no puedo más que reconocer lo previsible que es todo desde el primer minuto. ¿Por qué entonces el éxito de Intocable? La respuesta es sencilla, por la eficacia del guión y la dirección de Olivier Nakache y Eric Toledano, y por la calidad interpretativa de los actores: François Cluzet y Omar Sy. El primero, Cluzet, es uno de los mejores actores del cine francés, ganó el César por la compleja No se lo digas a nadie e hizo reír a todos con su papel neurótico en Pequeñas mentiras sin importancia. El segundo, Omar Sy, en estado de gracia, deslumbrando con este papel que le venía como anillo al dedo, por su corpulencia, por las facciones de su rostro, por la expresividad de su cara, que se ajusta tanto a la dureza como la amabilidad. Sy que ha ganado este año el César como Mejor Actor Protagonista, imponiéndose en una terna en la que competía Jean Dujardin que, irónicamente, ha ganado el Oscar de Hollywood. Puede parecer que el mundo está loco y que de repente a los franceses les ha entrado el síndrome que padece la Academia de Cine español de no premiar lo que premian fuera, como ocurre con Almodóvar, obviado a veces aquí y adorado en el exterior. Pero es que Omar Sy merece ese premio, no sé si más o menos que Dujardin, pero su actuación merecía un reconocimiento, y qué mejor que premiarle en casa, en donde ha conseguido hacer disfrutar a 19 millones de franceses. De hecho, creo que ese César debería haber sido ex aequo, y puestos a premiar aquello que el público quería que se premiara, Sy tendría que haberlo compartido con Cluzet, por el ejercicio de química indiscutible.
Y es que Intocable engancha y gusta. Ya conoces lo que va a ocurrir, sí, pero da igual, te dejas llevar por esa amistad que nace entre los dos hombres, esa amistad que les une y les hace intocables, ajenos a la desgracia: pronto uno deja de ser un minusválido y el otro un negro de un barrio marginal para ser, simplemente, dos amigos que se necesitan. Es un proceso de reconocimiento y aceptación mutua que se convierte en una búsqueda interior que les hace más grandes. Una película donde adquiere importancia el contacto físico sin que éste conlleve un matiz sexual, porque Driss tiene que limpiar, vestir, mover a Philipe. Y resulta que lo hace con tanta eficacia y tanta naturalidad que Philipe ya no quiere deshacerse de él. Se convierte en las manos que no pueden sostener el tenedor, en los pies que no pueden caminar.
Intocable es más que una película bonita, es una sonrisa constante, una emoción febril que hace brillar los ojos de alegría, un bálsamo de humanidad. Es una película que ha nacido para el espectador, para que la gente acuda a verla y salga contento de la sala, para que la recomiende. Para ser número 1 en la taquilla. Y cuando todo eso se consigue, se puede decir que es un éxito. Un gran éxito.



