viernes, 13 de abril de 2012

TAN FUERTE, TAN CERCA, de Stephen Daldry


A veces es difícil ir a contracorriente. Soy consciente de ello. Pero Tan fuerte, tan cerca, que ha tenido unas críticas negativas en general, algunas tibias, es una película que me ha gustado bastante. Incluso más que bastante, porque me gusta la narrativa cinematográfica de Stephen Daldry, protagonista del mes en CAJÓN DE HISTORIAS. Os digo también, pese a todo, que es la que menos me ha gustado de las cuatro de este director. Pero es que las otras me parecen, prácticamente, obras maestras. 

Tan fuerte tan cerca (Extremely Loud Incredibly Close) es la búsqueda de una cerradura que una llave puede abrir. La llave que tiene Oskar, que le dejó su padre antes de morir en los atentados del 11-S. Oskar es un niño hipocondríaco, inteligentísimo, metódico, pacífista, inventor y, por qué no decirlo, algo pedante (muy pedante, de hecho). Traumatizado por la trágica muerte de su padre. Porque en esta película la tragedia tiene un peso indiscutible, el dolor se expande por la pantalla y lo recubre todo de una amarga hiel. 

Si hay algo que Daldry sabe hacer bien es dirigir a actores. Por eso esta película, que han tachado de sensiblera, manipuladora y cursi, que podría no ser más que un telefilme de sobremesa de Antena 3, se convierte en una película de cine con entidad propia y una calidad indiscutible gracias a la interpretación de Thomas Horn, el niño protagonista. Después del desagrado que me produjeron los niños de La invención de Hugo, llegaba con mucha desconfianza ante este actor infantil. Pero no, no hay sobreactuación, y la complejidad del papel era muy elevada. Con todo, eso no significa que Horn vaya a ser un buen actor en el futuro, todavía es demasiado joven. Pero aquí, sin duda, lo hace bien. 

También tengo que destacar a Max Von Sydow, que consiguió una nominación al Oscar como Mejor Actor de Reparto por esta interpretación en la que no dice ni una sola palabra, pero en la que expresa toda la ternura y todos sus miedos con la mirada. Maravillosa Viola Davis, que en unos pocos planos consigue tanta emoción, por su fuerza y por el agua de sus ojos. A Tom Hanks le he encontrado algo mejor que en Larry Crowne (aunque eso era fácil), pero sigo creyendo que está en bajísima forma interpretativa, y que poco o nada queda de lo grande que fue durante la década de los noventa del siglo XX. 

Pero lo que más rabia me da, lo reconozco ya, lo que me produce un enorme fastidio y hace que se me revuelvan las tripas -excepto mi apéndice, que ya no tengo- es confesar aquí, en mi CAJÓN DE HISTORIAS, que Sandra Bullock me ha gustado. Sí, me ha gustado. Yo, que tanto he criticado a esta actriz mediocre, de la que dije que "nunca ha sido buena actriz ni nunca lo será", a pesar de esa Oscar inmerecido que consiguió no sé ni quiero imaginarme cómo. Porque en su papel hay un dolor contenido, porque perder un marido al que amas y de una manera tan cruel hace que tu vida se parta en dos, pero ni siquiera puedes dar rienda suelta a ese dolor porque tu hijo, aunque lo niegue, te necesita. Y le amas. Bullock hace un papel de madre mucho más creíble que en The blind side, por la que ganó el Oscar, quizá porque ahora ella es madre y le ha sido más fácil transmitir ese sentimiento.

La solidez de sus planos y el color descarnado hacen que, junto a las interpretaciones, la película merezca, en mi opinión, las cuatro estrellas que le doy. Son cuatro estrellas pequeñitas, que no brillan como brillarán las cuatro de Billy Elliot o las cuatro enormes y luminosas que en su momento le di a The Reader. Pero las merece por volver a hablar del dolor y de la perdida sin tapujos, de una manera depurada, que reverdece la pena y también la ternura. Y eso es difícil y hermoso. Stephen Daldry, a mí, no me ha decepcionado nunca hasta ahora.  

jueves, 12 de abril de 2012

LAS RAZONES DE MI AUSENCIA

Puede que alguno de vosotros haya notado mi ausencia. O quizá no. Pero lo cierto es que desde que comenzó la andadura de este blog, hace ya tres años y medio, nunca he estado tanto tiempo sin publicar una nueva entrada, ni tan siquiera en vacaciones, porque siempre he dejado cosas programadas. 

Sin embargo, durante la primera parte de la semana pasada tuve que hacer unas gestiones y no pude escribir nada. A última hora me surgió un viaje por las vacaciones de Semana Santa: dos días en Zaragoza y dos días en Valladolid. La primera ciudad no la conocía y me gustó bastante, aunque eso sí, es muy cara: dos cervezas y dos croquetas: ocho euros. La segunda ciudad la conocía de antes, como por ejemplo, de la Seminci, así que esta vez me dediqué sobre todo a ver exposiciones: una de reproducciones de escultura, una de Chagall ilustrando los cuentos de De la Fontaine y Ausencia de sujeto, una revisión de Michael Somoroff sobre la obra del fotógrado August Sander, a la que hice mención en el twitter de @CajondeHistoria

Mi intención era regresar el domingo a casa y preparar una entrada para el lunes (que, si todo va bien, publicaré mañana), pero el sábado fui a cenar a un restaurante griego y me comí una sabrosa y pesada musaka. A eso de las cinco de la mañana me desperté con un dolor abdominal muy fuerte, y me acordé de la musaka y de Grecia entera. Tan fuerte era el dolor que al mediodía tuve que ir al médico y ¡oh sorpresa! "tiene pinta de apendicitis", me dijeron, y me desviaron al hospital. Yo seguía creyendo que de apéndices nada, que el diagnóstico real sería "acumulación de musaka no digerida". Me hicieron unos análisis de los que no me dieron los resultados hasta varias horas después, lo que sirvió para constatar un refrán español: "Unos crían la fama y otros cardan la lana". Siempre se habla de la lentitud de los andaluces o canarios, pero la vida me ha puesto en el camino a los vallisoletanos (a unos cuantos ya), que son muy buena gente y les quiero pero: 

1. No hablan el mejor castellano de España. 
2. La velocidad en ellos brilla por su ausencia. 

Así que después de tres o cuatro horas me dan los resultados y me dicen que no ven nada claro y que tienen que hacerme una ecografía. Durante la misma, en repetidas ocasiones tuve unas ganas tremendas de preguntar: "Doctor, ¿es niño o niña?", pero la vergüenza me lo impidió. El caso es que finalmente sí: inflamación distal del apéndice que había que operar con urgencia. Hablé con el cirujano y le expliqué que no era de la ciudad, que si podía volver a Móstoles, y me dijo que sí, que había riesgo pero no excesivo, así que salí en coche escopetado -como Froilán- hacia el hospital de aquí (no conducía yo). 

El viaje fue bastante amable: no hubo atascos y el dolor no era tan fuerte como por la mañana. Una vez aquí, como ya tenía el informe del hospital, fui directo al quirófano. Lo más complejo que recuerdo de la operación fue quitarme el piercing del tragus. Después me pusieron anestesia general. Todo ha ido bien, he estado unos días ingresado, pero ya estoy en casa, recuperándome. Y cogiendo fuerzas para poder coger ritmo de publicación en mi CAJÓN DE HISTORIAS. 

Por último, quiero hacer un par de reflexiones sobre la Semana Santa: este año ha sido la segunda vez que he salido en esta época. No lo volveré a hacer más. El año pasado hizo mal tiempo. Este año ha hecho mal tiempo (pero exagerado además: granizada sin control de camino a ver la Alfajería de Zaragoza y cero grados a las cinco de la tarde pasando por Soria...) lo que me ha llevado a blasfemar, también sin control. Así que se acabaron las Semanas Santas. Como leí en alguna parte: "dijo Jesucristo: como me crucifiquéis os juro que llueve todas las Semanas Santas. Ala, jurao".

La segunda, y no menos importante, es que los recortes gubernamentales han llegado a mi cuerpo: adiós apéndice. No pasa nada, no lo necesitaba. Y el cirujano me ha dicho que me va a quedar una cicatriz preciosa. Eso sí, me la ha hecho él, así que dudo dijera lo contrario.

Un beso muy fuerte para todos.  

miércoles, 4 de abril de 2012

Mis canciones del mes de Abril

10. El Pescao: Buscando el sol (N)
Ahora que acaba de empezar la primavera, que mejor que empezar el ranking de canciones de abril con este tema, Buscando el sol. Una canción alegre, un videoclip colorista, a cámara rápida y bastante loco. ¿Nos vamos de fiesta?


9. Madonna feat. M.I.A. y Nicki Minaj: Give all your luvin' (N)
Madonna ya no es lo que era. Es cierto que ha sabido "reinventarse" y adaptarse a las nuevas tendencias musicales. Es cierto que está en plena forma física y que no aparenta la edad que tiene (viva el bótox!) a pesar de esconder siempre sus manos. Pero esta canción, aunque decente, no es ni la sombra de la mejor Madonna de los ochenta, ni se acerca siquiera a la de los noventa.



8. Rihanna: We found love (-3)
Rihanna se despide este mes de mi lista de canciones de abril con este tema que fue número 1 en enero y que lleva 5 meses aquí presente. We found love ha superado los 155 millones de visitas en YouTube. El tema, pegadizo hasta decir basta. Os juro que hasta a mi perro, Pharrell, le encanta.



7. Bruno Mars: Marry you (N)
Vosotros elegisteis a Bruno Mars como el Mejor Artista Revelación de 2011. Hoy os traigo por primera vez una canción suya a mi lista de canciones del mes. Marry you es un tema pop, con influencia R&B, que me recuerda a mascar chicle de fresa. Es muy light, pero es pegadiza y positiva.. y Mars es un buen vocalista. Disfrutadla.



6. Vanesa Martín y La Mari: Tic Tac (-5)
El número 1 del mes pasado desciende cinco posiciones y se queda en el 6. Os invito a escuchar este tema, pero esta vez a dúo con La Mari de Chambao. Tic Tac es un tema que encaja con la voz de La Mari, ella le da un estilo chill out que hace la canción más interesante y musicalmente más rica en matices, y las voces de ambas empastan a la perfección.



5. Pastora Soler: Quédate conmigo (N) 
El próximo mes se celebra el Festival de Eurovisión, que no sigo desde hace años. Pero es que, en esta ocasión, la representante española es Pastora Soler, una gran voz. Por eso estaré algo más pendiente de lo que ocurra. Quédate conmigo es una balada que creo que funciona mejor en directo, por la potencia vocal de la cantante. Atentos al minuto 2:10, puede ser nuestra gran baza.



4. Coeur de pirate: Les amours dévouées (+2)
Béatrice Martin, o lo que es lo mismo, Coeur de Pirate, sube este mes dos posiciones con este tema perteneciente su último álbum, Blonde. Una canción sobre la separación física, sobre los amores abnegados. Puede que haya veces que llegamos tarde, que el amor se nutre de esos desencuentros, que brilla más en la distancia. 



3. Manuel Carrasco: Espera un momento (N)
El cantante repite en la tercera posición, pero este mes con una canción que os presento aquí por primera vez. Espera un momento es una canción íntima, de esas de guitarra y voz que tanto me gustan. Una canción que se siente, que duele. No tengo miedo al fracaso, a quererte sin medidas, no me da miedo el mañana ni tampoco lo que digan... 



2. Zaz: Eblouie par la nuit (N)
A finales de 2010 os hablé por primera vez de esta cantante francesa y su Je veux, el primer single de su disco debut, un tema con aires jazz. Ahora, os traigo una canción mucho más melancólica, pero igualmente preciosa, por su voz llena de personalidad. Basta con escucharla una sola vez para que se quede grabada, es mucho lo que esta chica transmite incluso sin entender la letra. Eblouie par la nuit à coups de lumières mortelles, vas-tu l'aimer la vie ou la regarder juste passer? 



1. Bebe: Mi Guapo (+1)
Lo que me gusta de esta canción es el buen rollo, la calidad musical, los instrumentos que le dan una personalidad más rica, los cambios de ritmo, y la letra. La letra que habla de acantilados, de rutas que elegimos nosotros mismos, de aceite de oliva, ¡qué rico manjar! Voy a amasar tus espalda con mis manos, darte la gloria como los romanos, voy a quererte en lo abrupto y en lo llano... La mejor canción de Un poquito de rocanrol, su nuevo álbum.

martes, 3 de abril de 2012

EL HERMITAGE SE DESPIDE DEL PRADO



Tras prorrogar dos semanas su estancia en el Museo del Prado de Madrid, el próximo domingo finalizará definitivamente la exposición de "El Hermitage", y lo hace con un enorme éxito de asistencia. Puede que la gran acogida de esta exposición radique en la riqueza artística de las pinturas que la conforman, que va desde la pintura flamenca del siglo XVII hasta obras del siglo XX firmadas por Picasso o Kandinsky. 

La bebedora de Absenta, de Picasso.
Con El Hermitage en el Prado culmina la celebración del Año Dual España-Rusia 2011, que se inició con una exposición del museo madrileño en San Petersburgo, y que nos ha acercado ahora la ciudad rusa a España, dejándonos ávidos de conocerla más, de respirarla. Esta exposición es un recorrido no sólo por la Historia del Arte en Europa, sino también por el Imperio Ruso de los Zares, desde Pedro I Grande, fundador de San Petersburgo, o Catalina la Grande, impulsora del museo al instalarse en el Palacio de Invierno y adquirir numerosas obras de arte para su decoración, hasta Nicolas II, el último zar, asesinado tras triunfar la Revolución de 1917. 

El Hermitage es un conjunto de edificios a orillas del río Neva que albergan el mencionado Palacio de Invierno, donde encontramos el Museo Nacional: una de las más completas pinacotecas del mundo. En este pequeño Hermitage que ha venido a Madrid, y que se despide ya de la capital española, podemos encontrar, entre otros, cuadros como el San Sebastián de Tiziano, que aúna la serenidad del renacimiento en la postura y la emoción y el sentimiento que habría de influir en generaciones de artistas posteriores en el trazo; El tañedor de laúd, de Caravaggio, así como a nuestros Diego Velázquez y El Greco

Conversación, de Henri Matisse
Dividida en dos plantas, es en la superior en la que nos acercamos al siglo XX y podemos contemplar la Composición VI de Kandinsky, un vivo ejemplo de la espiritualidad del arte, del caos y la violencia.

La misma sala alberga tres obras de Pablo Picasso, dos de ellas de su etapa azul -una es la mítica La bebedora de absenta- y otra de su época cubista. Vemos también en la sala El estanque de Montgeron, de Monet y Conversación, de Henri Matisse, uno de los más bellos ejemplos del fauvismo en el que predomina la intensidad del azul tan irreal, y en el vemos una conversación estática y muda entre un hombre y una mujer opuestos, él dominante y rectilíneo, ella sumisa y llena de recovecos y curvas. Una negación, un duelo sin palabras, pese al nombre del lienzo. 

Pero esta exposición no es sólo pintura, sino que también incluye tesoros de orfebrería, joyería y escultura, como el modelo de terracota realizado por Bernini para su Éxtasis de Santa Teresa. Una pequeña joya.

En definitiva, una exposición que merece la pena ver, un legado artístico de inconmensurable valor. Un aperitivo que invita a viajar, cuanto antes, a Rusia. Sin duda, uno de los acontecimientos culturales del año.


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domingo, 1 de abril de 2012

Protagonista del mes... Stephen Daldry


Puede que a muchos no os suene ni su nombre ni su cara. Pero seguro que todos reconoceréis sus películas, la mayoría las habréis visto e incluso alguno las nombraría si tuviera que hacer una lista de favoritas: Billy Elliot, Las horas, The reader (El lector) y Tan fuerte, tan cerca. Tan sólo cuatro películas y estamos ante uno de los más grandes directores del panorama cinematográfico actual. Uno de los mejores directores de la pasada década. Ha estado nominado al Oscar como Mejor Director por las tres primeras. Y las tres últimas han competido en la categoría principal, la de Mejor Película. Además, Las horas consiguió el Globo de Oro a la Mejor Película de Drama y Nicole Kidman y Kate Winslet tienen el preciado Oscar en su haber gracias a Daldry.

Pero más allá de los premios, Stephen Daldry se ha consolidado como un director personalísimo, sin miedo a profundizar en el dolor y en la soledad. Y hacerlo con elegancia. Daldry que derrocha sensibilidad en sus películas, que ha desencorsetado  el drama de lágrimas fáciles y hace gala de contención y de inteligencia. Daldry valiente, que puso a un niño a bailar ballet para que el mundo entero se dejara de una vez de clichés estúpidos, Daldry que se acercó a Virginia Woolf y su Mrs. Dalloway, Daldry que nos hizo enamorarnos de una mujer que dejó morir quemadas a 300 judías. Y ahora ha vuelto a las pantallas con un niño con la vida partida demasiado pronto. 

De sus películas os hablaré a lo largo de este mes de abril. Hoy, aquí y ahora, mi gratitud hacia este cineasta al que admiro profundamente. Y a vosotros, ¿os gustan sus películas?

viernes, 30 de marzo de 2012

EL PERFECTO DESCONOCIDO, de Tony Bestard


En la Seminci de Valladolid del pasado mes de octubre pude ver esta película, que "llegó" (más abajo entenderán por qué lo pongo entrecomillado) a las salas comerciales hace hoy una semana. En el festival, la prensa local decidió machacarla, a pesar de la ovación que recibió en el Teatro Calderón. Y aunque se trata de una película pequeña, con cierto aire de telefilme, por qué no decirlo, debo reconocer que consiguió captar mi atención en todo momento y que me parece un producto más que digno para un realizador novel. 

Cuenta la historia de un hombre que se instala en un pequeñísimo pueblo de Mallorca para cerrar una herida de su pasado, o mejor dicho, para completar la parte que le falta a ese pasado que ahora es presente. En el pueblo vemos su relación con la gente de allí, con un muchacho oprimido por su familia, por una chica rebelde y olvidada, por una mujer que desea ser madre, por un policía que no parece tal. Se trata de una sucesión de pequeñas historias bastante bien contadas y enlazadas, con algunos puntos cómicos y entrañables. A mí, ya digo, consiguió hacerme pasar un buen rato. 

Y si decía antes que Toni Bestard firmaba un producto digno, he de añadir que los actores consiguen brillar bastante. No es una película compleja, ni las interpretaciones son dignas de premio, pero todos hacen un buen trabajo, desde Colm Meaney y su expresividad, a Natalia Rodríguez, que es un poco la Lisbeth Salander de ese pueblo mallorquín. En el reparto encontramos a una gran Vicky Peña, como siempre, a una Ana Wagener versátil que haga lo que haga lo hace bien, a Carlos Santos que divierte, o al joven Guiem Juaneda, que tiene en su mano la posibilidad de crecer como actor. 

Sé que El perfecto desconocido pasará desapercibida, que no ganará premios ni un gran éxito en taquilla, porque el cine es demasiado caro para ver una película de perfectos desconocidos. Y más cuando la productora no la ha publicitado por ningún sitio, y lo digo yo que vivo en la capital. Tan sólo la proyectan en los Cines Renoir. Increíble pero cierto. Así que dudo bastante que haya llegado a muchos cines en otras provincias. Una lástima porque es una película que respira un sentimiento positivo, que consigue emocionar ligeramente sin abusar del melodrama. No es una obra maestra, ni de lejos, pero sí merecía más atención. Lo mejor de esta película es que es un buen comienzo para Toni Bestard, que a pesar de las carencias y las taras, apunta maneras para hacer películas bien contadas.


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miércoles, 28 de marzo de 2012

GERVASIO SÁNCHEZ: ANTOLOGÍA en la Tabacalera de Madrid


Llevo varios días pensado como enfocar esta entrada. No es fácil. Precisamente porque estamos ante una exposición que tampoco lo es. No es fácil enfrentarse a las imágenes que se exponen en la Tabacalera de Madrid, las del fotoperiodista Gervasio Sánchez, Premio Nacional de Fotografía 2009. Las imágenes de una vida y de muchas pequeñas historias que conforman la Historia, nuestra Historia reciente, que nos es ajena y que está demasiado cerca, ahora más que nunca, gracias a personas como él. Y nos inmunizamos ante el dolor, ante la sangre y ante la guerra. O no. Porque tuve que retirar la mirada varias veces de fotografías cargadas de angustia, porque me duele más el miedo que la sangre, porque cala más hondo una mirada de soledad que la muerte congelada en una imagen. Y en eso es maestro Gervasio Sánchez, en captar sensaciones. Tan insoportables algunas que esta exposición puede doler. 

Creo que no hay un lugar mejor en todo Madrid para exponer esta antología, unas fotografías que reclamaban este espacio con las paredes desconchadas, viejas. Como esas guerras, tan cercanas en el tiempo, veinte años e incluso menos, y tan muertas ya. Aunque las heridas persistan. Porque persisten siempre, y es bueno que así sea, que la memoria guarde esa barbarie como un pellizco para evitar que cosas así vuelvan a ocurrir. Pero es difícil, por no decir imposible, porque somos capaces de recordar el pellizco, incluso de ver la cicatriz que puede dejar, pero no de volver a sentir el dolor. Ni tan siquiera con imágenes tan duras como las que Gervasio Sánchez se ha atrevido a hacer a lo largo de su trayectoria. 

Esta exposición es un paseo por los conflictos armados de América Latina y los Balcanes, por el hambre eterna de África. Desde 1984 hasta 2010. Cada uno de los bloques temáticos comienza con un panel escrito en primera persona por el propio Sánchez, explicando por qué estaba allí, enlazando su historia personal con la del lugar fotografiado. Él debe ser un gran conocedor de la historia, un hombre con tantas historias que contar... 

En su fotografía hay una evolución. O quizá, una adaptación al lugar y a la época. Porque desde el color de una América Latina desnuda y desconocida y alejada de los clichés fervientes, pasamos al desmoronamiento de la antigua Yugoslavia, con la crudeza más absoluta que se pueda imaginar. La sangre tiñendo de rojo sus fotografías; y el blanco y negro, por fin, haciendo aparición para mostrarnos, con un grano excesivamente grueso, que la tristeza adquirió allí miles de rostros. Y, después, África, buscando la supervivencia de manera constante. África negra, en la piel y en el alma.


Demasiado dolor ha tenido que ver este hombre. Un legado, el de sus fotografías, valiosísimo y necesario, aunque cuesta creer, a pesar de todo, que hayamos podido causar tanta desgracia. Y deberíamos preguntarnos a qué se debe. Una exposición que no hay que dejar pasar, una buena muestra de la impúdica sinrazón que padece el ser humano. Así que gracias, Gervasio Sánchez, por estas imágenes, porque son Historia. Y porque son Memoria. 

lunes, 26 de marzo de 2012

Crítica del álbum CUESTIÓN DE PIEL, de Vanesa Martín



Algo pasará, de eso no cabe duda… Con esta frase empieza Cuestión de piel, el tercer álbum de la cantautora malagueña Vanesa Martín, protagonista del mes en CAJÓN DE HISTORIAS.  Y lo que pasa es el derroche de sentimiento, de sentimientos pequeños, que son los que más se pegan a la piel. A esa piel que tanta importancia tiene aquí, a esa piel que se eriza, que siente frío, calor, que se quema…

Si pasa o no es el tema que abre este álbum, la mejor canción para iniciar un recorrido por unas –sí, en plural- historias de amor que nacen y mueren, que son y no son. Una dualidad, la de los encuentros y desencuentros, que es la que conforma el eje del disco y le da un sentido completo. Se trata de una búsqueda más allá de la superficialidad, de ese estado anímico que va y viene entre la entrega y el adiós, con una presencia innegable de la melancolía y de la desdicha, porque hay veces en la vida en que las despedidas duelen. Pero no teman, no es un disco triste. Trampas, el anterior, ahondaba mucho más en el dolor. Ahora siempre se mira hacia delante, incluso cuando se pierde el pulso, como dice en este primer corte y como se reafirma en La piel, una de las mejores canciones del álbum, por la fuerza que consigue transmitir con su voz, por el aumento progresivo de la intensidad, por su crescendo musical y emocional. Por una vez aprendí que no pintabas nada ya en mi vida…



Cuestión de piel, tal y como explicaba la propia Vanesa Martín en la entrevista publicada hace unos días, es un disco más orgánico, más pensado para los conciertos, y eso se nota en temas como Después de soltarnos, uno de los más potentes, de esos que son como un impacto, por su fuerza. Igual que Arráncame, que ya he podido escuchar en directo, y con el que se pone de manifiesto una vez más la importancia aquí de la piel, esa piel presente en cuatro de las canciones del álbum, piel en la distancia, piel latiendo, piel desgarrada... cuestión de  piel.

Tres son las colaboraciones incluidas en el disco: con Malú, Pablo Alborán y La Mari de Chambao. Con la primera canta No te pude retener, un tema sobre aquello que estuvimos a punto de conseguir y se escapó entre las manos. Es un lujo escuchar a estas dos cantantes juntas, aunque me quedo la versión en solitario. El tema con Pablo Alborán es de los que menos me gustan. En cambio, Tic Tac, a dúo con La Mari, es una auténtica joya, le da un aire más chill out, y sus voces empastan a la perfección.

Vanesa Martín se mantiene fiel a su identidad, donde la guitarra y el acento andaluz forman un tándem, pero lo más importante es que la evolución y la madurez musical son evidentes, y sigue explorando nuevos sonidos y nuevos matices que enriquecen su arte. Un disco para escuchar, para disfrutar y, sobre todo, para sentir.


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jueves, 22 de marzo de 2012

Crítica de INTOCABLE, de Olivier Nakache y Eric Toledano


Si hace unos días hablaba con rabia de una película española para olvidar, hoy no puedo más que quitarme el sombrero –una vez más- ante la cinematografía francesa, que debe ser la referencia y el espejo en el que se tienen que mirar las productoras españolas.  Intocable ha costado más de nueve millones de euros, es una película cara, de eso no cabe duda. Pero lleva recaudados ya más de 200 millones, algo que en España supondría, no un balón de oxígeno, sino un campo de fútbol gigante lleno de balones de oxígeno. Pero lo mejor, por lo que me quito el sombrero, no es por las magnificas cifras económicas, que ya es mucho, puesto que solo en Francia esta película ha tenido 19 millones de espectadores, sino por tratarse de un cine de entretenimiento que entretiene, algo que puede parecer redundante, pero que hay veces que se echa de menos en este tipo de películas. Y entretiene sin caer en una sucesión de gags ni en un humor que pueda resultar vulgar o estridente.

Intocable es la historia de Philipe, un millonario tetrapléjico, que necesita contratar a un asistente. Driss, un chico de un barrio pobre de París, acude a la entrevista obligado por la oficina de desempleo, sin ganas de conseguir ese puesto de trabajo pero, paradojas de la vida, esto propicia que Philipe le contrate. Desde ahí, la película se centra en la historia de amistad que surge entre ellos. Con una sinopsis tal, no puedo más que reconocer lo previsible que es todo desde el primer minuto. ¿Por qué entonces el éxito de Intocable? La respuesta es sencilla, por la eficacia del guión y la dirección de Olivier Nakache y Eric Toledano, y por la calidad interpretativa de los actores: François Cluzet y Omar Sy. El primero, Cluzet, es uno de los mejores actores del cine francés, ganó el César por la compleja No se lo digas a nadie e hizo reír a todos con su papel neurótico en Pequeñas mentiras sin importancia. El segundo, Omar Sy,  en estado de gracia, deslumbrando con este papel que le venía como anillo al dedo, por su corpulencia, por las facciones de su rostro, por la expresividad de su cara, que se ajusta tanto a la dureza como la amabilidad. Sy que ha ganado este año el César como Mejor Actor Protagonista, imponiéndose en una terna en la que competía Jean Dujardin que, irónicamente, ha ganado el Oscar de Hollywood. Puede parecer que el mundo está loco y que de repente a los franceses les ha entrado el síndrome que padece la Academia de Cine español de no premiar lo que premian fuera, como ocurre con Almodóvar, obviado a veces aquí y adorado en el exterior. Pero es que Omar Sy merece ese premio, no sé si más o menos que Dujardin, pero su actuación merecía un reconocimiento, y qué mejor que premiarle en casa, en donde ha conseguido hacer disfrutar a 19 millones de franceses. De hecho, creo que ese César debería haber sido ex aequo, y puestos a premiar aquello que el público quería que se premiara, Sy tendría que haberlo compartido con Cluzet, por el ejercicio de química indiscutible.   

Y es que Intocable engancha y gusta. Ya conoces lo que va a ocurrir, sí, pero da igual, te dejas llevar por esa amistad que nace entre los dos hombres, esa amistad que les une y les hace intocables, ajenos a la desgracia: pronto uno deja de ser un minusválido y el otro un negro de un barrio marginal para ser, simplemente, dos amigos que se necesitan. Es un proceso de reconocimiento y aceptación mutua que se convierte en una búsqueda interior que les hace más grandes. Una película donde adquiere importancia el contacto físico sin que éste conlleve un matiz sexual, porque Driss tiene que limpiar, vestir, mover a Philipe. Y resulta que lo hace con tanta eficacia y tanta naturalidad que Philipe ya no quiere deshacerse de él. Se convierte en las manos que no pueden sostener el tenedor, en los pies que no pueden caminar.

Intocable es más que una película bonita, es una sonrisa constante, una emoción febril que hace brillar los ojos de alegría, un bálsamo de humanidad. Es una película que ha nacido para el espectador, para que la gente acuda a verla y salga contento de la sala, para que la recomiende. Para ser número 1 en la taquilla. Y cuando todo eso se consigue, se puede decir que es un éxito. Un gran éxito.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Día mundial de la poesía con Luis Alberto de Cuenca


¿Os gusta la poesía? Esa es la pregunta que os lanzo hoy, precisamente porque se celebra su día mundial, que prometo compartir, desde ahora y cada año, con vosotros, con los lectores de CAJÓN DE HISTORIAS. No lo había celebrado antes, incluso reconozco que desconocía que hubiera un Día Mundial de la Poesía -no sé por qué lo dudaba, hay "día" de todo- pero es una oportunidad para traer aquí un poema de Luis Alberto de Cuenca, cuya obra desconozco enormemente, pero los versos que siguen me han encantado, por su frescura, por dar en el clavo de la belleza y del amor de la manera más sencilla, por esa espontaneidad y esa alegría que transmiten las palabras. Además, podéis escucharlo recitado en la voz de mi compañero Pablo Fuente, al que le quiero agradecer su amabilidad al dejarme hacerle partícipe en esta entrada. Espero que lo disfrutéis. 

El desayuno
Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno».

domingo, 18 de marzo de 2012

Película para olvidar #6#: LA MONTAÑA RUSA, de Emilio Martínez Lázaro


Escribo estas palabras con rabia, con rabia que parecía contenida pero que siento que se desbocará. Y es que no me queda más remedio que ponerle un suspenso a esta comedia que ni es comedia ni es nada, más que un rollo de película cinematográfica que caerá instantáneamente en el olvido y que no merecía llegar a las salas para engordar la lista de fracasos del cine español. Ese cine que es mi cine y que tanto defiendo. Y por eso siento rabia, porque desde que, el pasado lunes, fui al pase de prensa de La montaña rusa, a muchas de las personas a las que les he dicho que no merecía la pena ver este truñaco (perdonen lo feo de la palabra, pero es que no encuentro otra que lo describa mejor) me han contestado: 

- ¿De quién es?
- De Martínez Lázaro, y sale Verónica Sánchez y Alberto San Juan y Ernesto Alterio.
- ¡Aaaah! Es española... claro...

Y por ahí no paso. Porque no es justo meter en el mismo saco del cine español a "esto" y a Todo sobre mi madre, Tesis o Mi vida sin mí, por mencionar tres obras maestras reseñadas en CAJÓN DE HISTORIAS.

No se dejen engañar. Porque Martínez Lázaro nos hizo reír a carcajada limpia y sana con sus lados de la cama, que tan bien le fueron en taquilla, porque nos hizo llorar -a algunos, no a todos- con Las trece rosas. Pero ahora, ni hace reír ni hace llorar. Pero es que es "tan para olvidar" esta cinta que ni hace bostezar siquiera.  Por lo que no merece el título que tiene, puesto que esta montaña rusa no sube ni baja, sino que se queda estática. 

Hace unos días publicaba en La fila 11 (la sección que escribo mensualmente para Ponte en Pie) una crónica de la presentación, en la que director y actores defendieron y explicaron la película. En La montaña rusa tres amigos de la infancia vuelven a encontrarse, surgiendo entre ellos un triángulo amoroso que gira en torno a la cama. Ada, insatisfecha sexualmente desde siempre, encuentra en Luis a un hombre para el que el sexo no es lo más importante, en el que confiar, con el que mantener una relación estable. Y cuando todo parecía perfecto, llega Loren para descubrirle el placer. El argumento ya deja entrever que no será "la gran historia", pero es que hace agua por todos los lados. Es previsible 100%, roza lo vulgar, y lo peor es que pone de manifiesto ese cine español de los años noventa que se ha quedado tan desfasado y que es tan rancio. De verdad que no entiendo como un productor puede confiar en un proyecto así, por mucho que se llame Martínez Lázaro el director y que cuente con la confianza de buenos actores, como son los protagonistas de esta historia. 
Una lástima. De verdad. Y la rabia no se me pasa. 

P.D.:  Deberían prohibir que Ernesto Alterio se tiña las canas. 

P.D. 2: Si hubiera unos premios Razzie españoles, obtendría unas cuantas nominaciones, seguro. 

Más Películas para Olvidar:

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viernes, 16 de marzo de 2012

LIFE VEST UNDER YOUR SEAT, de Luis García Montero


Os traigo hoy este precioso poema de Luis García Montero, este poeta tan vinculado a la ciudad de Granada, donde nació, donde creció y donde realizó su tesis doctoral sobre Rafael Alberti, donde ha impartido clases durante décadas.

Su estilo se caracteriza por es el narrativismo histórico-biográfico, con un personajes que cuentan o viven su historia a través de la memoria, del recuerdo o del deseo. Poemas que nacen casi siempre de lo cotidiano. 

García Montero que ha sido galardonado, entre otros, con el Premio Nacional de Poesía en 1995 por Habitaciones separadas o el Premio Nacional de la Crítica en 2003 por La intimidad de la serpiente. 

Casado con Almudena Grandes, es también gran amigo de Joaquín Sabina, para quien ha escrito algunos temas, como Nube negra. En realidad se trata de una poesía que el poeta dedicó a Sabina cuando estaba pasando por una depresión, y éste decidió convertirla en canción e incluirla en su álbum Alivio de luto.

Os dejo Life vest under your seat, que trata sobre el recuerdo, sobre un adiós que quizá sea amargo, sobre una voz que se mezcla con otra voz desconocida, la de un piloto. Podéis leerlo y, un poquito más abajo, escucharlo en mi voz:

Señores pasajeros buenas tardes
y Nueva York al fondo todavía,
delicadas las torres de Manhattan
con la luz sumergida en una muchacha triste,
buenas tardes señores pasajeros,
mantendremos en vuelo doce mil pies de altura,
altos como su cuerpo en el pasillo
de la Universidad, una pregunta,
podría repetirme el título del libro,
cumpliendo normas internacionales,
las cuatro ventanillas de emergencia,
pero habrá que cenar, tal vez alguna copa,
casi vivir sin vínculo y sin límites,
modos de ver la noche y estar en los cristales
del alba, regresando,
y muchas otras noches regresando
bajo edificios de temblor acuático,
a una velocidad de novecientos
kilómetros, te dije
que nunca resistí las despedidas,
al aeropuerto no,
prefiero tu recuerdo por mi casa,
apoyado en el piano del Bar Andalucía,
bajo el cielo violeta
de los amaneceres de Manhattan,
igual que dos desnudos en penumbra
con Nueva Cork al fondo, todavía
al aeropuerto no,
rogamos hagan uso
del cinturón, no fumen
hasta que despeguemos,
cuiden que estén derechos los respaldos,
me tienes que llamar, de sus asientos.

lunes, 12 de marzo de 2012

Entrevista a VANESA MARTÍN: "Cuando me emociona algo, eso, más tarde o más temprano, se transforma en canción"


La cantautora malagueña, protagonista del mes en CAJÓN DE HISTORIAS, nos habla de su nuevo álbum, Cuestión de piel, que en su primera semana a la venta ha conseguido ser número 3 en la lista de los discos más vendidos en España. Una cantante con las cosas claras, fiel a su estilo y a su identidad, que rebosa naturalidad y que cree, en este tiempo vertiginoso,  en avanzar despacio pero firme.  

Texto: Ismael Cruceta
Fotos: Laura Cruceta
Edición de video: Guillermo López

Por fin ya llega Cuestión de piel, unos tres años después de tu anterior álbum, Trampas. ¿Ha sido larga la espera?
Para nada, porque he tenido los conciertos de Trampas. En el mes de mayo empezamos a barajar las canciones y en junio nos metimos en el estudio. Además, a esto hay que sumarle que en ningún momento dejo de componer.

Preséntanos Cuestión de piel, ¿Cómo definirías este disco?
Puro instinto y pura visceralidad. Creo que de mis discos y también el más potente y la vez el más sencillo en cuanto a instrumentación. El sonido es más orgánico, más de banda. Está muy enfocado a los conciertos en directo y hay muy poquitas cosas secuenciadas. Pensaba que quedaría un disco más íntimo y resulta que alguno de los temas suena más cañero.

¿Y en cuanto a letras?
Mucha gente me caracteriza por ser muy callejera sin ser vulgar. Tengo una forma muy coloquial de decir las cosas, pero a la vez no es nada básico, sino que, en función de cómo te sientas puedes llegar a darle un significado u otro. Creo que soy clara, pero las dejo algo abiertas, y doy que pensar…

Que cada uno se quede con lo que quiera de cada canción…
Totalmente. Además, creo que todos vamos pasando prácticamente por las mismas historias y las mismas situaciones por lo que pueden sentirse identificados con las letras. ¿A quién no le ha quedado cosas por hacer en una relación? ¿Quién no ha sentido alguna vez que alguien ha pasado por su lado y ni le ha visto?

Parece que tu carrera siempre ha ido hacia delante, en ascendente, ¿cuál es la fórmula para conseguir siempre más éxito con un nuevo disco que con el anterior?
No lo sé, y la verdad me da vértigo pensarlo porque es también una responsabilidad. Quizá, mi evolución a nivel personal y musical me hace expresarme de otras maneras, atreverme con nuevos lenguajes. Mi público es muy gente muy fiel. El efecto dominó me ha funcionado muchísimo y ahora con este tercer disco me encuentro recogiendo todo lo que había sembrado antes.

Dentro del mundo de la música, además del cariño del público, te has ganado el respeto y la amistad de tus compañeros: Alejandro, Sanz, Pastora Soler, Diana Navarro… ¿Nos confirmas entonces que el mundo de la música no es competitivo?
La verdad es que es menos competitivo de lo que yo pensaba. Cada uno tenemos claro hacia dónde vamos. Que gente como Malú, Alejandro Sanz o Pastora Soler, con carreras tan sólidas, elogien tu trabajo es muy bonito. Por mi parte hay mucha admiración hacia ellos. Es gente de la que aprender profesionalmente hablando, y también me llevo de ellos la frescura. Es gente “sanota”, que disfruta.

Parece que a la industria musical –y a la sociedad española en general- le está costando adaptarse a las descargas legales, itunes, etc. ¿Cuál es tu opinión sobre este tema?
Internet, bien usado, es una maravilla. Pero cuando alguien empieza a enriquecerse del trabajo, no me parece bien. Hay iniciativas que me encantan, como Spotify. Pero estoy totalmente en contra de las descargas ilegales, y más como autora.

Y en este sentido, ¿hacia dónde vamos? ¿Cuál crees que es el futuro?
Creo que el futuro está en la red. Para mí sería una pena que se perdiera el formato CD, pero yo soy una romántica, de las que se compra un libro y lo huele, de las que se compra un disco y mira las fotos, el diseño, busca si hay alguna nota del artista. Tendrá que reinventarse quizá este mecanismo de industria discográfica, de hecho, son conscientes ya de que la red es muy importante y están metiéndose ahí de lleno.

Y hablando de ordenadores, pero más allá de la música ¿Eres una persona tecnológica? ¿Te gustan las redes sociales?
Me encantan las redes sociales, me acercan a la gente. Entre nosotras [Pastora Soler, Malú y ella], cuando hablamos de nuestras cenas y nuestras ensaladas, Twitter se desborda – risas-.

En este sentido, al estar más expuesto, puede que lleguen también más críticas negativas. ¿Cómo se reacciona ante eso?
La verdad es que tenido suerte porque negativo me ha llegado muy poquito. Lo respeto, entiendo que no le guste a todo el mundo, ni todo el mundo me entienda. Yo soy una persona muy irónica y  me gusta hacer mucho hacer bromas. En eso mi abuela y yo somos clavásrisas. Pero lo positivo pesa muchísimo más. Quizá porque voy con respeto, para que me devuelvan también ese respeto.

Escuché decir a Manolo García hace unos años que sacar un disco era la excusa para irse de conciertos y presentarlo en directo. ¿A Vanesa Martín le pasa lo mismo?
A mí no, no sé si me pasará algún día. Todavía es importante sacar un disco porque tengo muchas cosas que conquistar. Estoy encantada de ir a un teatro y que se llene. Para mí, cuando llegó mi primer disco y lo vi fue súper emocionante, y eso que ahora me veo y digo “¡qué horrible con ese estilismo!” – risas

En cuanto al estilo ¿te sientes mejor contigo misma?
Completamente, ahora soy yo. Me dejé aconsejar, pero después te das cuenta de que es tu sello y tu esencia el que tiene que marcar tu camino, tu estilo. 

Eres de las artistas que suena mejor y emociona más en directo que en el disco. ¿Crees que influyo a la hora de transmitir que escribas tus propias canciones?
No lo sé,  porque hay intérpretes que trasmiten muchísimo en directo. Yo creo que tiene que ver más con la capacidad de sentir. Si tú sientes lo que estás cantando, eso llega.  En mis conciertos la gente sale con las pilas a tope, terminamos arriba del todo. Son conciertos muy dinámicos, me gusta mucho saber qué le va pareciendo. También cuento algunas anécdotas, el por qué de alguna canción. No es sólo llegar, enchufar, cantar, cantar, cantar y adiós, buenas noches. Hay veces creo que expreso más cantando que hablando.

¿De dónde salen las historias que nos cantas y nos cuentas?
Del día a día. De lo cotidiano. No todo me ha pasado a mí, porque si no mi vida sería una telenovela. Pero sí que muy de cerca las he vivido. Cuando me emociona algo, eso, más tarde o más temprano, se transforma en canción.

¿Cómo está recibiendo la gente este Cuestión de piel?
Estoy muy agradecida con la acogida, de verdad. Siento que está todo el mundo muy pletórico. Incluso a amigos míos les pregunto que tiene este de distinto a Trampas, mi anterior álbum, y me dicen: “Trampas era muy bonito, pero es que este te arranca por dentro”.

Para acabar, ¿Cuáles son los deseos de Vanesa Martín para esta nueva etapa?
Trabajar mucho el disco, que me permita hacer muchos conciertos. Y poder seguir disfrutando así. Que nunca me deje contaminar por el peso de la industria. Sentir siempre la música como mi pasión, no como mi trabajo.

sábado, 10 de marzo de 2012

Crítca de 50/50 de Jonathan Levine


Me disgusta tener que publicar esta crítica hoy. No porque la película no me haya gustado, no. Al contrario, me ha encantado. Me disgusta porque, tal y como sucediera el pasado año con BlueValentine y Rabbit Hole50/50, que consiguió dos nominaciones en los últimos Globos de Oro (Mejor Película y Mejor Actor de Comedia para Joseph Gordon-Lewitt) no ha llegado a las salas de cine españolas. Y, por el momento, parece que no hay fecha de estreno prevista. Esto nos lleva una vez más al eterno debate de si es lícito el visionado de películas a través de Internet. Porque si una película consigue nominaciones en la temporada de premios, quiero verla antes de la ceremonia. No meses después. O incluso nunca, como pasó con las anteriormente mencionadas, que creo que ni siquiera llegaron a las salas. Porque las productoras se duermen en los laureles y en este mundo global que se mueve tan rápido no estamos dispuestos a esperar tanto. 

Por eso busqué este filme sobre Adam, un chico de 27 años al que le diagnostican un cáncer de espalda. La película nos muestra cómo esta nueva y dolorosa situación afecta a su vida y a sus relaciones. En el trabajo, con su novia, con su mejor amigo y su madre. De corte indie, con esa luminosidad especial y característica que han adquirido este tipo de películas en los últimos años (fácilmente reconocibles, incluso por la luz: Juno, Pequeña Miss Sunshine, Beginners..) 50/50 (Fifty fifty) quiere presumir de ser una “comedia dramática” y, sin embargo, me cuesta encajarla en cualquiera de los dos géneros. No es una comedia, no puede serlo cuando el tema que trata es realmente duro, cuando a un joven le desestabilizan y parten la vida. Cuando en algunas partes los ojos se llenan de lágrimas. Pero tampoco es un drama,  no es un drama por la naturalidad con la que tratan el tema, por el derroche de frescura que exhala el protagonista, una frescura que viene dada por su juventud y sus ganas de vivir. Y precisamente es esa naturalidad y esa frescura las que hacen de esta película uno de los títulos imprescindibles del año. Imprescindible porque la película funciona a la perfección durante los 100 minutos, porque combina el entretenimiento ligero con un mensaje de positividad que va calando, que hace que una sonrisa se dibuje en el rostro. Este es el cine que me gusta. El que consigue despertar emociones en mí, el que se aleja del maniqueísmo, incluso desde una visión comercial, realizada para gustar. Y que gusta, y eso, al fin y al cabo, es lo importante. 

50/50 es una película valiente, que no teme en hablar del cáncer sin tabúes, que no teme en decir “esperanza de vida”, incluso “muerte”. Y que se aleja de los tópicos soporíferos de los dramas que suelen abordar el tema (como Restless, la última y fallida producción de Gus Van Sant). El director, Jonathan Levine, sabía lo que quería, pero ha dejado a sus actores brillar: en primer lugar al protagonista, Joseph Gordon-Lewitt, que demuestra una vez más que es uno de los actores más a tener en cuenta del nuevo panorama interpretativo de Hollywood. Enamoró en (500) Días Juntos, no defraudó en Origen, y este año le veremos a las órdenes de Nolan y Spielberg. Joseph Gordon-Lewitt es el actor idóneo para este tipo de papeles en los que se precisa naturalidad y sencillez. Y demuestra que es capaz de sostener el peso cuando la película lo requiere.

Secundándolo tenemos a Seth Rogen, encargado de provocar la carcajada (a veces lo consigue, a veces no) y de convertirse en el amigo incondicional, pase lo que pase; también a Anna Kendrick, que vuelve a hacer un papel de listilla, como en Up in the air, que le va bien, pero a la que tengo ganas de ver en un registro diferente. Y a Bryce Dallas Howard, haciendo de insoportable una vez más, como en Criadas y señoras.  Es decir, todos los personajes tienen un perfil marcado y algo estereotipado, pero por alguna extraña razón consiguen funcionar, consiguen hacer que espectador disfrute.  Quizá la vi el día adecuado.

En definitiva, una película perfecta para una tarde de domingo rara, uno de esos días en los que no es necesario tener los sentidos demasiado despiertos, sino que lo que se busca es dejarse llevar, sin abandonarse tampoco a un producto hueco. Una película que merece el calificativo de “bonita”, sin pretensiones, digna de elogio. 

jueves, 8 de marzo de 2012

LA HIERBA ROJA, de Boris Vian

Me vuelvo a enfrentar a una novela de Boris Vian – tras La espuma delos días y Escupiré sobre vuestra tumba- sin saber muy bien lo que voy a encontrarme. Porque las obras de Vian son siempre una sorpresa.

Esta nos cuenta la historia del ingeniero Wolf, quien inventa una máquina para regresar al pasado y poder revivir los errores y las obsesiones que han marcado su vida. Wolf perfecciona esta máquina con la ayuda de su amigo Lazuli. Y encontramos también, entre las páginas, a sus parejas: Lil y Folavril. Estamos ante una novela que mezcla la fantasía y lo absurdo con una emoción palpitante, surrealismo al 100%. Esto hace que el lector deba leer sin prejuicios, sin buscarle más sentido a las palabras que la que su instinto le dicte. Porque hay cosas verdaderamente locas en La hierba roja, como que el Senador Dupont resulte ser, de repente, un perro.

He de reconocer que el surrealismo me ha complicado la vida. He leído la novela en francés – L’herbe rouge- y de repente había cosas que no entendía y que no venían en el diccionario. Términos inventados, conceptos incongruentes en algunas frases. Así que fui a la biblioteca a buscar una edición en español, y descubrí que era inútil, que esas palabras que no entendía en un idioma, tampoco las entendía en otro. Por eso reitero eso de dejarse llevar por el instinto. Por el instinto y por la prosa de Vian, que es un guía perfecto para marcar senderos y asentarse en algunos sentimientos. Porque esa máquina que le lleva al pasado no es más que un pretexto para hablar sobre la religión, el tiempo que se desliza entre nuestros dedos o el amor. Y, con las dos ediciones en la mano –la francesa y la española-, he llegado a dos conclusiones: el traductor debió volverse loco, tan loco como la literatura de Vian; y que se ha perdido muchísima belleza y muchísimos matices en ese cambiar de lenguas: en el capítulo 14, por ejemplo, encontramos un párrafo cargado de musicalidad, de lirismo:

Cela, c’était l’année, au retour des vacances, où les souris avaient, dans le tiroir d’en bas, rongé sans hésiter les bougies miniatures qui garnissaient hier l’épicerie modèle.

Una frase, que pronunciada en voz alta y con las pausas correctas, podríamos escribir así:

Cela, c’était l’année,
au retour des vacances,
où les souris avaient,
dans le tiroir d’en bas,
rongé sans hésiter
les bougies miniatures
qui garnissaient hier
l’épicerie modèle.

En español, la rima desaparece, y con ella parte del encanto : Eso fue el año que, al volver de vacaciones, los ratones habían roído sin miramientos las velas en miniatura, guardadas en el cajón de abajo, que habían iluminado la tienda de comestibles de juguete.

Y esta frase sirve igualmente para ilustrar este libro, que con bellas imágenes surrealistas es toda una lección de razón y sabiduría. Y de imaginación desbordada, en la que dos enamorados se besan durante tanto tiempo que cae la noche y, al verles, decide no molestarles. Y todo está oscuro, excepto esos amantes iluminados que no dejan de besarse.

Pero a pesar de la fantasía que baña este libro, resulta que, leyendo algo sobre la vida de Vian, uno descubre que La hierba roja es una novela tremendamente personal, un viaje por su infancia y su juventud, de la vergüenza que le producía ver a su padre arrodillarse en la iglesia, de la sensación de dedicar demasiado tiempo a estudiar y demasiado poco a vivir.

La hierba roja es una lectura necesaria, que evoluciona de la risa al horror, de la amabilidad a la congoja, para desmontar a un lector perplejo ante lo que va descubriendo. Y cargada de una lucidez que se puede resumir en la siguiente frase: Tengo mi uapití. Encuentren el suyo.