Tenía ganas de ver esta película desde que se estenó en 2007. Sin embargo, es una de esas cintas que siempre dejas para otro momento, sin saber muy bien por qué, quizá porque sabes que es dura y es mejor esperar al estado anímico más adecuado. Hace unos día, por fin la vi. Es muy dura, sí.
Le scaphandre et le papillon (traducida en algunos paises latinoamericanos como El llanto de la mariposa) está inspirada en la novela homónima de Jean Dominique Bauby, prestigioso redactor jefe de la revista Elle, que sufre una hembolia masiva denominada Locked in Syndrom, que le impide hablar, moverse, comer, respirar sin asistencia. Sin embargo su cerebro es capaz de procesar toda la inforrmación, pero no emitir respuestas. Bauby tan sólo puede pestañear su ojo izquierdo, por este motivo los médicos desarrollan un sistema de lenguaje de comunicación basado en que el pestañea letra por letra lo que quiere decir. Julian Snhabel se consolidó con esta película como un creativo intimista y arriesgado, decidido a hacer un cine de calidad alejado de las "masas palomiteras". Esto le valió dos Globos de Oro (a la mejor película extranjera y al Mejor Director), cuatro nominaciones a los Oscars y fue laureada en el Festival de Cannes, en los Premios Bafta y en los César.
La visión subjetiva que nos pone en el lugar del enfermo, (lo que después de los primeros 40 minutos se convierte en una visión forzada y agotadora para el espectador) las ensoñaciones (en las que Bauby recuerda su vida antes del accidente), la música. Todo en La escafandra y la mariposa es esperanzador, duro, triste y alegre. Reconozco que el peor momento es para mí en el que Bauby mantienen una "conversación" telefónica con su anciano padre.
La película cuenta con unas grandes intrepretaciones femeninas (Anne Consigny, Emmanuelle Seigner, Marie-Josée Croze), todas las mujeres que rodean al enfermo: la logopeda, su ex-mujer, la narradora que transcribe su libro. Pero sobre todo el gran Mathiey Amalric en un papel de extrema complejidad al que encarna con maestría. Un baño de luz en una cárcel, una historia que se aleja de la eutanasia y la desesperación para acercárse a los bellos recuerdos y al sentido del humor. Esto es de admirar, porque en ningún momento hay pretensiones sentimentalistas. Pero Schnabel no consigue ejecutar un film redondo, porque el ritmo a veces decae.
Y aún así me ha gustado, por su maravillosa fotografía, por dejar tanto poso en mí, por ser una invitación a vivir la vida, a disfrutar. Schnabel consigue más que emocionar, acongojar. Y eso es difícil y hermoso.
