El británico Tarquin Hall escribe una historia sin pies ni cabeza que hace aguas por los cuatro costados. El lector jamás se ve inmerso en la investigación que lleva a cabo Vish Puri, un protagonista sin gracia que tendrá que resolver la muerte de un hombre asesinado, presuntamente, por la diosa Kali. Hall no consigue llevarnos de viaje a la India, no consigue que tengamos ganas de descubrir al verdadero asesino, incluso a veces, en su torpeza, hace que nos perdamos en el baile de personajes y de nombres que van y vienen en esta novela de manera innecesaria. Eso por no hablar de la cantidad de términos oriundos de la India que el autor ha decidido incluir en el texto y que, en vez de ser didácticos o interesantes, producen confusión, entorpecen el ritmo de lectura y son una exhibición innecesaria de pedantería por su parte.
En realidad el argumento apuntaba maneras, puesto que la premisa es intentar desmitificar a los santones y a la profusión de una religiosidad extrema y sinsentido, pero la ejecución es realmente pésima y aburrida y finalmente lo único que deseas es acabar el libro.
Por todo esto, sin duda, no me queda más remedio que ponerle la mencionada etiqueta e incluir directamente a Tarquin Hall en mi lista negra de autores. Lo siento mucho, pero creo que, en contra de lo que suele ocurrir, con él no habrá segundas oportunidades.
En realidad el argumento apuntaba maneras, puesto que la premisa es intentar desmitificar a los santones y a la profusión de una religiosidad extrema y sinsentido, pero la ejecución es realmente pésima y aburrida y finalmente lo único que deseas es acabar el libro.
Por todo esto, sin duda, no me queda más remedio que ponerle la mencionada etiqueta e incluir directamente a Tarquin Hall en mi lista negra de autores. Lo siento mucho, pero creo que, en contra de lo que suele ocurrir, con él no habrá segundas oportunidades.
