El pasado domingo 22 de enero asistí a la representación de La venganza de Don Mendo en el Teatro Victoria de Madrid, del grupo de teatro Dionisos bajo la dirección de Juan Carlos Rodero. Sin duda, estamos ante la obra más aplaudida del dramaturgo español que, con esta caricatura de tragedia, se ha metido al público en el bolsillo durante décadas.
El texto, dotado de un humor de principio a fin, nos cuenta la historia de Don Mendo que, después de ser deshonrado y negado por su amante Magdalena, decide vengarse de ella y darle muerte. Aunque el amor que siente por ella le pondrá las cosas difíciles. Se trata de un galán clásico que enamora a todas, incluida a reina Doña Berenguela, esposa de Alfonso VII:
Estaba por darla un lapo…
Todas por mí como un trapo,
Y con igual pretensión…
¡Ay, infeliz del varón
Que nace cual yo tan guapo!
Cuando el padre de Magdalena descubre que Don Mendo ha visitado a su hija, esta niega que sea su amante y le acusa de ladrón. Don Mendo, que jura que jamás la delatará, es encarcelado. Y, para su desgracia, se entera de que su amada Magdalena se casará con el duque de Toro (quien lleva cuernos desde antes del matrimonio):
Nada, Clodulfo, un vahído
Un malestar, un mareo,
Una locura, un repente,
Una turbación, un vértigo…
Mas ya pasó, por ventura.
Pero Don Mendo consigue escapar de su prisión y, entonces, bajo la falsa identidad de un trovador llamado Renato, es cuando decide vengarse de Magdalena, a pesar de que sigue amándola:
La quieres, la adoras, suspiras por ella,
La nombras dormido, la buscas despierto.
Magdalena, dices, al abrir los ojos.
Magdalena, dices, al rendirte al sueño.
Y hasta hace unas horas, cuando en la hostería,
Te desayunabas, pediste al hostero,
En vez de ensaimada, una magdalena
Y eso fue una daga que horadó mi pecho.
No os contaré como acaba, porque os invito a descubrirla. Pero sí os diré que se trata de una parodia de nuestro teatro clásico, lleno de rimas, a veces forzadísimas y barrocas, que no hacen más que despertar la risa en el espectador. La puesta en escena de este grupo de teatro es modesta, sencilla, y exprimen el histrionismo para lucir el texto de Muñoz Seca y lucirse ellos mismos. Porque el ingenio de Muñoz Seca es eficacísimo, despilfarrador, una crítica amable a ese honor desfasado mezclado con unas ansias de poder que le otorgan a la obra una inmortalidad y una vigencia universal permanente. Una burla constante que no resulta dañina, sino más bien tierna, que se fundamenta en las rimas imposibles y en los juegos de palabras que hacen de esta obra un plan perfecto para una tarde de domingo amena que os recomiendo ver, si no lo habéis hecho ya. Y también leer, por qué no, puesto que haciéndose con un ejemplar de La venganza de Don Mendo disfrutaréis de cada uno de sus versos, de un humor inteligente y al alcance de todos con sabor a clásico.

