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jueves, 13 de noviembre de 2014

Crítica | Perdida, de David Fincher


Esta es la historia de una desaparición. De la desaparición de una mujer, aparentemente feliz y perfecta, el día de su quinto aniversario de boda. Y entre idas y venidas, toca reconstruir un rompecabezas hecho pedazos. Como ese matrimonio. Como esa sociedad estadounidense

Basada en el libro de Gillian Flynn, Perdida es un thriller que mantiene al espectador atento desde el primer minuto hasta el último, tensando la cuerda de la risa nerviosa, que explotaron en más de una ocasión y en más de dos en la sala de cine. David Fincher es un director tramposo, que juega sucio con el espectador para descolocarle varias veces a lo largo de la cinta, para retorcer la historia una y otra vez. 

Ben Affleck se ajusta al papel de marido al que todo apunta, paralizado por la situación. ¿O es que Ben Affleck es un actor limitado? Y Rosamund Pike hace un papel maravilloso (estará, casi seguro, nominada al Oscar), al borde del abismo todo el rato y rallando el histrionismo, una frontera que traspasa en más de una ocasión y más de dos.

Ahora bien, no creo que sea una obra maestra. Aunque sí, absolutamente, una película muy lúcida, muy intensa y una demostración de cine contemporáneo impecable, de thriller que llena salas, que gusta a las multitudes y que corta respiraciones. David Fincher se ríe de los estadounidenses y de la asquerosa superficialidad que han exportado al mundo, y lo hace con tanta inteligencia que les conquista. Me encanta. 

He dudado entre ponerle tres estrellas o cuatro, pero en mi opinión tiene algunos minutos de más (soy consciente también de que era muy difícil recortar) así que por eso las 3 estrellas. Y con todo, Perdida se convierte en un retrato de la miseria humana, de la podredumbre más oscura del matrimonio, tal y como suele gustarle al director David Fincher, protagonista del mes en CAJÓN DE HISTORIAS


Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria