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viernes, 22 de febrero de 2013

LINCOLN, de Steven Spielberg


Puede que no comulgue al 100% con Steven Spielberg, que algunas de sus películas me parezcan muy flojas y que incluso a veces le haya tildado de ser un "director irregular". Pero lo cierto es que cuando se pone serio y profundo lo suele hacer muy bien. Y con Lincoln se ha puesto serio y ha hecho una película de calidad indiscutible, haciendo lo mejor que puede hacer un director: quedarse en un segundo plano para así brillar más que nunca. 

Lincoln no es un biopic al uso, aunque su nombre pueda parecerlo, sino que retrata el proceso histórico por el cual se llegó a abolir la esclavitud en Estados Unidos, bajo el mandato de Abraham Lincoln en 1865 y mientras la Guerra Civil estadounidense tenía lugar y hastiada a toda la nación.

La primera parte de la película es tediosa y lenta, un camino repleto de piedras que hay que ir levantando una tras otra, y ahí ya, sin embargo, se notan las tablas de Spielberg para colocar la cámara en el lugar adecuado, para moverla a la velocidad justa, además, una de las mejores cosas que ha hecho esta vez es sacar lo mejor de sus actores, aunque la "materia prima" le ha puesto las cosas fáciles, la verdad.

Daniel Day Lewis que es el protagonista absoluto y a la vez tan generoso por no acaparar todo y dejar brillar a sus compañeros de reparto. Day Lewis en un proceso de caracterización que le hace físicamente muy similar al presidente y que nos enseña el rostro más humano, el caminar balanceándose, la voz tenue que acaricia y calma, la sabiduría.

Junto a él encontramos a Sally Field, demostrando una vez más aquello de que "detrás de todo gran hombre hay una gran mujer". Ella es la pasión, la rabia desgarrada, el miedo y los reproches injustos en una película que, sin su actuación, hubiera sido demasiado racional. En un segundo plano Tommy Lee Jones, tan frío y tan humano a la vez; y Joseph Gordon-Lewitt, con menos margen de actuación esta vez pero que consigue estar a la altura de las exigencias de Spielberg. 

En definitiva, Lincoln es una película que va de menos a más, hasta un punto álgido en el que el vello se pone de punta, por la alegría y por lo que significó conseguir que se aprobara esa enmienda. Unas grandísimas interpretaciones, una grandísima dirección, buen cine, del que merece la pena ver.