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sábado, 12 de mayo de 2012

Crítica de SOMBRAS TENEBROSAS, de Tim Burton



Regresa el binomio Tim Burton-Johnny Depp. Tan acostumbrados estamos a ellos como “uno solo” que hasta cuesta imaginar una película del primero sin presencia del segundo. Sombras tenebrosas (Dark shadows) supone una vuelta de Burton a la estética gótica y oscura tras la explosión de color de la floja Alicia en el país de lasmaravillas. Sus seguidores, aquellos burtonianos por naturaleza, estarán contentos, sí. Y aunque esta es mejor que la anterior, no consigue devolvernos al Burton carismático de antaño, ni Johnny Depp sorprende ya, ni brilla como brilló. Sombras tenebrosas no aburre, en absoluto. Pero dista de ser una gran película. Entretenidilla, así, con diminutivo y todo. 

Nos cuenta la historia del vampiro Barnabas Collins que, tras dos siglos enterrado vivo, es rescatado casualmente. El choque con el mundo del siglo XX y las rencillas con la antigua bruja que le convirtió en vampiro son el núcleo de esta historia.

Esta crítica de Sombras tenebrosas no pretende ser lapidaria, porque el universo del director es un derroche de matices, y porque visualmente sus películas siempre son un lujo. Pero está ya algo encorsetado y esa mezcla de “humor tenebroso” empieza a oler a rancio. Y cuesta que nazca la risa, alguna hay, no os voy a engañar, pero no consigue calar dentro. Digamos que no estamos ante un puzzle incompleto, no, no faltan piezas, pero el resultado es tan monocromático y simplón que el derroche de producción –porque Sombras tenebrosas es una película cara, muy cara- resulta casi vergonzante. Entre las escenas más brillantes quiero destacar dos: el “polvazo” entre Johnny Depp y Eva Green (ella interpreta a la bruja mala, en un papel en el que yo veo a Anne Hathaway) y la noche en el bosque con los hippies. El resto va avanzando a marchas forzadas.

A Depp le secundan la eternamente bella Michelle Pfeiffer; la mujer del “dire”, Helena Bonham Carter, que le pasa un poco como a Depp, que está un poquito encorsetada en papeles excéntricos, por paradójico que parezca; o Jackie Earle Haley, encorsetado, este, en papeles de loco, con esa cara que tiene el pobre le vienen como anillo al dedo…

Es posible que cumpla las expectativas de todos los espectadores, no creo que nadie pretenda ver en esta la Mejor Película de 2012, pero sí consigue ser “simplemente” un producto de entretenimiento que dura dos horas. En mi opinión, sinceramente, Tim Burton es capaz de mucho más, lo dejó claro en Eduardo Manostijeras o en SweeneyTodd, el barbero diabólico de la calle Fleet, donde sacó lo mejor de Johnny Depp. Quizá sea un director irregular, porque también ha hecho bodrios infumables. Y Sombras tenebrosas baila en la mediocridad. Le falta carácter. Y el decorado se desmonta. 

lunes, 17 de octubre de 2011

JUEGOS SECRETOS, de Todd Field



Durante este mes en el que Kate Winslet es protagonista en CAJÓN DE HISTORIAS, además de reseñar su estreno más reciente en la cartelera española, Contagio, he visionado Juegos secretos (Little Children es su título original, mucho mejor que la traducción, que invita a un morbo que el director evita en todo momento), por la que la actriz recibió una nominación al Oscar. 

Se trata de una película íntima, en la que todo va gestándose poco a poco, una película increíblemente bien rodada y bien contada. Juegos secretos nos cuenta la historia de una Sarah, madre de una niña a tiempo completo, una mujer que no se presta a los convencionalismos de las otras amas de casa de su vecindario, cuya mayor preocupación en la vida parece que es comentar lo atractivo que es el nuevo papá que se acerca con su hijo al parque.

Sarah, en cambio, es una mujer luminosa que tiene inquietudes más allá de su papel de madre en la vida y, harta de la monotonía de su matrimonio y de su marido obsesionado con masturbarse viendo fotos en Internet, descubre, por casualidad, y por un beso, un nuevo ardor en su sangre. Una Madame Bovary (a la que se hacen claras alusiones en la película) del siglo XXI, una mujer insatisfecha, exigente con sus sentimientos, que bucea en las espesas aguas de la infidelidad. 

Precisamente ese “padre buenorro” (Patrick Wilson, al que recordamos de Hard Candy. Este chico lo vale, aunque su carrera no termina de despegar...) es el hombre que despierta en Sarah sensaciones olvidadas. Es un padre de familia sin trabajo, que se prepara una oposición, y tiene unos sentimientos similares a los de ella, vive encerrado en un matrimonio que parece perfecto, con una mujer perfecta (a la que da vida Jennifer Connelly, correcta, aunque insuficiente si la comparamos con el resto del reparto) pero en el que falla el pilar fundamental: el amor. 

Paralelamente, en la cinta se cuenta la historia de un hombre (Jackie Earle Haley, también nominado al Oscar por su fascinante trabajo aquí) que, después de haber cumplido condena por pedofilia, sufre un tremendo acoso por parte de sus vecinos cuando es puesto en libertad. 

Tres personajes cargados de una amargura latente. Varias vidas cruzadas que van y vienen entre el aburrido balanceo de un columpio y la pasión carnal más desgarrada.

Lo mejor de Juegos secretos es, sin duda, sus interpretaciones, tres personajes tan sencillos y tan atípicos a la vez, tan asombrosamente humanos, que convierten sus desgracias en las nuestras, en un camino perpetuo hacia la búsqueda de la felicidad, escondida entre sombras. Kate Winslet vuelve a demostrar qué es la mejor de su generación, transmitiendo tantísimo con sus miradas y con sus silencios. 

Una película triste que habla de la vida insatisfecha, de las mentiras que la llenan y que nos esforzamos en creer a ciegas, y que también habla de la luminosidad del amor, de los latidos que renacen y erizan el cuerpo. Muy buena.