Cena de amigos, de Danièle Thompson
À l'interieur (Inside), de Alexandre Bustillo y Julien Maury
El cuarto largometraje de Danièle Thompson es una película que intenta ser actual y no consigue más que ser ridícula, que intenta ser cómica y no hace gracia.
Un film en el que varios amigos (que no lo son) no hacen más que engañarse los unos a los otros, en un juego de romances patético y algunos puntos melodramáticos que no consiguen emocionar al espectador.
Ni tan siquiera el elenco de actores consiguen salvarla de la quema, a pesar de la galantería de Patrick Bruel, tan guapo como siempre, de la efectividad de Emmanuelle Seigner, que aquí está algo sosa, o de Dany Boon, un cómico con chispa que no consigue encender la llama. Absolutamente prescindible.
À l'interieur (Inside), de Alexandre Bustillo y Julien Maury
Esta película de terror, que cuenta el asedio que sufre, en su propia casa, un mujer a punto de dar a luz que había perdido a su marido en un accidente de coche, es un espectáculo grotesco, una carnicería de mal gusto y sin miramientos en los que la sangre corre a borbotones, los asesinatos son sin piedad y las escenas de mal gusto se suceden.
Desagradable y asquerosa, no repara en la mínima sensibilidad del espectador. Las películas de terror americanas quedan por los suelos, debido a la brutalidad de ésta, en la que no esperen ni un momento de descanso ni un final made in Hollywood.
Artificioso, con miles de errores de forma y de fondo, es una zancadilla en el cine francés de los últimos años que lo único que me ha provocado, y no es broma, son náuseas.
De dioses y hombres, de Xavier Beauvois
Ganadora del Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes, de tres premios César del cine francés, incluido el de Mejor Película, además de nominada al Bafta y alabada por críticos del mundo entero, la incluyo aquí porque una película que hace que me duerma a los veinte minutos, para mí, fracasa. Y digo más, si hago un segundo intento, empiezo a verla en el minuto veinte, donde me había dormido el día anterior, y en el cuarenta vuelvo a quedarme dormido... fracaso total.
Soy consciente de las buenas interpretaciones del grandísimo Lambert Wilson y del resto de los actores, no me cabe duda del mensaje certero que intenta transmitir, el de la tolerancia y la paciencia, pero chicos, está película ha podido con mi paciencia.



