La última película del célebre Roman Polanski es un ejercicio de efectividad cinematográfica y un derroche de maestría interpretativa.
Basada en la obra teatral de Yasmina Reza, nos muestra el encuentro de dos matrimonios de clase media-alta de Nueva York para disculparse tras la pelea que han tenido sus hijos. Pero lo que parece un acto de buenas intenciones desemboca en un cuadrilátero de lucha entre los padres, algo que se preveía desde el minuto uno.
Un dios salvaje es una película dinámica, mordaz, que no decae, casi vertiginosa y que atrapa al espectador durante (solo) la hora y cuarto de duración. Y todo ello sin salir del piso donde se reúnen los matrimonios. Polanski consigue desenvolverse como pocos en los espacios cerrados y reducidos, un atrevimiento y un riesgo que solventa sin problemas.
Pero lo mejor de este filme es, sin duda, la interpretación de sus actores, cuatro grandes del cine: los oscarizados Christoph Waltz, Jodie Foster y Kate Winslet, junto con John C. Reilly comparten cartel y protagonismo en un duelo en el que todos salen airosos, aunque he de reconocer que mis favoritos son Christoph Waltz, con el cinismo más afilado, y Jodie Foster, interpretando a la madre hippie-cool que resulta que realmente es bastante mediocre. Los ataques y las réplicas continuas entre las parejas van avivando la tensión, y en esos momentos descubrimos que Kate Winslet está en plena forma (va de menos a más) y que Jodie Foster no lo está tanto (roza la sobreactuación en la última parte, pero su calidad interpretativa sigue siendo excelsa).
Una película divertida y cruel a partes iguales que desmonta los códigos morales que todos conocemos y respetamos (aparentemente). Una película que nos desviste de la educación y el saber estar, que demuestra que cuando pellizcan a nuestros hijos, duele más que cuando nos pellizcan a nosotros mismos.
No es una obra maestra, aunque tiene destellos de maestría y no cabe duda de que Polanski es un maestro, por atreverse a hacer un filme tan inteligente, tan ácido, que te hace reír mientras en tu subconsciente va calando una idea: "En el fondo somos todos unos hijos de puta".

