Esta película fue una de las grandes sorpresas de la pasada temporada de premios, consiguiendo cuatro nominaciones en los Oscars en categorías principales: Mejor Película, Mejor Dirección, Mejor Actriz Protagonista y Mejor Guión Adaptado.
Es la historia de un grupo de personas que no quieren dejar 'La bañera', un lugar cerca del Polo Sur que, debido al calentamiento global, está amenazado con desaparecer por la subida del nivel del mar. Los animales mueren. La gente se marcha. Pero ellos deciden quedarse.
Es la historia de Hushpuppy, una niña sin madre que, ya desde muy pequeña, aprenderá lo que es verdaderamente importante: la familia, la sensación de pertenencia a un lugar, el coraje y, sobre todo, la dignidad. Porque Bestias del sur salvaje es por encima de todo una película sobre la dignidad.
La pequeña actriz Quvenzhané Wallis derrocha esa fuerza que tienen los niños y hace de una interpretación imposible un trabajo impecable, apoyada por su padre en la ficción, Dwight Henry, en un duelo interpretativo de dos caras desconocidas del circuito mainstream a la altura de los más grandes. Está espléndida desde el prólogo, que es épico. Este nivel de obra maestra no se mantiene durante toda la obra, pero sí que es cierto que el director Benh Zeitlin, en su primer largometraje, consigue una mezcla perfecta entre el realismo más descarnado y la magia de los cuentos, algo complicado que no siempre sale bien, pero que me recuerda a la esencia de El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro. No es una película perfecta, puesto que busca una excesivo impacto que no llega a producirse del todo, pero sí absolutamente recomendable.
Estamos ante un ejercicio poético que demuestra que en lo feo existe belleza, que en lo rudo hay amor y que en lo natural hay un valor añadido. Que nos invita a reflexionar, sin caer en demasiados tópicos ni en lo evidente, sobre el Norte y sobre el Sur, sobre lo que tenemos y estamos destruyendo día tras día, sobre "civilización" que, a veces y por desgracia, es la verdadera bestia.

