Este libro llegó a mis manos gracias a un artículo de Antonio Muñoz Molina en Babelia llamado Un adiós desde muy lejos. Mi amiga, la periodista Natalia Pulido, lo leyó, y quedó tan prendada de las palabras que le dedicaba a Mermall que decidió encargar el libro y regalármelo por mi cumpleaños el pasado mes de octubre. En él, Muñoz Molina dedicaba afectuosas palabras a este hispanista nacido en Europa, nacionalizado estadounidense y que acababa de fallecer, justo cuando sus memorias, estas Semillas de gracia, se publicaban en España.
Se trata de un libro autobiográfico que se preveía emocionante, Muñoz Molina había escrito, además, el prólogo, en el que resaltaba que estas memorias son como la mejor de las novelas. Y, aunque apuntaba maneras, todo sea dicho, lo cierto es que creo que la memorias de este señor carecen de interés para un público general. Al menos eso es lo que ha mí me ha parecido.
Mermall nos remonta a la época de la ocupación nazi en su ciudad natal, actualmente situada en Ucrania, cuando tuvo que esconderse junto a su padre en un bosque para evitar ser desplazado a un campo de concentración en el mejor de los casos, o morir sin piedad en el peor. Pero este niño judío, huérfano de madre por el holocausto, consiguió sobrevivir y se trasladó a Chile durante algunos años de su infancia para instalarse después, y definitivamente, en Estados Unidos.
Pero las memorias de Mermall no son una historia de aquel tiempo oscuro, sino la historia de una vida, y la suya fue una vida plena y amable. Se casó tres veces, tuvo un buen puesto de trabajo, disfrutó al fin y al cabo. Sin embargo, y aunque el estilo es limpio y fácil de leer, su historia, la historia de su vida, carece de un valor literario. Se trata de su historia, y para un lector su historia puede carecer de magia, de chispa. A sus amigos les encantará, seguro, pero para el resto de la humanidad estas memorias no consiguen emocionar, a pesar de ese principio extraordinario en el que relata su refugio en el bosque.
Mermall, además, evita en numerosas ocasiones dar el nombre completo de los personajes, y tan sólo escribe sus iniciales, CJ, Z, M... por lo que, cuando la historia avanza y vuelve a nombrar a estas personas, puedes hacerte un lío y no tener claro cuál fue la primera mujer, cuál la segunda, cuál el amigo con el que apenas se habla, etc...
El libro está estructurado en tres partes: la primera para hablar de su familia, de su padre al que admiraba y de su madrastra a la que no, porque era una mujer demasiado tacaña y peculiar. La segunda para hablar del sexo y del amor, fue muy prolífico este Mermall... y la tercera, la que más me ha gustado, para hablar de su profesión. Estudioso de Ortega y Gassett, amigo de Francisco Ayala, en la tercera parte, Semillas de gracia se aproxima más, en algunos capítulos, a un ensayo sobre la cultura y la literatura hispánica.
En definitiva, creo que es un libro que no recomiendo, a no ser que el lector conociera a Thomas Mermall, puesto que lo que va a encontrar aquí es su vida, su historia, en minúsculas. Y por una vez siento estar en desacuerdo con mi admirado Muñoz Molina: leer este libro no es como leer la más apasionante de las novelas. Una lástima.

