Decir que Andrés Barba es uno de los autores más jóvenes y talentosos del panorama literario nacional es caer en el tópico y repetir lo que todo el mundo dice de él. Pero es que es la realidad. A sus 39 años ha publicado ya 10 novelas, 3 libros para niños, un libro de relatos y un ensayo.
Agosto, octubre es la primera novela que leo de él, un libro breve (como la mayoría de sus obras) pero cargado de una intensidad y una viveza que traspasa las hojas y llena todo el espacio de calidad. Porque una de las cosas que he pensado mientras leía era "joder, qué bien escribe este tipo".
Barba nos cuenta la historia de Tomás, un adolescente de 14 años que en las últimas vacaciones con su familia experimenta un cambio profundo en su manera de ver el mundo, sus ojos dejan de ser ojos de niño, una especie de quemazón le sacude el estómago y la garganta y necesita encontrar nuevas experiencias que consigan calmar esa ansiedad. Agosto, octubre es la fotografía certera y precisa de ese momento justo en el que uno pierde la inocencia y la blancura de familia burguesa de clase media en la que se ha criado para chocarse con un mundo que a veces es hostil y casi siempre sucio. Y encontrarse también con la muerte inevitable. El personaje de Tomás es uno de esos personajes que consiguen quedarse clavados en la retina del lector, de lo bien dibujados que están, con una profundidad psicológica que se palpa y se disfruta y se sufre a medida que avanzan las páginas, empujados por las circunstancias que llevan a Tomás a hacer lo que hace y a ver lo que ve, que desemboca en una sensación sucia que se pega a la piel de Tomás y se expande hasta la piel del lector, con el que comparte una intimidad desagradable.
Agosto, octubre es una historia brutal que impacta y perturba, el final de la niñez aplastado por un hecho atroz que conducen a una madurez que llega de forma imprevista, como ocurre siempre, como un bofetón inesperado recibido en la mejilla.
En definitiva, una lectura íntima, despojada de sentimentalismos gratuitos y que os recomiendo con fervor.
Texto: Ismael Cruceta @CajondeHistoria

